domingo, 31 de agosto de 2008

Exposición

Ayer por la mañana mi familia fue a visitar la Expo. Yo, por prescripción de ellos, que son quienes mejor me conocen, me quedé felizmente en casa. A las diez y cuarto de la noche fui a buscarles a la salida. Ni siquiera la brisa nocturna lograba mitigar la sensación de calor. ¿Qué tal ha ido?, les pregunté. Bien, dijeron, aunque tú no lo hubieras soportado. ¿En serio no lo hubiera soportado? No, papá, hacía demasiado calor, había demasiada gente, había que hacer colas enormes para ver los mejores sitios: vaya, todo lo que más odias en el mundo. Ah, pues entonces he hecho bien en no acompañaros, ¿no os parece? Oh, sí, desde luego que sí, tú te hubieras vuelto loco. ¿Me hubiera vuelto loco? Sí, papá, loco como una cabra.

4 comentarios:

Carlos dijo...

Hombre, tanto como loco... Pero estoy de acuerdo con tu familia. Hiciste bien. Desgraciadamente a mí no me advirtieron o, mejor dicho, hice caso omiso de algunas advertencias. Una y no más, que dicen por aquí.

Miranda dijo...

Igual no, igual vas y hasta te gusta y todo...pero la idea de la multitud y demás abruma.

Tuve planes de pasarme por zgza con el folcobus lleno, en plan de soltarlos a que fueran a ver eso...y yo quedarme en casa de Victor con una cervecita. No ha podido ser, no he parado y me temo que mis pequeñas vacances se han perdido en el plan, pero me consuela no tener la obligación y mucho más no tener que poner excusas.
Qué duro se me va haciendo lo de vivir en sociedad...que duro...

Tus avatares de supervivencia del otro post me han llegado hasta la médula. Por causas distintas estoy en similar situación, da miedi...

Beso.
M.

Jesús Miramón dijo...

Hola, anónimo Carlos, el caso es que conozco a más de una y de cinco personas que son tan raras y maniáticas como yo (como nosotros), e incluso a algunas que tras una primera visita han llegado a desperdiciar entradas para más días que habían adquirido con antelación. De hecho mi familia entró con las que les vendió, más baratas que en taquilla, un matrimonio forastero cuyos hijos no habían querido repetir la experiencia (en este caso todavía pudieron sacarles algún beneficio).

En fin, hay precios que mis fobias no me permiten superar: el calor y las aglomeraciones son dos de ellas.

Jesús Miramón dijo...

Ay, Miranda, a ver si resulta que tú y yo vamos a acabar siendo dos de esas personas gruñonas y misántropas que sólo se sienten a gusto solos o en escasa compañía... (que va a ser que sí).

Un beso.