martes, 22 de julio de 2008

De príncipes

Por la mañana abro los ojos y en vez de ir a desayunar leo un buen rato recostado en la almohada. Con el cerebro descansado cada frase y cada palabra se deslizan velozmente hasta su interior revelando su significado sin el más mínimo esfuerzo. Qué distinto es leer por la noche: algunas veces, de puro cansancio, debo recapitular y regresar al principio del párrafo para comprender. Pero sucede que ya no sé dormirme sin un libro, aunque sólo alcance a leer una o dos páginas antes de cerrar los ojos.

En la calle hacen ruido los vehículos y las tareas laborales de quienes no están de vacaciones. El aire a estas horas es fresco y se cuela a través de la puerta abierta de la terraza. Oh, yo podría vivir así toda la vida: relajado, sin prisas, sin horarios, leyendo una hora por la mañana antes de desayunar. Incluso me planteo durante unos segundos la posibilidad de jugar a alguna de las múltiples loterías que funcionan en mi país: ¡me conformaría con un premio que me permitiese vivir sin tener que trabajar por obligación! Qué original, ¿verdad? Con qué certeza sabemos que dentro de cada uno de nosotros descansa, apoyado indolentemente en una almohada con un libro en el regazo, paseando junto al mar o asomado al paisaje con una copa en la mano, un espontáneo, auténtico y genuino príncipe.

4 comentarios:

Portorosa dijo...

Bueno, Jesús, yo no diría tanto. No creo que habite ese príncipe dentro de cada uno de nosotros, porque hay (y no son pocos, me parece) quien no sabe estar ocioso.

Un abrazo.

Ana dijo...

Totalmente de acuerdo... a ver si la suerte nos acompaña. Decía Groucho Marx algo así como que el dinero no da la felicidad, pero todo lo que sí la da es muy caro... el tiempo es oro, ya sabes.

Buenas vacaciones.

Jesús Miramón dijo...

Es verdad, Portorosa, hay quien no sabe estar ocioso. Conozco a más de una persona jubilada que no tiene aficiones ni intereses ni curiosidad por nada, y cuando dejan de trabajar se mueren, casi literalmente, de puro sentirse inútiles y de aburrimiento. Por eso es tan importante crear y mantener un mundo propio, y al mismo tiempo no perder nunca la curiosidad de los exploradores (geográficos, mentales): éstas son las cosas que no nos abandonarán nunca. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Bueno, Ana, para que me toque la lotería tendría que volver a jugar, algo que abandoné hace algunos años (me refiero a las loterías semanales tipo primitiva y esas cosas, porque en Navidad sí que compro algún boleto). Y mira, igual recupero esa costumbre, no sé. Se trata de olvidar las posibilidades matemáticas y zambullirse en la imaginación.

Buen verano para ti y los tuyos. Un beso.