sábado, 13 de marzo de 2010

Decimotercer día

Viaje relámpago a Zaragoza. Han abierto al tráfico un nuevo tramo de la autovía en construcción y durante varios kilómetros atravesamos campos inéditos. Para los ojos que vamos a conocer, unos ojos glaucos y pequeños incapaces todavía de centrar la mirada, el mundo entero es, desde el primer grano de arena hasta los últimos cúmulos de galaxias, un territorio virgen.

4 comentarios:

NáN dijo...

Diría que es más que eso. Todavía no ha aprendido que lo que le rodea no es él.

Jesús Miramón dijo...

Siempre he pensado que es una lástima que no podamos recordar más allá de los tres o cuatro años de edad, bueno, al menos yo no puedo.

Recordar nuestros primeros días respirando oxígeno, el amor inicial, entusiasta y puro de nuestros jóvenes padres, la luz, todas esas horas de sueño.

Aquí me quedaré... dijo...

Me ha emocionado mucho tu propio comentario.

Siempre me he preguntado sobre ello.
¿ Por qué no podremos recordarlo?

Buenas noches

Jesús Miramón dijo...

Ahora que me pongo a pensar en ello se me ocurren dos posibles respuestas, una racional y la otra un poco paranormal, por decirlo así. La racional sería que el cerebro de un recién nacido todavía no ha construido los circuitos y sinapsis necesarias para que la memoria pueda gestionar el mundo; la segunda respuesta, la paranormal, sería que no podemos recordar más allá de los tres o cuatro años de edad para olvidar el trauma físico del parto.

Buenos días.