sábado, 30 de octubre de 2010

Trigésimo día

En Zaragoza ya es navidad, si uno ha de fiarse de algunos escaparates donde se exponen árboles cubiertos de nieve artificial, espumillón, bolas de colores, lazos rojos y dorados. Es sábado por la tarde y el centro comercial está tan lleno de gente que se han agotado los carros de la compra. Yo me obligo a conservar la calma y, por una vez, lo consigo, lo que me permite observar sin palpitaciones la amplia variedad genética que me rodea: íberos, aztecas, bereberes, caucásicos, nilóticos, cosacos; hombres y mujeres del desierto, de la montaña, de las estepas y los bosques. Todavía recuerdo cuando el paseo de un soldado negro de la base militar norteamericana hacía que todos los niños nos volviésemos a mirar, asombrados. Salimos de Babel, regresamos al piso que fue de mis suegros y ponemos en marcha la calefacción. Pronto hará seis años que los yayos de Zaragoza murieron, ella en enero y él en diciembre de dos mil cuatro. Si pudieran contemplar ahora a sus nietos qué orgullosos se sentirían de ellos. Carlos hace los deberes que ha traído aquí para tener libre la tarde de mañana y el lunes entero en Binéfar, y Paula, que llegó ayer de Barcelona después de tres semanas de ausencia, descansa tendida en el sofá Ektorp, guapísima y un poco acatarrada. Poco a poco la vivienda va entrando en calor. Sí, más pronto de lo que parece llegará la navidad, esa tenue frontera donde se reúnen el final y el comienzo, los muertos y los vivos, los niños que fuimos y quienes somos ahora.

12 comentarios:

Elvira dijo...

Aplaudo, Jesús. Siempre lo consigues... retratar la vida, la de verdad, de una manera especial.

Disfruta del puente con la familia al completo.

Un abrazo

molinos dijo...

Me niego a adelantar los preparativos navideños..me pone de mal humor esa anticipación del tiempo. A mi me gusta el otoño, cada día, disfrutarlo porque si, porque es otoño y me mola..no es la espera para nada...

De todos modos para odiar los centros comerciales pasas una cantidad de tiempo en ellos que me alucina...a ver si todo va a ser pose. :)

Jesús Miramón dijo...

Bon dia, Elvira, ¡y buena adaptación al cambio de hora de esta noche pasada!

Jesús Miramón dijo...

Hola, Moli, en mi casa, desde que los hijos se hicieron más o menos mayores, directamente ya no se hacen preparativos navideños, en los últimos dos o tres años ni siquiera hemos sacado el árbol.

A mí también me gusta muchísimo el otoño, como queda demostrado con este diario de octubre que acaba hoy, y desde luego no es la espera de nada, cada estación (y recuerda que las estaciones son mi especialidad) es un cumplimiento, lo que pasa es que al mismo tiempo nos precipitan hacia adelante.

Sobre los centros comerciales, ¡pero si la última vez que estuve en uno fue el 6 de octubre! Aunque sí, creo que son, ay, demasiadas veces. ¿Sabes qué pasa? Que cuando los paletos de los pueblos vamos a la capital siempre acabamos en un centro comercial, no falla, semos ansí.

:-)

koldo dijo...

En casa hoy nos planteábamos encender por primera vez este otoño la calefacción.
Hemos decidido esperar y ponernos un jersey.
Aquí la navidad empezará según vacíen los escaparates de vampiros y brujas. En casa, supongo que pondremos el árbol con las niñas en el puente de la Constitución.

añil dijo...

Es verdad, esos moemntos en los que logramos ver la vida como espectadores son muy enriquecedores.

Para mí cualquier momento del año es Navidad ahora, sólo necesito que mis hijos estén en casa a la vez, cosa que raramente sucede, y disfrutar de una comida con la mesa llena de gente.

Un beso

Luna dijo...

Hola.
Entiendo todo menos lo del sofá.
¿Qué tipo de sofá es?

Gracias.

Mis hijas, aunque no viven con nosotros, se van a la Plaza Mayor y compran todo tipo de cascajos navideños y ponen la casa como una caseta de feria.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Koldo, aquí en el pueblo todavía no la hemos puesto porque vivimos todos los días y el piso está más o menos templado (y también nos gusta ir con chaqueta o jersey), pero ayer en Zaragoza tuvimos que ponerla hasta la hora de irnos a dormir porque es un piso desocupado casi todo el año y hacía falta darle un toque. Digo todo esto porque a mí en realidad no me gusta nada la calefacción (salvo temperaturas antárticas). Me alegro de verte por aquí.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Añil, comparto contigo esa idea de que cualquier reunión familiar alrededor de una mesa es navidad (sobre todo si en el exterior hace frío). Los católicos deben de verlo de otro modo, imagino.

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Lo del sofá es una broma tonta, Luna, el sofá Ektorp es un modelo muy conocido de Ikea, siempre me han hecho gracia los nombres de los muebles de esa tienda.

NáN dijo...

De niño me gustaba ir a la playa con una bolsa y llenarla de arena para el belén. Después la cargaba uno de mis hermanos.

Ahora, la aborrezco. La última fue estupenda. Mía Lola estaba en Niza, hijo se fue a cenar a casa de mi hermana y yo cené unas tostadas con buen aceite de oliva.

Jesús Miramón dijo...

Yo no la aborrezco. Hubo una época que sí pero ahora ya no. Me gusta reunirme con mi familia y cada año, por noche vieja, nos vamos todos a pasar unos días en una casa rural (este año a Cantabria). Aunque sea sólo por ese motivo ahora vuelve a gustarme la navidad, pero qué mal que comiencen a venderla tan temprano, eso me parece fatal, casi una estafa.