sábado, 26 de septiembre de 2009

Opulencia

Los agujeros de mi vieja, suave, preferida camiseta azul de algodón. Media calabaza del huerto de un amigo asándose en el horno con aceite, sal y pimienta. La palmada de mi mujer en el culo al pasar detrás de mí. El enérgico comienzo del tercer concierto de Brandemburgo. Un whisky con hielo, ni el más caro ni el más barato. Esta inesperada y absurda sensación, clara, sencilla, de que el tiempo me pertenece.

14 comentarios:

José Luis dijo...

Creo que esos actos que mencionas, Jesús, son la "vida", pero es trabajo de cada uno el darse cuenta. Por otra parte, también hay que decir que el sábado es un buen día ¿no?

Un abrazo

José Luis

Elvira dijo...

Cuatro pinceladas y hemos entrado en el ambiente. ¡Qué bien escribes!

Por cierto, me encanta la calabaza, el sabor, el color, la textura, todo.

Un abrazo

Gemma dijo...

Desde luego, eres afortunado. ;-)

Otro abrazo

Jesús Miramón dijo...

El sábado es un día maravilloso, José Luis, el mejor (junto al lunes). Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Elvira, a mí también me gusta mucho la calabaza: con alubias, en crema, asada en el horno... pero es que además, como tú dices, es muy bonita, es algo bello e interesante en su totalidad (como las berenjenas, el brócoli o los pimientos verdes). Un beso.

Jesús Miramón dijo...

¿Afortunado? Creo que sí, creo que lo soy (actualmente, quién sabe mañana). Un beso.

NáN dijo...

Estéticamente, repito lo de Elvira: en pocas palabras descubres mucho.

En cuanto al tema, se suele decir que es más rico el que se conforma con lo que tiene.

Me gusta discutir eso, no dejarlo todo en las manos del destino: pienso que se es rico si se desean pocas cosas, pero esenciales, y uno se esfuerza por conseguirlas.

Luis Rivera dijo...

"Es que no tengo tiempo para nada" dice la gente y yo pienso en ese absurdo. Si sólo tenemos tiempo, nada más...

A filla do mar dijo...

A veces, exactamente con las mismas "pertenencias", uno pasa de la riqueza a la pobreza (y vicerversa) sin saber muy bien por qué.

Bueno, a mí, por lo menos, me pasa.

Jesús Miramón dijo...

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce acordado
del plectro sabiamente meneado.


:-)

Jesús Miramón dijo...

Fray Luis de León sabía bien en qué consiste la verdadera riqueza.

Elvira dijo...

Muy de acuerdo con Fray Luis de León:

"Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando."

¡Qué poco me gusta mandar! Creo que hay dos situaciones ideales para mí: trabajar sin jefes o tener un jefe sabio y buena persona (he tenido algunos de los que he aprendido con mucho gusto). Ahora bien, entre que me manden muy mal y mandar yo, escojo lo segundo como mal menor.

"una pobrecilla mesa de amable paz bien abastada..." No hay mesa más deseable.

Para mí la riqueza es la salud, un techo apacible y buena compañía.

Jesús Miramón dijo...

tendido yo a la sombra esté cantando... ¡Que verso más maravilloso!

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni fenore,
neque excitatur classico meles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.

---

Dichoso aquél que lejos de los negocios, como la antigua raza de los hombres, dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con los bueyes, libre de toda deuda, y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar, que evita el foro y los soberbios palacios de los ciudadanos poderosos.


Horacio, claro. No hay nada nuevo bajo el sol.

Anónimo dijo...

Por que no:)