viernes, 28 de agosto de 2009

De murciélagos

Después de cenar salgo a la terraza, apoyo los codos en la barandilla y echo un vistazo a la calle. El murciélago de todas las noches revolotea de un lado a otro con una torpeza que, por el bien de su progenie, espero sea sólo aparente.

Desde la izquierda, dos portales más allá del mío, sale una vecina cargada con una bolsa de basura. Viste un conjunto corto de color claro cuya ligereza hace patente el contoneo de sus caderas. Mi teoría inicial de que las contonea debido al peso de la bolsa es respondida cuando, tras haberse deshecho de ella, regresa a su portal contoneándolas exactamente igual. Conozco a esa mujer. Es atractiva. Tiene un Citroën grande que aparca en una esquina del garaje comunitario. Es menuda, de melena azabache y rasgos de india amazónica.

Frente a mí hay dos ventanas con las persianas alzadas unos treinta o cuarenta centímetros. Pertenecen a una pareja joven que instaló mosquiteras. Ella fue alumna de M. El llanto de su bebé rompe el bochorno de la noche. Pronto se enciende la luz contigua al dormitorio del niño y se escucha una voz tranquilizadora, besos, el bebé se calma, llora entrecortadamente, se calla. Puedo imaginar a la madre quedándose un rato más, por si acaso, dándole la mano a la pequeña criatura o tal vez meciendo la cuna hasta caer también ella rendida de cansancio, el balanceo detenido.

A la derecha un padre y su hijo hablan en la acera, el adulto apoyado en un coche y el chico, de unos diez años, sentado en la escalera de la puerta de la casa. Al parecer existe algún tipo de desacuerdo acerca de la autorización para una excursión en bicicleta al día siguiente. Conozco a esa familia. Tiene una tienda de chucherías en la Plaza de España. Cuántas veces no entré allí con mis hijos, prácticamente cada día mientras fueron pequeños. Siempre nos atendía la madre, la esposa. No era ni especialmente agradable ni especialmente antipática, simplemente se limitaba a cobrar y devolver los cambios. En la época en la que mi hijo jugaba al fútbol la vi una tarde en los campos de entrenamiento. Paseaba sola y al principio no la reconocí, tan delgada estaba. Era todo huesos y pensé, pomposa ignorancia, que había caído en el pozo de la anorexia (en aquellos tiempos se hablaba mucho de esa enfermedad). Pocas semanas después murió de cáncer de estómago. Observé su foto en los carteles que la funeraria había pegado en las calles más concurridas del pueblo. Recordé el último día que la había visto con vida y me avergoncé de mí mismo. El padre y el niño hablan en la acera, éste sentado en la escalera de entrada a la casa y aquél vestido con unas bermudas y una camiseta, apoyado en un coche azul. De sus gestos y posturas corporales infiero, atrevida ignorancia, que se respetan y se aman, o acaso es lo que yo quiero pensar sabiendo que están solos.

El murciélago vuela calle arriba y calle abajo. Su técnica le hace parecer un pañuelo de papel arrastrado por un viento inexistente.

15 comentarios:

Elvira dijo...

Bellísima ventana indiscreta. Me gusta tu mirada, tiene alma y arte.

"El murciélago de todas las noches revolotea de un lado a otro con una torpeza que, por el bien de su progenie, espero sea sólo aparente"

Por el bien de su progenie... jajaja!!! :-)

Hipatia dijo...

Precioso retazo arrancado de la realidad. Es curiosa la ¿cualidad? de los humanos de intentar formar historias partiendo de suposiciones.
También me ha hecho gracia lo del murciélago torpe y su progenie... jejeje.
Saludos pasados por agua y una pizca de frío.

Jesús Miramón dijo...

Elvira, es que me hace mucha gracia, supongo que este murciélago vuela como todos los demás murciélagos de su especie, pero a ojos de un profano como yo parece que no supiera controlar bien sus movimientos ni supiera a dónde dirigirse exactamente. Vale, deduzco que está cazando insectos y debe cambiar de dirección a cada instante, pero la idea de que en mi calle vive un murciélago atolondrado me gusta más.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Hipatia, me alegra verte por aquí. No sabes cómo te envidio esa lluvia y esa pizca de frío. Saludos a treinta y pico grados (al otro lado de la pared, más allá del aire acondicionado).

Anónimo dijo...

Anoche mismo se nos coló uno en el comedor y a mi hija casi le da un ataque de histeria.


Otrosí digo: Con las tortugas delante y las liebres detrás, la de este domingo puede ser la mejor carrera del año. ¿Que no?

Bolo

Jesús Miramón dijo...

Hola, Bolo, cuando al volver a casa me he enterado de que Fisichella había obtenido la pole ¡no me lo podía creer! Me alegro por él, me cae bien, siempre me pareció que tenía aspecto de buena persona. Después de la victoria de Barrichello (otro buen tipo) en Valencia ¿ha llegado la hora de la venganza para los veteranos? Mañana, como bien dices, va a ser una carrera apasionante, los de detrás van a ir a por todas pero de verdad. La salida será para no perdérsela.

Aquí me quedaré... dijo...

Los cogía cuando era pequeña. No les hacía nada.
Salieron las pelis y ahora asustan a todos.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Aquí, el caso es que los murciélagos siempre me han resultado simpáticos, no sé por qué.

:-)

A filla do mar dijo...

Yo tengo un amigo que los estudia. Lo mismo un día le pido que me cuente curiosidades (que deben ser infinitas, en este caso) y te las hago saber.

:-)

Portorosa dijo...

Qué buena entrada, Jesús.

Aunque desde luego no es una excepción :)

Jesús Miramón dijo...

Ah, pues yo encantado, Filla do mar, gracias.

:-)

Jesús Miramón dijo...

Caray, Portorosa, muchas gracias.

La luna dijo...

Hola.
Vale, es una bobada. pero me estoy riendo mucho y quiero compartirlo.
Entre otras cosas, me han traido de Yucatán, un horóscopo maya.
No creo mucho en esos temas.
Dice el horóscopo que soy el murciélago.

Saludos

Jesús Miramón dijo...

Bueno, eres la luna y eres murciélaga. Es algo absolutamente coherente.

:-)

La luna dijo...

Glub...
No me había dado cuenta.
Sabía que era un poco rara, voy entendiendo las razones (risas)