viernes, 1 de octubre de 2010

Primer día

Al amanecer calló el grillo que desde hace semanas canta en algún lugar de la terraza. Anoche salí a grabar en el teléfono su voluntad incansable, tan ajena a la mía. Pronto llegarán los días fríos. La mañana es gris. Octubre comienza a suceder.


Canto de un grillo en mi terraza, 30 de septiembre de 2010, 8:59 de la noche.

20 comentarios:

NáN dijo...

ese grillo cuyo canto quedará en el ciberespacio y, luego, en un servidor desconectado; a la espera de excavaciones arqueológicas.

Me recuerda al destino de esas flores.

Jesús Miramón dijo...

La naturaleza brilla con especial intensidad en esta estación, ¿verdad? Es como si quisiera mostrarse en todo su esplendor antes de la llegada del invierno.

Portorosa dijo...

Me ha gustado la grabación, pero lo que me encanta es la foto; la de las moras, Jesús.

Un abrazo.

Elvira dijo...

Me gusta el canto del grillo en tu terraza. Gracias por traerlo.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

¡Moras irlandesa, Porto, de la carretera de nuestra casa! Ay, parece que estuvimos allí hace cien años.

Jesús Miramón dijo...

Pobre grillo, lleva cantando semanas. Una de dos: o no hay hembras en los alrededores o las que hay están sordas.

:-)

(Me gusta compartir estas cosas pequeñas, Elvira. Un beso.)

Diva Gando dijo...

Hay una grillo que cantaba como seguidor en los divagues de las divas, esas dos cigarras, y que de repente se ha callado. Quizá fue la semana hostil, quizá los cánticos desentonados.

¿volverá el grillo?

Jesús Miramón dijo...

Diva, ya sabes que los grillos, a pesar de su canto, son unos animales que se espantan con facilidad, pero igual que van y vienen, vuelven.

Diva Gando dijo...

buf!! qué descanso... Es verdad, en cuanto ven que te aproximas se callan pero enseguida vuelven aaaa..... criar? criticar? cricrirear? ¿como diantres se llama el sonido que hace el grillo?

Jesús Miramón dijo...

Grillar.

Miguel Baquero dijo...

A mí me gustan los cantos de los grillos porque suenan tan antiguos como el mundo, aunque quizás si cantara toda la noche hasta el amanecer con esa potencia acabaría replanteándome mis gustos

Diva Gando dijo...

Obvio, obvio, yo es que cuando me grillo atiendo más a la segunda definición. No la de las patatas, sino la de debajo.

Jesús Miramón dijo...

El canto del grillo es tan antiguo como el mundo, Miguel, como bien dices, pero nuestro cerebro, tras el tiempo suficiente, es capaz de analizar los sonidos, discriminarlos y despreciarlos si no aportan ninguna utilidad a nuestra supervivencia. Por eso es posible vivir junto a una estación de ferrocarril o en las cercanías de un aeropuerto. Cuando cierro los ojos para dormir el grillo (el mundo entero) desaparece.

José Luis Ríos dijo...

Comparto esta última opinión contigo, Jesús. También ocurre que despreciamos, por falta de tiempo la mayoría de las veces, sonidos que, aunque inútiles para la supervivencia, son agradables, sin más. Vivir escuchando, como vivir mirando, es vivir más, creo.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

«Vivir escuchando, como vivir mirando, es vivir más, creo.»

Yo también lo creo, José Luis (aunque se agradece que el cerebro discrimine lo cotidiano para permitirnos descansar, claro).

Sonidos. A mí me gusta el canto del grillo y también el del mirlo, el repiqueteo de la lluvia, las campanadas de la iglesia, las olas rompiendo en las playas, el agua de un riachuelo corriendo entre las piedras, las ramas de los árboles movidas por el viento, el de unos dedos tecleando palabras.

Odio sin embargo el zureo de las palomas y las tórtolas turcas, la música ambiente de las consultas médicas y, por supuesto, el estruendo de bocinazos y música pachanguera de las ferias de las fiestas.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Las cuatro.


Bolo

Jesús Miramón dijo...

?

Anónimo dijo...

Es como en los trucos de magia. Tú dices: escuchad el canto del grillo... Y todo el mundo escucha el canto del grillo. Nadie oye las campanadas del reloj. Las cuatro campanadas.

Bolo

Jesús Miramón dijo...

Ah, vale, ya lo entiendo. Sí, yo pensé que alguien diría algo de las campanadas, que son de la iglesia de San Pedro que se ve desde mi terraza, la que aparece en alguna de las cabeceras del blog. Son muy bonitas y evocadoras, ¿verdad? Lo extraño es que suenen cuatro porque eran las 8:59, he vuelto a comprobarlo en la grabación del iPhone. Supongo que son los cuartos y el reloj retrasaba ¡un cuarto de hora! Qué raro.

Anónimo dijo...

Así es la tecno-religión: si hay que desconfiar, desconfiemos de San Pedro, nunca del iPhone.


Bolo