miércoles, 6 de octubre de 2010

Sexto día

Carlos y yo vamos a comprar ropa al Centro Comercial. Necesita camisetas, pantalones, una prenda de abrigo y una mochila para el instituto. Normalmente suele comprarse la ropa él solo pero como esta vez vamos a pagar con tarjeta tengo que acompañarlo. Después de la emasculación lo que menos me gusta del mundo es ir a comprar ropa, lo odio tanto que mi familia opina que es una fobia: igual que hay personas que tienen fobia a las palomas, a volar en avión o a los sitios cerrados, yo tengo fobia a comprar ropa. Seguramente tienen razón. En la tienda una dependienta reconoce a Carlos, de trece años, y me comenta que siempre le ha llamado la atención que se comprara la ropa él solo o acompañado de algún amigo de su edad (de hecho viene haciéndolo desde los once o doce años). No sé muy bien qué contestarle, también yo suelo comprarme la ropa solo ¡y en diez minutos! En la zona de caballeros veo un matrimonio comprando pantalones, la mujer los elige y su marido, como un niño grande, va a probárselos mansamente y sin rechistar.

18 comentarios:

NáN dijo...

Como en los centros comerciales me dan vahídos, taquicardias, me salen sabañones y de pronto tengo halitosis, pierdo pelo, se inicia una descordinación muscular y la temperatura corporal oscila entre los extremos, y como además a mí me daría lo mismo llevar cualquier ropa, normalmente me encuentro ropa encima de la cama y, si me está grande o pequeña, al día siguiente me encuentro la talla adecuada.

Lo único que pido a la rooa es que sea de color negro. Así no tengo que elegir por la mañana.

La última vez tuve que ir. Cuando llegué, ella ya tenía elegidos 4 pantalones, me los probé, elegimos dos y en 10 minutos a la calle.

Yo soy ese hombre como un niño.

Jesús Miramón dijo...

Nán, que tú en ese tema seas como un niño ¿sabes qué significa? Que, en ese tema, Lola es como tu madre. Bueno, vale, está bien, cada uno es cada cual y cada familia un mundo. En mi casa cada uno se compra su ropa, le de igual la ropa (como me pasa a mí o a ti) o le encante ir de shopping.

Ah, el Centro Comercial de Binéfar es una tienda de ropa, no un centro comercial como se entiende en una gran ciudad, es una tienda de dos plantas bastante prestigiosa en la comarca, sólo eso. A mí en los centros comerciales tipo Pryca y similares me pasa exactamente lo mismo que a ti.

Portorosa dijo...

Hablas de la emasculación dos veces: la primera, y en la última frase...
(Y NáN no da ese perfil, doy fe)

Jesús Miramón dijo...

Eres muy sagaz, Porto, muy sagaz... Aunque, eso sí, válganme los dioses que jamás dudaría del perfil de nadie, y menos del de Nán. Un abrazo a los dos.

añil dijo...

Te entiendo perfectamente, no hay nada que me aburra más que ir de compras y nada que gestione a más velocidad que esos menesteres, sin embargo me toca comprar para mi marido y eso sí que es una prueba de amor por mi parte.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

¡Una gran prueba de amor! Que nunca, con todos mis respetos, he terminado de entender, la verdad. Para mí es algo similar a que mi mujer me diese de comer como se les da a los bebés o me limpiase después de ir al baño -estando sano, quiero decir, quién saben si en el futuro acabaremos haciéndolo ella o yo, no hablo de eso. Además, nos guste o no nos guste comprar, la ropa es algo muy muy personal, ¿no?

Besos :-)

NáN dijo...

Reconozco que en eso "me dejo querer", menos mal que la vida es muy compleja y hay más cosas.

Lo cierto es que a mí no me importa usar la ropa hasta la extenuación (de la ropa), tener ya los dos pantalones deshilachados por abajo. A Lola sí le importa, ergo es justo.

O tengo mucho morro, vamos, porque también sería justo que, por ella, lo hiciera yo solito. Tema este en el que prefiero no profundizar.

El caso que importa es que está muy bien que tu joven jijo tenga criterio de lo que quiere y no quiere, y lo haga solo salvo cuando el modo de pago se lo impide.

molinos dijo...

Yo odio ir de compras..es una tortura suprema. Cuando no queda más remedio, voy, lloro, compro lo más deprisa que puedo y huyo.

El ingeniero se compra la ropa él solo..luego me pregunta si me gusta o no..y le es completamente indiferente mi respuesta.

Elvira dijo...

Yo también odio ir a comprar ropa. Qué tanto por ciento es porque no me gustan las aglomeraciones de gente (me cansan especialmente), porque no me veo tan guapa como cuando era más joven al probarme cosas (esos kilitos de más!!!), o porque me duele todo el cuerpo al probarme ropa... pues no lo sé, pero todo junto me agobia. A veces llego a casa con ganas de llorar (sí, ya sé que es exagerado, pero es la verdad).

Yo tampoco entiendo eso de que a uno le compre la ropa la mujer, si me coloco en el lugar de uno. Pero cuando estuve casada también lo hice, porque me gustaba verle bien arreglado y él pasaba mucho de la ropa. Y eso que no me gusta la gente muy peripuesta, pero bien vestida, correcta, sí.

Un beso a todos

Jesús Miramón dijo...

Sra. Molinos, el ingeniero hace exactamente lo mismo que yo (y el resto de mi familia).

Jesús Miramón dijo...

Hola, Elvira, veo que hasta ahora todos compartimos el odio a ir de compras. Yo no he llegado a llorar pero me he puesto catatónico muchas veces.

Sobre lo de la compra de la ropa de los maridos (o ex-maridos) por parte de las esposas , hay una cierta infantilización y control (verle bien arreglado) que no acabo de aceptar. Si alguien pasa mucho de la ropa eso forma parte de su personalidad, es uno de los signos de su identidad, lo suyo sería ver hasta dónde es capaz de llevar eso y averiguar si nos gusta. También es verdad que muchos hombres, como dice Nán, se dejan hacer por pura comodidad, tema este, como también añade, en el que, por la cuenta que les trae, es mejor no profundizar.

Trabajo con tres mujeres y cuando alguna vez salen estos temas, que si mi marido está acostumbrado a que yo le haga esto o lo otro, etcétera, siempre les digo que es culpa tanto de ellos como de ellas, si no incluso más de ellas al tratar a sus esposos como si fuesen sus hijos -que, por cierto, tampoco, porque los hijos a partir de cierta edad son capaces de hacer mucho más de lo que en general les exigimos.

A filla do mar dijo...

Que digo yo (que nunca le he comprado la ropa a nadie, salvo a mí o a mi hijo), que habrá hombres a los que les guste que sus mujeres les compren la ropa y mujeres que disfruten haciéndolo, no?

Otra cosa será tener que soportar una cosa o la otra a disgusto.

A mí me encantaría que me comprasen la ropa, porque no me gusta ir de compras pero me gusta llevar ropa que me quede bien.

Elvira dijo...

"lo suyo sería ver hasta dónde es capaz de llevar eso y averiguar si nos gusta." Lo vi, y no me gustó. Digamos que el verle bien vestido suavizó durante un tiempo una relación que no funcionaba de base. Como le era cómodo y todo el mundo le decía que estaba guapo, él se dejaba influir por mí en este tema. Porque no lo consideraba importante.

Estoy de acuerdo en que no hay que tratar a la pareja como a un/una hijo/a.

Y respecto a los hijos, me ha gustado educar a la mía espabilándola, y ella ha respondido muy bien, la verdad. Con la sobreprotección no se educa.

Jesús Miramón dijo...

Filla, si las cosas se hacen a gusto pues no hay nada más que hablar. Si al hombre le gusta que nada más llegar a casa su mujer le ponga las zapatillas y ésta disfruta haciéndolo, pues no hay más que hablar, claro, igual que si a ella le encanta poner y recoger la mesa y a él también que ella lo haga. Sólo doy mi opinión después de haberlo visto alguna vez a mi alrededor. Hay relaciones de pareja donde la mujer establece un control materno-gestor con la aquiescencia del marido, toda esa faena que él se ahorra, que a mí no me gustaría nada. Miro a esos hombres y pienso que son tratados como si fuesen unos puñeteros críos, yo no podría soportarlo ni veinticuatro horas. Ahora bien: te doy la razón, Filla, si las partes están de acuerdo y eso les hace feliz pues de maravilla, por supuesto.

A mí no me gustaría que me comprasen la ropa a pesar de que odio comprarla (hablo de la compra utilitaria, no de un regalo, claro). No me gustaría porque considero que es algo que me concierne a mí, lo mismo que el aseo personal, no sé cómo explicarlo mejor. En cualquier caso es una opinión como cualquier otra (pero que, pobres o afortunados, han heredado nuestros hijos).

Jesús Miramón dijo...

Y luego, Elvira, ¡es que es tan personal eso de ir bien vestido, pero tan personal! Yo, no sé si influido por mi trabajo, valoro la higiene más que nada, con que las personas se hayan duchado y lleven ropa limpia me basta para considerarlas bien vestidas.

Elvira dijo...

Pues tienes razón, Jesús, es lo principal. Y si los colores armonizan, es un plus. :-)

fa mayor dijo...

Pues serán muy felices los matrimonios esos madre-hijo, pero a la larga no creo que eso sea una postura muy gratificante. Igual degenera, como casi todo lo que no es muy realista...
Encuentro superdifícil establecer límites entre lo que hay que "respetar" y lo que se puede cambiar cuando alguien entiende que es "mejorar". Uishhh, convivir... es para valientes, desde luego. Me quito el sombrero ante todos ustedes, los que conviven y tienen familias y esas cosas tan bonitas!
Saludos y feliz puente.

Jesús Miramón dijo...

Convivir es una aventura permanente que pone a prueba aspectos de nuestra personalidad que ni sabíamos que existían. Aunque siempre se dice que el secreto de la convivencia es la generosidad yo añadiría algo más: la generosidad necesaria para respetar el egoísmo -necesario, natural, imprescindible- del otro, respetar su independencia, sus momentos de soledad, sus mundos absolutamente propios y ajenos a la convivencia. Ese tipo de generosidad que debería ser mutua, claro. Feliz puente, Fa mayor.