sábado, 22 de agosto de 2009

Cabecera de pista

Habíamos ido a cenar a casa de mi hermano cuando le avisaron por radio. Él se puso rápidamente el uniforme de faena y me preguntó si quería acompañarle. Yo, por supuesto, le dije que sí. Condujo la furgoneta blanca a través de carreteras de curvas peraltadas. A nuestro alrededor los campos de cereal resplandecían tenuemente en la noche sin luna. A veces pasábamos junto a aparcamientos donde descansaban estilizados cazas de combate F18 y preciosos hidroaviones contraincendios Canadair de color amarillo. Al alcanzar las inmediaciones del aeropuerto mi hermano puso en funcionamiento la luz giratoria del techo de la furgoneta y comunicó con la torre de control. Nos detuvimos junto a la cabecera de pista y me pidió que mirase a la izquierda. Un punto luminoso creció en la oscuridad hasta convertirse, a quince o veinte metros de nosotros, en un coloso de dos pisos de altura volando lentamente hacia el suelo con los trenes de aterrizaje extendidos y los motores rugiendo a toda potencia. Había algo absolutamente irreal en la imagen de aquella mole de acero suspendida en el aire durante unas milésimas de segundo, casi al alcance de la mano. «Acabas de ver tomar tierra a un Jumbo, un Boeing 747, el avión comercial más grande del mundo hasta que apareció el Airbus A380», me dijo mi hermano, «¿te ha gustado?». «Me ha gustado muchísimo», contesté, y era verdad, estaba impresionado, feliz como un niño pequeño. Mientras recorríamos la pista donde acababa de aterrizar el Jumbo me sentí profundamente agradecido por el regalo. Hacía mucho tiempo que no estaba a solas con mi hermano. Por primera vez en semanas las temperaturas habían descendido y la brisa nocturna era suave y agradable. Pensé en el futuro y no tuve miedo.

15 comentarios:

Carlos dijo...

«Me ha gustado muchísimo».
Y es verdad,

Os quiero mucho


C.

Elvira dijo...

Aparte de la experiencia en sí, que seguro fue muy bonita como cuentas, me gusta tu agradecimiento. Yo no sé bien por qué, pero ser capaces de agradecer me parece importantísimo (ya lo dice el refrán: ser agradecido es de bien nacidos). Implica una capacidad de disfrute y una generosidad, dos cosas tan básicas.

"Pensé en el futuro y no tuve miedo." Inmejorable final.

Un beso

tusitala dijo...

Eres un narrador increíblemente bueno, la verdad es que fue bonito que me acompañaras, durante unos minutos te asomaste al mundo privado que es mi trabajo.
Casi siempre ocurre que conocemos a las personas en su faceta personal y afectiva, pero no en una parte muy importante de la vida como es el trabajo, yo sin ir mas lejos nunca he ido al lugar de trabajo de mi mujer, o al tuyo.


La verdad (tu lo sabes mejor que nadie), es que siempre supe lo que quería ser de mayor, y por suerte lo conseguí, el mes que viene hago 30 años de servicio, y todavía me gusta lo que hago.

C. dando clases, tu atendiendo a las personas necesitadas, S. estudiando y criando a sus pequeños, todos se que lo hacéis estupendamente y no es amor de hermano, es el sentido de la responsabilidad que nos inculcaron en casa.

La pena es que te perdieras el vuelo en helicóptero que hicieron conmigo el papa y C., también te hubiera gustado mucho (¿te acuerdas C.?).

Bueno, que no me agradezcas nada, que también me gustó estar los dos solos esa noche, y que os quiero a todos mogollón.

Que bonito decir "Pensé en el futuro y no tuve miedo.", yo ahora empiezo a poder decirlo (ya sabes).
Un abrazo

Tusitala

Jesús Miramón dijo...

Tusitala, Carlos, ¡van a pensar que somos unos sentimentales! (Yo también os quiero)

:-)

Jesús Miramón dijo...

Hola, Elvira, a mí me pasa que a medida que voy haciéndome más mayor (toma eufemismo) menos me reprimo de manifestar el cariño a las personas que quiero. Es muy importante hacerlo, es importante agradecer lo que nos dan desde el corazón, es importante que sepan el bien que nos hacen. Son cosas que no pueden dejarse para mañana. Un beso.

NáN dijo...

Estupendo hermano y magnífico final.

Jesús Miramón dijo...

Hola, NáN, estupendo, es verdad.

Esta noche los truenos rodaban por el cielo como si fuese el verdadero fin del mundo. Ojalá sea cierto que el calor comienza a despedirse.

Gracias y un saludo.

estrella dijo...

Hace días que te lo quiero decir, pero el verano me ha traído amigos, largas tertulias, conversaciones y otras cosas... y eso me ha dejado sin tiempo para la conversadera virtual, cosa que en realidad me encanta porque un poco de realidad de la buena, sienta bien. Ahora ando con prisa porque la cocina está esperándome pero te lo quiero decir: entrar en este espacio, además de leer precioso, me regala un bienestar que no puedo por menos que agradecértelo.
Este fin de semana estaré sin obligaciones y si puedo asomaré por acá para decirte más

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Muchas gracias, Estrella. Un beso.

Portorosa dijo...

Qué bien, todo; que sientas eso, que no tengas miedo, que habléis así tú y tus hermanos... En fin, qué bien.

Un abrazo.

Gemma dijo...

A mí también me gustó el regalo.
;-P

Un saludo cordial

Jesús Miramón dijo...

Encantado de que te gustase, Gemma, gracias. Un saludo. :-)

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, Portorosa. Agosto de dos mil nueve ya se acerca a su final. A pesar de que eso suponga también el final de las vacaciones familiares, nunca me ha dado pena (septiembre y octubre, sobre todo octubre, me gustan mucho). En realidad estoy del verano (de su calor) hasta la coronilla.

:-)

La luna dijo...

...Y no tuve miedo.
No tenía miedo, cuando mi hermano, dos años mayor que yo, me cogía de la mano y me animaba a seguir. Un hermano, un gran amigo.
Ahora que somos mayores, pasa lo mismo. Me siento segura a su lado cuando me dice que no tenga miedo.

y como siempre, una preciosidad.

Un abrazo a ti y a toda tu familia.

Jesús Miramón dijo...

Gracias, La luna, un abrazo.