sábado, 31 de diciembre de 2011

365

El día ha amanecido luminoso y con esa transparencia pura que sólo es posible cuando hace mucho frío. Huelo el café caliente y mi cerebro baila como el perro de Pavlov.

Hoy termina este año en el que cada día anoté mis pensamientos y mis actos. Dar testimonio permanente de mi vida, una vida tan o más común y corriente que la de la mayoría, ha sido una experiencia muy fructífera. Visto a toro pasado creo que fue buena idea inventarme ciertas restricciones privadas: no publicar creaciones ajenas, no ceñirme a la actualidad periodística, no discutir de política, no comentar libros, no recurrir a despensas ni provisiones, ser una cigarra, no una hormiga, y cantar cada día sin perdonar ninguno, esas eran las reglas. Fui afortunado de poder cumplirlas incluso desde el hospital.

Ahora tengo que levantarme y ponerme en marcha. Vuelvo a salir de viaje con mi familia y me doy cuenta de que en este cuaderno casi siempre estoy yendo o viniendo de alguna parte, pero ¿existe acaso algo más humano que ir y venir, ir y venir de aquí para allá sin cesar?

viernes, 30 de diciembre de 2011

364

Quiero ser positivo: el invierno no ha hecho más que empezar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

363

La inminencia del final del año hace que el tiempo adquiera velocidad como si fuese atraído irremediablemente por un agujero negro. Ante este nuevo y rugiente Cabo de Hornos no estoy seguro de mis sentimientos: ¿tan distintos son el alivio y la esperanza? ¿La lista de nuestros buenos propósitos no revela en realidad la de nuestros pecados?

miércoles, 28 de diciembre de 2011

362

Si la helada nocturna convirtió las malas hierbas y los arbustos rastreros en bellísimas piezas de orfebrería, más delicadas y perfectas de lo que cualquier artesano pueda jamás ejecutar, ¿cómo aceptar que la naturaleza sea capaz de traicionarnos?

martes, 27 de diciembre de 2011

361

Cuando mi amigo y yo salimos del bar hace mucho frío. No hay niebla pero da la impresión de que podría aparecer en cualquier momento. Lo acerco a su casa en mi coche y nos despedimos con afecto. Durante más de tres horas hemos estado hablando y pensando en voz alta o, más bien, intercambiando ideas, que es lo que hacemos siempre. Él es la única persona de Binéfar con la que puedo hablar sin vergüenza de algunos asuntos que me importan, que nos importan a los dos: creación, mirada, exploración, verdad, pertinencia. Las luces de Navidad están encendidas sobre las calles principales. Aparco un momento junto a la tienda de la esquina de mi calle y compro pan y hielo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

360

Ayer mi madre olvidó su teléfono móvil en nuestra casa y esta mañana he ido a la suya, que también fue la mía durante tantos años, a devolvérselo. Hoy era jornada festiva en Aragón y las calles de Zaragoza estaban extrañamente desiertas. La fotografía la tomé en la Gran Vía a las once menos cinco, detenido ante un inútil semáforo en rojo. Es una imagen que me reconcilia con la ciudad donde viví la mitad de mi vida.

Gran Vía, Zaragoza, 10:55 de la mañana, 26 de diciembre de 2011.

domingo, 25 de diciembre de 2011

359

Hace ya un rato que algunas de las personas que más quiero se han ido, cuando no quedaba mucho que recoger porque ellos son de los que ayudan a cocinar, a fregar y secar y dejarlo todo limpio, algo que se agradece muchísimo. Por supuesto tenemos comida para varios días (caldo de cocido, lubinas con salsa Orio, ternasco con patatas) pero esto era de esperar. Ahora estoy muy cansado. En el piso de al lado todavía se escuchan ruidos de fiesta. En el exterior ha descendido la temperatura. El tiempo se ha detenido. Me siento en paz.

sábado, 24 de diciembre de 2011

358

Ahora que nadie me ve ni me oye, recién despertado de la imprescindible siesta del cocinero de esta noche; ahora, antes de que comiencen los preparativos de la fiesta, la cena, las copas y las risas, quiero expresar un recuerdo para los que no están, les gustara o no la Navidad. Aunque las estaciones nos empujen hacia adelante como un aullido interminable, ellos sobreviven en nuestra memoria: ese pesebre donde siempre brilla una luz en la oscuridad de la noche.

viernes, 23 de diciembre de 2011

357

En el sueño estoy muy nervioso por culpa de ineludibles compromisos públicos que sé que no podré cumplir satisfactoriamente. En un momento dado aparece un caballo blanco ensillado que, cada vez que me aproximo para montar, se aleja trotando sin mirar atrás, aunque yo no desisto y lo persigo todo el tiempo, observado por altos edificios abandonados que me dan mucho miedo. Ahora el caballo y la ciudad desierta han desaparecido y estoy de pie junto a la orilla rocosa del mar del Norte, sé que es el mar del Norte porque el cielo es gris y las rocas sumergidas están cubiertas de algas oscuras que el reflujo de la marea agita sinuosamente como si fuesen largas cabelleras de mujeres ahogadas. Suena el despertador y despierto con alivio a la realidad de mi casa. La niebla ha regresado y cubre el pueblo entero.

jueves, 22 de diciembre de 2011

356

Este diario es una acumulación de estratos, sedimentos, anillos de crecimiento, humus, campanadas de iglesia, parpadeos, déjà vu, olas, partitas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

355

Lo más sorprendente es que nunca la hubieras imaginado. Me refiero a tu vida de ahora: esta existencia y todos sus pequeños detalles.

martes, 20 de diciembre de 2011

354

Por la tarde se acercaron a la agencia Violeta y su padre. Ella es la niña con que terminaba el texto que escribí en este diario el trece de junio de dos mil ocho. Después de gestionar un pequeño trámite sobre su pensión de orfandad estuvimos hablando los tres durante un buen rato. Violeta irá a la Universidad el curso que viene y todavía no tiene claro qué quiere estudiar. En nuestra conversación apareció varias veces el nombre de su madre, que falleció precisamente hace algo más de tres años, cuando yo les conocí. El padre siempre me ha caído muy bien. En sus ojos ligeramente saltones continúa brillando, a pesar de la sombra del dolor, el interés por las cosas, la bonhomía, el amor y el respeto que siente hacia su hija. Mientras les hablaba de la carrera que está estudiando Paula en Barcelona pensaba, en segundo plano, cómo ha de ser quedarte solo con tu hija de catorce años y seguir adelante después de que todos los planes de futuro salten inesperadamente por los aires. En su momento, como no estaban casados ni inscritos como pareja de hecho, ni tan siquiera empadronados en el mismo domicilio, a él se le denegó la pensión de viudedad aunque, a través de un resquicio de la ley, resquicio que por cierto se preocuparon de cerrar cuatro meses más tarde, conseguimos al menos que la viudedad que su padre no podía cobrar la cobrase la niña durante el periodo legal de la orfandad. En fin, temas de trabajo que me obligaron a estar en contacto con Violeta y su padre durante aquel año dos mil ocho tan dramático para ellos. Hoy me alegré mucho de volver a verles. Les sorprendió que me acordase de ellos, pero cómo olvidarme.

Después de cerrar y despedirme de mis compañeras pasé por el supermercado Mercadona de Barbastro antes de salir a la carretera y regresar a Binéfar. Además de comida para casa compré ya algunas cosas para la cena y la comida de Navidad, que este año cocinaré yo en nuestro piso de Zaragoza. Al salir al aparcamiento subterráneo empujando el carrito de la compra una Renault Kangoo blanca me pitó y yo aceleré el paso pidiendo disculpas con un gesto de la mano. Llegué a mi coche y mientras estaba cargando el maletero aquella misma furgoneta blanca dio la vuelta a todo el garaje y se puso a mi altura. Al darme la vuelta vi que eran F. y Violeta. «Jesús, te pité porque éramos nosotros pero no te diste cuenta. Feliz Navidad y gracias por todo», dijo él. «Feliz Navidad también para vosotros», les dije, y añadí sin pensar: «Disfrutadlas todo lo que podáis». Él me sonrió y dijo: «Lo intentaremos». Nos miramos de verdad durante unos segundos, sabiendo acaso un poco más de lo que deberíamos saber, y a continuación nos despedimos hasta la próxima ocasión.

lunes, 19 de diciembre de 2011

353

Esta mañana el termómetro del coche señalaba tres grados bajo cero. La helada convertía el campo en el paisaje de un lejano y pálido planeta.

domingo, 18 de diciembre de 2011

352

Después de un concierto uno sale exaltado, cumplido, desahogado y al mismo tiempo anhelante, es algo difícil de describir. La iglesia de Binaced estaba tan llena que parte del público ha tenido que escucharnos de pie. Si en nada existe la perfección en música todavía menos, pero hoy me he sentido a gusto, afinado y contento, que es un secreto que ahora voy a desvelar: no se puede cantar bien si uno no se siente feliz de cantar, con más motivo si se trata de un concierto de Navidad. Hay obras, como Adeste Fideles o El noi de la Mare, que nunca dejan de conmoverme por muchas veces que las haya cantado. Al finalizar la actuación le hemos hecho un regalo a nuestra directora, Teresa Maza Liesa, la fundadora y artífice de que este grupo de aficionados de edades y profesiones tan diversas logre, de vez en cuando, hacer música que alcanza el corazón, y ella se ha emocionado, llorando y contagiándonos sus lágrimas. Si el otro día escribía que este año la Navidad me resulta triste y desolada, esta tarde pensaba que el concierto de cada año por estas fechas la redime ante mis ojos. El concierto y también las reuniones con mi familia rodeados de niños pequeños por todas partes. Volviendo en la vieja Picasso por la carretera las dos amigas que me acompañaban han comentado la claridad del brillo de las estrellas en el cielo nocturno. Se conoce que el viento feroz de estos días las dejó desnudas.

Para mi directora Tere Maza, con todo mi cariño y mi admiración.

sábado, 17 de diciembre de 2011

351

El baile del fuego me hipnotiza. Su luz ya no revela bisontes, caballos y leones, sólo la caja negra de una chimenea prefabricada, pero en cada chasquido de la leña mi cerebro despierta a un viaje mucho más antiguo que mi vida.

viernes, 16 de diciembre de 2011

350

Se ha levantado un viento frío que empuja intermitentes ráfagas de lluvia. Qué noche más terrible para perderse y no encontrar el camino a casa. Dos mil once se precipita suavemente hacia dos mil doce, indiferente a números y calendarios. Un tópico: pasó en un suspiro. Otro tópico: jamás volverá a existir en el mundo.

jueves, 15 de diciembre de 2011

349

Una mujer sale de la consulta médica, se sube el cuello del abrigo y durante un momento mira a derecha e izquierda como si no supiera qué dirección tomar. Una niña y su madre hacen para las tareas del colegio un pequeño camello reciclando un trozo de huevera de cartón, cuatro tacos blancos para tornillos, un palillo y un corcho de botella. En un local con el suelo de madera y un gran espejo en una de las paredes una coral ensaya sus partituras una y otra vez. Once jóvenes de Gambia, Mali y Senegal se reúnen alrededor de una cazuela de arroz cocido con tres pastillas de caldo concentrado. El soldado que sube al inmenso avión de transporte que le llevará a casa después del fin de la guerra se jura a sí mismo no olvidar nunca. La empleada de la gasolinera teclea en su móvil detrás del mostrador, ajena al hecho de que la iluminada estación de servicio en medio del campo nocturno parece un cuadro de Edward Hopper.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

348

Al salir del trabajo nos hemos ido a comer todos juntos para celebrar la inminente Navidad. Por distintas circunstancias este año no había tanta alegría como en ocasiones anteriores, lo que explica que entre cinco personas no hayamos sido capaces de bebernos una única botella de vino. De regreso a casa he vuelto a pensar que la Navidad, para los adultos, siempre está teñida de cierta tristeza, cierta desolación y fragilidad.

martes, 13 de diciembre de 2011

347

Escucho a Sinéad O'Connor y de pronto aquella época resucita con una nitidez asombrosa. Yo había disfrutado de un año de excedencia cuidando a mi hija recién nacida y de un día para otro me tocaba regresar a Gerona, dejando a la niña y su madre en Zaragoza. No negaré que las primeras semanas fueron duras. Alquilé un minúsculo apartamento a pocos metros del trabajo y allí vivía de lunes a viernes a las tres de la tarde, hora en la que recorría a toda velocidad los cuatrocientos kilómetros que me separaban de mi familia. Crucé muchas veces el desierto de los Monegros, muchas veces el horizonte reverberó como si el asfalto hirviera, muchas veces me sentí pequeño bajo los oscuros cielos de tormenta sobre las colinas de yeso y tiza.

Conduzco en la autopista A-7. Tengo treinta años. En el radiocasete del coche suena la música de Sinéad O'Connor. Me aproximo a Barcelona ignorando que se trata de la ciudad donde mi hija estudiará dentro de dieciséis años, la rodeo y la dejo atrás.


Sinéad O'Connor - The last day of our acquaintance, 1990.

lunes, 12 de diciembre de 2011

346

Llevo dos horas sentado frente a la pantalla en blanco tratando de decidir qué y cómo escribir sin que las musas me hayan echado siquiera un vistazo. Sí, soy consciente de que estoy cometiendo una de las mayores ignominias literarias: escribir que no puedo escribir y así salir del paso, algo terrible y que, por cierto, para mayor vergüenza mía, no cometo por primera vez. Pero ahora, tras este paseo por el mar de los sargazos, la banquisa antártica, el desierto de Mojave y el silencioso vacío del espacio exterior, debo bajar a la cocina a preparar la cena de mi familia. Puestos a cometer un pecado hagámoslo a fondo y sin remordimientos, escribiré el menú: ensalada de endivias y salchichas a la parrilla.

domingo, 11 de diciembre de 2011

345

En el fondo de nuestro corazón todos sospechamos que la vida no es algo exactamente real.

sábado, 10 de diciembre de 2011

344

Después del ensayo vamos al Chanti a tomar unas copas. Entrar en el bar significa dejar atrás el frío y la niebla. Nos quitamos las chaquetas y hablamos de series de televisión, de películas de risa, del humor británico. Finalmente, como tantos otros viernes, sólo quedamos nosotros en el local. Al salir a la calle descubrimos que la niebla se ha cerrado todavía más que antes. El mundo es un escenario de sombras.

viernes, 9 de diciembre de 2011

343

Una mujer boliviana de ojos achinados y rostro envejecido me dice que el subsidio de desempleo se le termina el mes que viene y no encuentra trabajo en ninguna parte. «Mire, no le miento», me dice poniendo sobre la mesa un folio con los nombres y direcciones de varias empresas de limpieza, «he estado en todos estos sitios y al principio, por teléfono, me dicen que sí, pero cuando me ven ya me dicen entonces que la plaza está ocupada. Eso me pasa porque ya soy mayor, ¿sí? Pero yo también tengo que comer, señor, dígame, ¿qué puedo hacer?». Y yo no puedo ayudarla más allá de derivarla a los Servicios Sociales de Base, que están saturados desde hace mucho tiempo.

Un hombre español de aspecto venerable me comenta que a su hija se le terminó la ayuda del paro hace cuatro meses y, leyendo un artículo de prensa el fin de semana, cayó en la cuenta de que actualmente tal vez no tuviera derecho a asistencia sanitaria. Me pregunta si a pesar de que ella tiene treinta años puede ser beneficiaria de su cartilla de afiliación como cuando era pequeña y yo le contesto que sí, siempre y cuando exista convivencia. «Desde luego que existe convivencia», me dice moviendo la cabeza con tristeza, «ha estado viviendo fuera unos años pero ahora, con la crisis, ha tenido que volver a casa. Y mi hija tiene dos carreras, no se crea, que ya es bien triste verla tan desesperada. Tantos sacrificios para que pudiera estudiar... Porque era muy buena estudiante, ¿sabe usted? Y ahora, ¿qué? No se crea que no es un desperdicio para este país. Qué pena, qué pena más grande. Pero son nuestros hijos y ahí estaremos para lo que haga falta, ¿verdad?».

¿Cuánta compasión puede sentir el alma de una persona normal? ¿Durante cuánto tiempo? Algunos días pienso que me gustaría trabajar lejos del público, en algún despacho a puerta cerrada donde únicamente viera papeles sin rostro. Aunque inmediatamente tengo que admitir que lo que más me gusta de mi profesión es el contacto con otras personas. A mí, el que camina solo. A mí, el que buscaba vida inteligente en el universo. Yo, que cada día admiro más la fuerza y la generosidad de las personas comunes, todas esas personas anónimas que no lo son para mí.

jueves, 8 de diciembre de 2011

342

Diciembre es el tramo del río en el que comienza a oírse el eco cada vez más próximo de la catarata.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

341

Leí que resucitaban el proyecto SETI para explorar un nuevo planeta a seiscientos años luz de la Tierra. Hay asuntos para los que conservo con mimo y dedicación la inocencia que me queda, y éste, el de la búsqueda de vida inteligente en el universo, es uno de ellos. Allá por mil novecientos noventa y nueve instalé en mi Mac la aplicación SETI@home, un salvapantallas que ponía a disposición del radiotelescopio de Arecibo su potencia de cálculo para analizar el ruido de fondo de radio proveniente del espacio en búsqueda de señales emitidas por posibles civilizaciones extraterrestres. Aquello se llamaba computación distribuida, que no significaba otra cosa que aprovechar la existencia de internet y las horas muertas de los ordenadores para utilizar su capacidad de procesamiento de datos y, sumándolas todas, generar uno de los ordenadores virtuales más potentes del mundo. De algún modo era como si yo y los otros cinco millones de personas que llegamos a colaborar en el proyecto SETI fuésemos también exploradores del espacio. Por eso me alegró tanto saber que volvía a funcionar, esta vez apuntando directamente a un objetivo concreto: el exoplaneta bautizado con el nombre de Kepler-22b, un lugar que podría parecerse mucho a la Tierra.

Ayer escribí que caminamos solos y hoy escribo sobre el empeño de nuestra especie en tratar de encontrar un rastro de la existencia de otras formas de vida inteligente en la inmensidad del espacio. Los seres humanos somos así. En Binéfar ya han encendido las luces navideñas. La niebla desapareció. Los coches van y vienen sobre la nueva autovía. Los animales nocturnos asoman sus hocicos en las madrigueras del campo. La luna brilla en el cielo negro. Miles de millones de corazones humanos palpitan, solitarios, girando alrededor del sol.

martes, 6 de diciembre de 2011

lunes, 5 de diciembre de 2011

339

Zaragoza me agota, me deja hecho polvo, totalmente para el arrastre. Aunque también tiene sus compensaciones: ayer por la noche estuvimos tapeando con mis hermanos hasta las tantas y lo pasamos muy bien. Hoy por la mañana gasté mis exiguas habilidades manuales montando unos pocos muebles de Ikea; por la tarde acudimos a un inmenso centro comercial a comprar ropa para mi hijo adolescente y, de eso me encargué yo, cava, langostinos y otras cosas para la cena de Navidad, que celebraremos aquí. Todo está rebosante de gente, no existen huecos en los amplísimos aparcamientos y hay atascos de coches tanto para entrar como para salir, mientras en el aire flota la identificable histeria navideña que la música y las luces no hacen sino acrecentar. Es absolutamente terrorífico. Cuánto echo de menos la tranquilidad de Binéfar, las campanadas de la iglesia de San Pedro desvaneciéndose en la niebla, el fuego en la chimenea, las horas fluyendo como un río lento sin prisa para nada.

domingo, 4 de diciembre de 2011

338

El camión de la basura recorre la calle deteniéndose ante los contenedores de los edificios con gran estruendo. El piso de Zaragoza está silencioso. Todos duermen. Entre estas paredes conviví con los abuelos Antonio y Josefina, en esa esquina ayudé a instalar el Belén que a ella tanto le gustaba; por doquier agujereé con mi taladro, bajo sus órdenes directas, todas las paredes habidas y por haber para colgar muchos cuadros y muchas estanterías y muchas cosas, a cual de ellas más insólita. Después, cuando murieron, fuimos poco a poco desnudándolo todo y en este momento sólo quedan los groseros agujeros -Dios, qué torpe era entonces- y una sombra alrededor del espacio que ocupaban los marcos en la pared. Ahora apenas venimos aquí tres o cuatro veces al año. Hoy nos hemos encontrado con que la calefacción no funcionaba, probablemente por un problema de la bomba que envía el agua a los radiadores: como apenas se utiliza la cal se ha solidificado en sus aspas e impide que pueda funcionar, mañana le echaré un vistazo y si no soy capaz de arreglarlo llamaré a un profesional. Lo que resulta evidente es que las casas deben ser, estar, habitadas. No utilizarlas las deteriora. El silencio las deteriora. El olvido sobre todo. Esta noche Maite se ha emocionado al entrar en la vivienda que fue de sus padres. A pesar de los siete años transcurridos atravesar esa puerta siempre es una experiencia. Ella era hija única y de lo que eso significa sólo me doy cuenta las pocas veces que venimos a Zaragoza. No creo en los fantasmas ni en los espíritus, nunca he sentido la presencia de mis suegros entre las paredes de este piso, pero a veces me pregunto si, de darse el caso, estarían satisfechos de mí y del modo en el que amo a su hija. Sé que es algo absurdo pero de vez en cuando pienso cosas así, no las puedo evitar.

Hace mucho rato que el camión de la basura giró al final de la calle y prosiguió su camino de limpieza y estruendo. También la noche prosigue. El piso está en silencio. Todos duermen. Yo también dormiré.

sábado, 3 de diciembre de 2011

337

Como soy el conductor me han permitido dormir una pequeña siesta: ha durado poco más de media hora pero me ha dado tiempo a soñar. Al abrir los ojos ya todo estaba oscuro. En la planta de abajo, frente a la puerta, el equipaje está preparado. Sólo falto yo. Cerraré este ordenador portátil en el que estoy escribiendo, lo guardaré en mi mochila, la colgaré de mi hombro derecho, bajaré las escaleras y diré: ¡vámonos, Zaragoza nos espera!

viernes, 2 de diciembre de 2011

336

Es una mujer menuda y delgada vestida elegantemente. Se sienta al otro lado de la mesa, me observa con unos ojos muy verdes y a continuación rompe a llorar silenciosamente. Le toco el brazo y le digo que voy a ayudarla en todo lo que pueda, que lo único que tendrá que hacer será firmar y nada más. Gracias, hijo, dice, es que esto es muy fuerte, muy fuerte, repite. Se recompone, se limpia las lágrimas con un pañuelo de papel y me da los documentos que ha traído. Mientras le tramito la pensión de viudedad ella no deja de hablar, su voz oscilando entre la tristeza y el enfado, casi el rencor. Dice: Era un hombre muy bueno aunque, eso sí, hacía siempre lo que le venía en gana y claro, así ha pasado. El primer infarto le dio antes de los cuarenta años, imagínese, y luego vinieron tres más hasta este, el que se lo ha llevado. Dice: Yo le avisaba, le avisaba pero, bah, no se cuidaba nada. Lo único, eso sí, que dejó de fumar y fumaba muchísimo, ¿eh? ¡Más de dos paquetes diarios! ¿Se lo puede creer? Era una barbaridad lo que fumaba. Pero lo dejó después del segundo infarto, ahí sí que tuvo fuerza de voluntad, ¿ve? El miedo pudo más que el vicio. Lo malo es que le gustaba mucho comer, sobre todo los dulces. Yo le avisaba, mira que te va a dar algo, mira que tú no eres una persona normal, mira que tienes el colesterol y el azúcar por las nubes pero nada, no se cuidaba, era muy tozudo, ¿sabe? Hacía siempre lo que le daba la gana y mire ahora, qué sola me ha dejado. Ay, si me hubiera hecho caso. Cuando le pido que firme vuelve a llorar. Al devolverme el bolígrafo se seca las lágrimas con el mismo pañuelo de antes y me pregunta cuánto va a cobrar. Lo calculo y se lo comunico. Al saberlo se queda mirando el suelo moviendo inconscientemente la cabeza como si asintiera. Después da un largo suspiro, se levanta, me da las gracias y se va.

jueves, 1 de diciembre de 2011

335

Diciembre comienza envuelto en la niebla cerrada que oculta el campanario de la iglesia. En las calles más comerciales pronto se instalarán las luces navideñas. Mi corazón late a treinta y siete grados centígrados una y otra vez, una y otra vez.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

martes, 29 de noviembre de 2011

333

La medianoche se aproxima a toda velocidad y yo estoy muerto de sueño. Se me cierran los ojos. Siento la urgente necesidad de dejarme caer. Lentamente.

lunes, 28 de noviembre de 2011

332

El frío envuelve la casa como si ésta fuera un submarino surcando las profundidades del océano antártico, lo cual me permite poder llevar al fin mi viejísima chaqueta azul de lana cubierta de pelotillas, uno de los lujos invernales que me hacen más feliz. Soy el capitán Nadie y mi único objetivo es la exploración. Navegaré a través de mi vida. Sólo la muerte podrá detenerme.

domingo, 27 de noviembre de 2011

331

Salimos del restaurante a las siete de la tarde, un poco achispados y enternecidos por las canciones cantadas con una copa en la mano durante la larga sobremesa, y caminamos a la luz de las farolas hablando de esto y de lo otro, de los hijos pequeños, de la suerte, de la vida. Por la mañana cantábamos la misa de Santa Cecilia en la iglesia de San Pedro. Cada año, después de la misa de la patrona de los músicos, nos vamos a comer todos juntos. Durante todo el tiempo que he estado con mis amigos, con los más íntimos de los viernes por la noche pero también con los que me relaciono solamente en los ensayos de la Coral, durante todo el tiempo que he compartido con ellos, digo, en ningún momento he dejado de sentirme una persona privilegiada, afortunada, dichosa. Desconozco los vientos que me trajeron a la orilla de este pequeño lugar a medio camino entre el desierto y las montañas, pero sé que fueron benévolos. En días como hoy tengo ganas de salir a la calle y decirles a todos los peatones que hagan algo con los demás: cantar en un coro, pintar en una academia, aprender un idioma, correr, hacer ganchillo, leer en un club de lectura, buscar setas, qué sé yo, algo con los demás, algo con los demás. Porque no existe nada más profundamente humano que el milagro de la comunión con quienes son tan únicos, tan frágiles, tan valientes como nosotros.

sábado, 26 de noviembre de 2011

330

Niebla en el exterior y fuego en la chimenea. Ante la velocidad del segundo no hay primeros ni últimos. Pobres los que esta fría noche no tengan un techo sobre su cabeza. Las ventanas brillan en la oscuridad como imperios. Las ventanas brillan en la oscuridad como luciérnagas.

jueves, 24 de noviembre de 2011

328

Las últimas lluvias han cubierto el campo de una hierba corta que de lejos parece mullida y suave como el musgo. En las ramas de los almendros que no se recogieron los frutos oscurecen día a día, calcinados lentamente por el olvido. Los álamos fueron perdiendo sus hojas amarillas de abajo hacia arriba y ahora sólo sobreviven las del final, allí donde comienza el cielo y reina el viento frío que una a una apagará las trémulas, las valientes, las últimas llamas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

327

F. llamó preguntando por mí. Ella me conocía y yo sabía quién era, la había atendido personalmente muchas veces, enseguida reconocí su acento argentino. Recordé que F. es una mujer atractiva, divorciada de un ciudadano norteamericano y madre de un niño muy rubio, residente en un turístico pueblo del Pirineo aragonés y empleada en una agencia inmobiliaria. Estuvimos charlando durante unos minutos y después quedamos en que le enviaría a su correo electrónico unos formularios que necesitaba. Me facilitó su dirección de hotmail y ahí quedó todo. Pero sucedió que su dirección de correo me devolvía una y otra vez el mío, no sé si porque no admitía archivos adjuntos o porque yo la había anotado mal. Para variar, y como suele suceder en estos casos, por supuesto no había apuntado su teléfono ni el número de su documento de identidad, así que cuando acudí a mi base de datos, una de las más exhaustivas del estado, no logré encontrar nada con la magra información de la que disponía. ¿Qué hice entonces? Buscarla en internet con esa misma y escasa información a través de Google, Twitter y Facebook, donde para mi sorpresa la encontré, ¡incluso aparecía su teléfono móvil de trabajo en la web de la inmobiliaria! La telefoneé y solucionamos el problema. No sé si es bueno o malo, hoy fue bueno y mañana tal vez sea malo, pero la red nos pone al alcance de los demás. El mundo es un lugar cada vez más pequeño.

martes, 22 de noviembre de 2011

326

Después de la bronca y el sermón subo a esta mesa y, craso error, me pongo a pensar en mi hijo cuando era pequeño: su cuerpecito de pájaro levantando los brazos para que lo llevara en brazos, su rostro entusiasmado cuando salía corriendo del colegio de primaria arrastrando la chaqueta por la acera. Mi corazón se resiente. Sé que es una historia repetida desde el comienzo de los tiempos, pero cuánto duele.

lunes, 21 de noviembre de 2011

325

Compré nueces de los nogales de Isabel para mis compañeras de trabajo. De vuelta a casa pasé junto a dos jóvenes negros que hablaban y reían frente a la pálida luz de un locutorio, sus voces profundas resonando entre los edificios de la calle. Al acercarme a mi portal me crucé con madres que iban o volvían de llevar o recoger a sus hijos en la Escuela Municipal de Música. Había muchos coches aparcados en doble fila con las luces parpadeando. Introduje la llave en la cerradura y fui directamente hacia la escalera sin mirarme en el gran espejo. Ahora preparo berenjenas rellenas mientras en el viejo y leal equipo de la cocina escucho un maravilloso tema de Fred Hersch que descubrí el otro día. Llovió durante todo el fin de semana y la habitación de las goteras continúa deshabilitada sin que nadie dé signos de vida, ¿deberé resucitar mi celebrado y sentido papel de energúmeno para que me hagan caso? Oh, no me gustaría, de verdad que no me gustaría.


Fred Hersch - Valentine - Barcelona, octubre de 2010.

domingo, 20 de noviembre de 2011

324

Probablemente soy idiota porque después de todo lo que está pasando en el mundo todavía me emociona depositar mi voto en las urnas. Entre el cinismo y la esperanza no tengo duda alguna en mi elección.

sábado, 19 de noviembre de 2011

323

Al abrir los ojos tumbado en el sofá siento ese dolor de cabeza de viajero del tiempo que a veces produce la siesta. En la pantalla de la televisión un programa sobre el origen del ser humano muestra grotescas imágenes de grupos de homo sapiens y homo neanderthalensis coronados con melenas postizas tan mugrientas como si ambas especies dedicasen sus días a restregar sus cabezas en boñigas de mamut. Siempre me sorprenden esos detalles de falta de seriedad: ¡si hasta los insectos cuidan su higiene! Que es un documental antiguo se confirma cuando en él se asevera que del contacto entre cromañones y neandertales no pudieron surgir híbridos fértiles. Apago la televisión sin abandonar mi postura horizontal y siento claramente cómo cada uno de mis kilos de más, sobre todo su cuatro por ciento de código genético neandertal, me acusan sin un átomo de compasión.

viernes, 18 de noviembre de 2011

322

La casa está en silencio. Hace un buen rato que anocheció. Ordeno partituras antes de acudir al ensayo. Suenan las campanadas de la iglesia de San Pedro. ¿Cuántas veces han sonado en estas páginas? A menudo tengo la sensación de que siempre escribo lo mismo y a pesar de ello, pensando sin rubor en los ríos de Heráclito y Manrique, continúo haciéndolo. Por otra parte nunca dejo de tener presente que estos días pacíficos y sin malas noticias no durarán para siempre.

jueves, 17 de noviembre de 2011

321

¿Qué significaban antes las palabras «debacle», «abismo», «catástrofe», «crisis», «hundimiento», «rescate»? Porque ahora tengo la sensación de que ya no significan nada, devaluadas por el abuso que se hace de ellas en los medios de comunicación al tener que describir diariamente el fin del mundo. Como quien se acostumbró a vivir junto a los rugidos del zoológico yo ya no me asusto, hace semanas que mi cerebro dejó de discriminar la información que atañe a cataclismos financieros. A lo que no me acostumbraré jamás es a la angustia de las víctimas que a veces se sientan al otro lado de mi mesa de trabajo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

320

Me siento en el retrete y de pronto escucho el violín de la hija de mis vecinos repitiendo escalas una y otra vez como si estuviera de pie exactamente detrás de mí. Más tarde subo a la buhardilla para dormir un rato y al cerrar los ojos comienza a sonar el pasodoble «No te vayas de Navarra» en la Residencia de día de la plaza de atrás. ¡No te vayas de Navarra! Oh, misericordia.

martes, 15 de noviembre de 2011

319

De madrugada, mientras
un volcán sin nombre
expulsaba lava incandescente
bajo el océano,
la lluvia comenzó a repiquetear
en el cristal
sobre mi cabeza dormida,
sus delicados dedos de vida y muerte
diciéndome sin despertarme:
Sé cómo te llamas.

lunes, 14 de noviembre de 2011

318

Salgo del trabajo por la puerta trasera del jardín. En la terraza del bar Kafka sólo han dispuesto tres mesas, desiertas a estas horas. Camino hasta el coche aparcado frente a la panadería Buera. Al otro lado de la puerta de cristal la mujer que enviudó hace un mes recoge el mostrador antes de cerrar, ajena a mi presencia. Pongo en marcha el motor y emprendo el camino de vuelta a casa.

Terraza del bar Kafka, Barbastro, 14 de noviembre de 2011.

domingo, 13 de noviembre de 2011

317

¡Vamos, vamos, las doce de la noche están a la vuelta de la esquina! ¿Aprendiste algo de este pacífico y vertiginoso domingo de noviembre? ¡Recuerda que no dispones de mucho tiempo para pensarlo! Contesta. Corre. Pon tu pequeño mundo a salvo. Ya.

sábado, 12 de noviembre de 2011

316

Ayer no fui a ensayar con mi coro porque estaba agotado y hoy me despierto culpable, como ayer sabía que hoy me sentiría. Pero al mismo tiempo abro los ojos fresco y descansado, ¡ni siquiera soy capaz de recordar la última vez que dormí nueve horas seguidas!

En la claraboya el cielo es un cuadro dividido en dos zonas: la de la izquierda, de color azul muy pálido, está iluminada por el sol; la de la derecha es una nube oscura compuesta de otras nubes más pequeñas, un cúmulo de borra desplazándose muy lentamente hacia el Norte.

viernes, 11 de noviembre de 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

314

Pequeña raposa, detente en la oscuridad y vuelve sobre tus huellas entre las viñas, regresa al soto junto al río, visita furtivamente los huertos a la luz de la luna, haz cualquier cosa menos cruzar la carretera pues hoy vi lo que quedaba de tu hermana, su pequeño cuerpo tirado en el arcén, su preciosa cola de raposa agitándose suavemente al paso veloz de los vehículos.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

313

Me levanté a las siete como cada jornada laborable y, como cada jornada laborable, conduje hacia Barbastro con el sol detrás de mí iluminando los viñedos cobrizos con una luz nueva, intacta, sin usar. En la agencia tuve una mañana tranquila y atendí a diecisiete personas nada más, cada una de ellas, eso sí, con su mirada, su estatura, sus problemas, su temperamento, su aspecto, su pasado y su futuro. A media tarde vino un albañil enviado por el propietario de la casa (vivimos felizmente de alquiler) para echar un vistazo a las goteras y la terraza de la planta de arriba, donde con las manos en los bolsillos afirmó sin paliativos: «Las terrazas son muy cabronas». Por lo que se ve estábamos equivocados respecto al seguro de la Comunidad de vecinos y finalmente será J. quien se haga cargo de la reparación. Cuando el albañil se fue pedaleé durante una hora viendo en el portátil un extraordinario documental sobre las experiencias de unos soldados daneses en la guerra de Afganistán. Después de la ducha cociné la cena y también unas migas de bacalao con patatas y arroz para comer mañana. Ahora, mientras en el misterioso interior del lavaplatos un torbellino de agua y jabón se encarga del trabajo sucio, yo me regalo con un bourbon con hielo y escribo un apresurado resumen de este nueve de noviembre de dos mil once que jamás volverá a repetirse. Seguramente no fue gran cosa, sólo un día común y corriente. Mortal. Para mí es suficiente.


Prelude and Fughetta in D Minor, BWV 899: Fughetta - Johann Sebastian Bach - Glenn Gould.

martes, 8 de noviembre de 2011

312

Buscando otra cosa me he tropezado con una carpeta donde guardé hace mucho tiempo los retratos que tenía clavados en un panel de corcho en la pared de la habitación de una casa de la que ya casi no me acuerdo. Volver a contemplar las viejas fotografías recortadas de revistas y periódicos con las efigies de Henry Miller, Virginia Woolf, Julio Cortázar, Lawrence Durrell, Marcel Proust, Kavafis, Patricia Highsmith, James Joyce y tantos otros, muchos más de los que recordaba, me ha hecho plantearme si, de algún modo, en aquella época yo estaba mal de la cabeza. Aquí aparecen Machado, Juan Ramón Jiménez, la cara de susto de Jorge Manrique en un retrato antiguo, Jaime Gil de Biedma, Cesare Pavese, Kafka, todos amarillos por el paso del tiempo, todos observándome con ojos sin volumen ni resentimiento. ¿Quién era yo cuando decidí guardarlos en esta carpeta de cartón? ¿En qué se parecía aquel joven al hombre que ahora soy? ¿Cómo hubiera podido imaginar todo esto?

lunes, 7 de noviembre de 2011

311

El sábado detectamos en la esquina del techo del dormitorio de Carlos una gran mancha de humedad y, lo que es peor, goteras. Su habitación está situada bajo la terraza y enseguida supuse que la tromba de agua que había caído esa madrugada era la culpable. Hoy por la mañana he llamado al seguro y, para mi sorpresa, me han dicho que ellos no eran los responsables, que tenía que ponerme en contacto con el seguro de la Comunidad de propietarios. Una compañera de trabajo me ha contado, basándose en su experiencia, que estas averías en terrazas y tejados son muy engorrosas, que me armara de paciencia e incluso tuviera en cuenta la posibilidad de que tuvieran que hacer obras, idea que me ha causado un inmediato descenso de ánimo, acompañado de melancolía y pensamientos negativos. ¡Con lo que me gusta la lluvia tendré que rezar para que no llueva hasta que el problema esté arreglado! Sé que no es racional ni productivo pero ahora mismo esas goteras ocupan el noventa y nueve por ciento de mi corteza cerebral ¡como si no existieran problemas más terribles en el mundo! A veces me sorprende mi propia estupidez.

sábado, 5 de noviembre de 2011

309

Los hibiscos de la terraza han vuelto a florecer, incluso les han brotado verdes y tiernas hojas nuevas, ignorantes de que ahora lo que toca es terminar, no comenzar.

Si en caso de vida o muerte tuviera que confesar cuál es mi quinta estación probablemente hablaría de estos días de otoño en los que unas hojas caen y otras nacen; estos días en los que, en cuanto sale el sol, zumban todavía algunos insectos tan despistados como esos invitados que aparecen en la fiesta cuando se están recogiendo las mesas; estos días en los que el hielo todavía no ha aparecido pero ya se adivina.

viernes, 4 de noviembre de 2011

308

Creo que esta tarde, por primera vez en mi vida, he asistido a la muerte natural de una mosca. Yo estaba recortándome la barba con la maquinilla cuando la he descubierto posada en la pared. Era relativamente grande y al acercarme para observarla mejor en vez de huir ha caído al suelo, ha zumbado un momento revoloteando boca arriba, ha dejado de zumbar, ha encogido las patitas hacia el centro de su abdomen y ya está, nada más, allí se ha quedado, inmóvil e intacta como una diminuta pieza de orfebrería.

jueves, 3 de noviembre de 2011

307

Es importante aprender a desfallecer. Es importante saber que la inercia, como sucede cuando actúa sobre las naves espaciales, es capaz de impulsarnos más lejos de lo que podemos imaginar.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

306

Sueño con competiciones musicales, viajes eternos en autobús, destartalados colegios mayores, hoteles de mala muerte frente a bellas puestas de sol.

martes, 1 de noviembre de 2011

305

Me consuela que las semanas y los meses tengan un principio y un final. Por absurdo que parezca eso me ofrece la oportunidad de redimirme, la posibilidad de comenzar de nuevo.

lunes, 31 de octubre de 2011

304

Caen las hojas.  Chopera de Valcarca, 31 de octubre de 2011.

domingo, 30 de octubre de 2011

303

¿Por qué decimos «cae la tarde», por qué decimos «la tarde se pone» o «muere el día»? Yo conozco la respuesta: porque somos como esos pájaros que reúnen abalorios, plásticos y otros objetos brillantes, porque somos como ellos.

sábado, 29 de octubre de 2011

302

Cuando cerramos el Chanti y decidimos dirigirnos a L'Arcada a tomar la última copa mi cansancio ha desaparecido como por arte de magia, no sé si debido al poder de la música durante el ensayo o al de la ginebra del gin-tonic posterior. Caminamos entre las calles de este lugar en el mundo y nuestras voces llenas de vida resuenan en la noche antes de extinguirse. Yo, como tú, también soy su guardián.

viernes, 28 de octubre de 2011

301

Después de pasar toda la tarde en Lérida llego ahora a casa con apenas veinte minutos para escribir antes de bajar a ensayar, aunque estoy tan cansado que va a costarme un gran esfuerzo hacerlo. Y es que cada vez me agotan más las ciudades, el tráfico en Lérida es absolutamente demencial y las calles comerciales, en cuya atmósfera vibra ya cierta compulsión prenavideña, bullen de tanta gente, tantas luces, tantos escaparates, que he regresado con el cerebro saturado de información visual. Menos mal que luego he dispuesto de media hora de autovía nocturna: kilómetro a kilómetro de oscuridad toda la confusión se disolvía hasta convertirse en esta anécdota inofensiva, este ejercicio que me permite tomar las carpetas de partituras, abrigarme un poco y salir a la calle dispuesto a cantar con la satisfacción de los deberes cumplidos.

jueves, 27 de octubre de 2011

300

Tanto tiempo esperando la lluvia y cuando aparece lo hace acompañada de un dolor de cabeza que sólo el ibuprofeno es capaz de aliviar. Salgo a la calle y disfruto del aroma de un mundo empapado que de pronto, con la velocidad vertiginosa de las estaciones, borra de mi memoria las largas semanas de calor y sequía como si jamás hubieran existido.

miércoles, 26 de octubre de 2011

299



Ocho y cuarto de la noche. Autovía entre Barbastro y Binéfar. 25 de octubre de 2011.

martes, 25 de octubre de 2011

298

Tengo sueño pero no quiero irme a dormir. Esta absurda contradicción me acompaña desde los doce o trece años, cuando ocultaba a mis padres las horas de lectura nocturna. ¿Habrá bastado la lluvia de hoy para convertir en charcos las rodadas de los vehículos en los caminos del campo?

lunes, 24 de octubre de 2011

297

Hoy me he quedado en casa porque venían los fontaneros a solucionar un problema en un lavabo. Mientras escribo escucho los golpes y el ruido del escombro cayendo al suelo. No quiero ni ir a mirar el estropicio. Salgo al balcón para echar un vistazo al cielo. Ha salido el sol. No llueve.

domingo, 23 de octubre de 2011

296

Se ha declarado un pequeño incendio en el cañaveral de un descampado a dos calles de mi casa y durante un buen rato una gran nube de humo ha cubierto el cielo. Después han comenzado a descender sobre los edificios leves y flotantes copos de ceniza negra. Ahora los bomberos ya han apagado el fuego y el aire huele a caña quemada. A mí no me desagrada, no huele a basura ni plástico carbonizado, huele a leña consumiéndose en la chimenea una noche de invierno.

sábado, 22 de octubre de 2011

295

No esperaré a que me falten para darme cuenta, no lo haré. Hoy, veintidós de octubre de dos mil once, digo que soy feliz al disfrutar de la salud de las personas que amo y de la mía propia, digo que soy feliz al tener cubiertas mis necesidades materiales, digo que soy feliz al conservar mi capacidad mental en condiciones razonables; digo que me gusta la casa en la que vivo y el coche que conduzco; digo que cada día me gusta más mi trabajo; digo que me deleito con la música, los libros, el cine, la comida, la bebida, la siesta, el sexo; digo que hago uso del privilegio de ser un hombre libre y poder caminar hacia el Norte, el Sur, el Este o el Oeste; digo que puedo gozar de la naturaleza del mundo en todos sus sentidos y, sobre todo, digo que soy amado y me doy cuenta de que soy amado y no hay nada mejor que amar y ser amado y darse cuenta. Darse cuenta. No, no esperaré a que me falten las cosas buenas para darme cuenta de lo buenas que eran. No lo haré.

viernes, 21 de octubre de 2011

294

Preparo y ordeno partituras del coro a la luz del flexo. Nunca deja de maravillarme el papel pautado, su hermoso lenguaje que hace estremecer el corazón. Dentro de una hora bajaré a ensayar. Durante estos últimos diez años he pasado algunas rachas de pereza y cansancio, sobre todo cuando los chicos eran más pequeños, pero ahora siento que ya he salvado el cabo de Hornos y cada vez disfruto más. Adoro los ensayos como adoro los cuadernos, los bosquejos, los preparativos; incluso diría que me gustan más los ensayos que los conciertos. El trabajo de aprender y descubrir en compañía de amigos es el mejor de todos.

jueves, 20 de octubre de 2011

293

Nunca pensé que vería el final de ETA. Cuando hoy he escuchado su comunicado de cese definitivo de la violencia mi primer pensamiento ha sido para las víctimas, ochocientas veintinueve personas asesinadas durante todos estos años. También para las familias divididas, para los escoltados, para quienes debían trabajar con su rostro oculto por un pasamontañas, para los que fueron enterrados en la soledad más absoluta, rechazados por sus vecinos. He recordado a Miguel Angel Blanco, aquel chico de Ermua, y a la persona más valiente del mundo, el hombre que le sustituyó y fue también asesinado. Son tantos. Cuando en febrero de dos mil mataron a Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez Elorza, escribí un poema. No es de los mejores pero tal vez sea hoy un buen día para publicarlo por primera vez. Que la alegría por el final del terrorismo no afecte a la memoria de las víctimas y el terrible sacrificio que pagaron por hacer su trabajo o, venciendo el miedo, dar un paso al frente en defensa de sus ideas.

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Yo era un hombre y ahora
no soy nada.

Mi asesino ha vuelto a su casa,
ha ido al lavabo,
se ha mirado en el espejo,
ha saludado al padre y a la madre,
ha puesto la radio.

Yo era un hombre
y ya no soy nada.
No tengo patria, ni familia, ni nada.
No habrá más besos,
no habrá más nada.

Dirán que soy el resultado
de un fracaso colectivo.
Dirán que la culpa
es de todos, que la culpa
era vuestra, no del que
ahora sale de casa
nervioso y asustado,
héroe de mi muerte.

Yo era un hombre y ahora
no soy nada.

Cierro la mano sobre la hierba
mientras todo sucede,
mientras muero,
mientras llueve,
mientras todo sucede
y la lluvia cae, acaba, llueve.

24 de febrero de 2000, Binéfar.

miércoles, 19 de octubre de 2011

292

Estos días revolotean por casa algunas moscas pequeñas. Estuve investigando en la galería de la cocina y descubrí que uno de los tomàquets de penjar se había puesto malo, aunque precisamente allí no había mosquetas de ninguna clase. En cualquier caso estos últimos días han regresado los insectos y los hibiscos de la terraza han vuelto a florecer, ignorantes (como nosotros) de lo que se avecina. Cantos de cisne. Preparando una cena muy española -tortilla de patatas, jamón, pan con tomate, pimientos de padrón fritos- me he servido una copa de vino tinto y al cabo de pocos minutos dos mosquitillas flotaban ahogadas en él. Las he retirado con la yema de un dedo y he bebido un sorbo, no tengo manías para estas cosas. Me dan lástima las moscas que, confundidas por el calor extraordinario de estos días de otoño, han nacido sin posibilidades de sobrevivir, ignorantes (como nosotros) de su inoportunidad. Regresando a Binéfar por la autovía vi en el cielo una bandada de aves volando en formación de uve, no pude observarlas con detalle porque me arriesgaba a tener un accidente de tráfico, pero juraría que se dirigían hacia el Sur.

martes, 18 de octubre de 2011

291

A las ocho y media de la mañana suena mi teléfono móvil, lo miro, veo que es mi madre y el corazón me da un vuelco: ya lo estoy viendo, llama desde un hospital, ha sucedido algo muy grave, ¿qué si no puede impulsarla a telefonearme a estas horas? Con los nervios a flor de piel acepto la llamada y escucho su voz alegre y despierta: «¡Hola, cariño!». «¡Mamá! ¿Ha pasado alguna cosa, estáis bien?», le pregunto. «Muy bien», contesta ella, «te llamo tan pronto porque ahora mismo estamos a punto de subir al autobús, ¡hoy nos vamos de excursión a Conil!». Es entonces cuando recuerdo que mis padres están, una vez más, de viaje.

Mientras me cuenta que ayer estuvieron en Sevilla, «una ciudad maravillosa», contemplo aliviado el castaño de indias del ventanal que hay detrás de mi mesa de trabajo. El suelo del jardín está cubierto de castañas amargas, las hay a cientos. La voz de mi madre, tan joven en el teléfono como cuando yo era un niño, acaricia mi cerebro y llena mi corazón de felicidad. «Bueno, pasadlo estupendamente, ¿vale? Os quiero mucho, un beso, ya hablaremos». Guardo el móvil en el bolsillo izquierdo de mi pantalón. Barbastro se pone en marcha poco a poco. A las nueve, dentro de un momento, subiremos la persiana y comenzará a entrar el público. El río Vero o, mejor dicho, lo que queda de él tras tantos meses de sequía, fluye en su cauce de hormigón al otro lado de la calle. Todo está bien.

lunes, 17 de octubre de 2011

290

Desayunaba cuando escuché en la radio que un senderista de Barbastro había muerto al despeñarse por la senda de los cazadores, en el Parque Nacional de Ordesa. Durante la mañana supe que se trataba del marido de la simpática y cordial empleada de la panadería donde suelo comprar el pan en Barbastro. Alguien comentó que cuando sucedió el accidente caminaba delante de sus dos hijas y su mujer con tan mala suerte que pisó una piedra suelta, resbaló y se precipitó montaña abajo sin que nadie pudiese hacer nada por evitarlo. Tenía cincuenta y dos años. Pienso en su esposa, siempre tan amable conmigo en la panadería, y caigo en la cuenta de que pronto vendrá a la agencia para algo que nunca imaginó que sucedería. Me sorprendo deseando que me toque a mí atenderla en la información y tramitación de su pensión de viudedad para, de algún modo, acompañarla así en el sentimiento y poder ayudarla en esta hora tan difícil, aunque aquí todos la conocemos y sé que mis compañeras sienten exactamente lo mismo que yo. A menudo hacer bien tu trabajo, como lo hace ella desde hace muchos años al otro lado del mostrador, es la mejor manera de ofrecer un bálsamo, una especie de ofrenda a los demás en medio del caos y el dolor.

domingo, 16 de octubre de 2011

289

Mi hija apareció por sorpresa el viernes por la tarde y ya la estoy llevando a la estación de autobuses. Nos despedimos con un beso y regreso a casa atravesando este lugar del mundo al que me arrastró la corriente. Parado en un stop tengo uno de esos ataques en los que no comprendo casi nada y sin embargo siento, con perturbadora claridad, el peso, la densidad, la existencia de las cosas.

sábado, 15 de octubre de 2011

288

Después de cenar recogemos la mesa, distribuimos los platos, vasos y cubiertos en el lavavajillas, colocamos la pastilla de detergente todo en uno y lo ponemos en marcha. Sábado por la noche. En esta casa de noctívagos hoy nadie se acostará temprano.

viernes, 14 de octubre de 2011

287

Al despertar de la siesta descubro una araña diminuta paseándose sobre mi pecho. Llegó finalmente la hora de poner a prueba todo el entrenamiento practicado con mis hijos cuando eran pequeños. No reiré, no agitaré los brazos, no moveré un músculo. Soy imperturbable.

jueves, 13 de octubre de 2011

286

El de hoy ha sido un buen día. No un gran día ni un día increíble, no un día extraordinario ni magnífico ni excepcional, sólo un buen día, uno de esos pequeños y benéficos días con los que se construyen los mejores tiempos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

285

¡Corre, apresúrate, pronuncia la palabra secreta, encuentra las llaves en el fondo del mar, salta de oca en oca, deja tu miga de pan y corre, alcanza la puerta del bosque antes de que se cierre!

martes, 11 de octubre de 2011

284

Cae la noche sobre las viñas
como las olas del mar golpean
la orilla de aquella playa
junto a la ciudad griega.

En octubre la arena ya
se había enfriado, ¿recuerdas?

También a la luz de la luna
las hojas de las parras
se oxidan lentamente.

lunes, 10 de octubre de 2011

283

Al regresar de Barbastro me he encontrado con la sorpresa del último tramo de la autovía terminado y abierto al tráfico. En vez de desviarme en el lugar donde vengo haciéndolo desde hace tanto tiempo he seguido recto sobre un flamante asfalto sin estrenar. De este modo la vieja Nacional 240, tan presente en mis textos de los diarios anteriores y en tantas de mis fotografías, se aleja.

domingo, 9 de octubre de 2011

sábado, 8 de octubre de 2011

281

Abandono el mundo de mi cerebro nocturno y abro los ojos a la luz directa de un cielo dividido en dos por la estela blanca de un avión de pasajeros. Ahora que han descendido las temperaturas vuelvo a dormir bajo la claraboya de la buhardilla. Dentro de un rato emprenderemos viaje rumbo al huerto de mis padres, a doscientos cincuenta kilómetros de aquí. Mis padres. Papá. Mamá. Todavía puedo abrazarles y escuchar su voz. Soy un hombre afortunado.

viernes, 7 de octubre de 2011

280

El otoño se ha presentado de improviso a lomos del viento del norte. La luz ha cambiado y en los rostros de los peatones asoma el alivio y también la expectación. Nada olvidamos más que la estación del año anterior.

jueves, 6 de octubre de 2011

279

Tarde de visitas médicas en Lérida para mi hijo y para mí. Dentista y ecografía para él, otorrinolaringólogo para mí. Tres salas de espera, todas iguales salvo la de mi otorrino, donde junto a las revistas del corazón también hay ejemplares de Qué leer. Tres recepcionistas, todas ellas con el día antipático. Mucho calor en la ciudad, que recorremos caminando tras haber encontrado un buen aparcamiento cerca del dentista. Para llegar puntuales a la última cita paramos un taxi. El conductor nos pregunta de dónde somos y nos informa de que él es de Graus. Al saber que tengo un poco de prisa pisa el acelerador sin pensárselo dos veces. Durante los ocho minutos que dura la carrera contemplo las calles de Lérida desde el asiento de atrás, un punto de vista que había olvidado y convierte a la ciudad en un escenario cinematográfico. Finalmente recuperamos la querida Picasso y regresamos a Binéfar cuando ya es de noche, rendidos. Antes de cenar vengo aquí a dibujar un bosquejo de todo ello. Cuatro notas. Un plano.

miércoles, 5 de octubre de 2011

278

Durante los primeros viajes espaciales los psicólogos aconsejaban a los astronautas que no perdiesen de vista la tierra; cuando comenzaron los paseos fuera de la protección de la nave la recomendación era evitar dar la espalda a nuestro planeta y enfrentarse, frágil y flotante, a la vacía inmensidad del cosmos, pues se temía que una experiencia tan poderosa podía dañar la estabilidad emocional necesaria para el cumplimiento de las misiones. Sucedió, sin embargo, que en un momento dado los astronautas contemplaron la infinita oscuridad del espacio exterior y, más allá del asombro, ninguno de los temores de los psicólogos se cumplió. Así de valiente o de insensata es nuestra especie.

Pensé en ello el domingo mientras miraba una interesante entrevista a Svante Pääbo, el genetista sueco que demostró que en el genoma de todos los seres humanos del mundo, excepto los que se quedaron en el continente africano, existe aproximadamente un dos y medio por ciento de código neandertal, lo que demuestra que hubo una hibridación entre las dos especies tras las migraciones africanas y, de algún modo, los neandertales sobreviven en cada uno de nosotros. Pensé en los diminutos astronautas enfrentándose al vacío infinito del cosmos cuando el doctor Pääbo explicaba en la entrevista su teoría acerca del motivo por el que los neandertales habían permanecido durante cuatrocientos mil años en sus territorios de evolución mientras los hombres modernos, en menos de cien mil años tras su salida de África, se extendían sobre la superficie de toda la tierra. Pääbo dice: «‎Los neandertales nunca cruzaron el mar si no veían tierra del otro lado; nosotros sí y por eso hemos colonizado el mundo entero». Los neandertales eran precavidos y, en ese sentido, más inteligentes que el homo sapiens: ¿quién podía estar tan loco como para lanzarse al mar y navegar hasta perder de vista la costa sin saber qué le esperaba al otro lado del horizonte? ¿Quién tan loco como para enfrentarse a la inmensidad del universo flotando en la ingravidez del espacio exterior sin perder la cordura ni el valor?

martes, 4 de octubre de 2011

277

Salgo de Barbastro a las ocho y veinte de la tarde y decido regresar a Binéfar por la carretera comarcal de Estadilla. Me gusta conducir con los faros encendidos a través de la noche, el haz de luz artificial iluminando durante un instante los troncos de los olivos junto al asfalto antes de devolverlos inmediatamente a la oscuridad.

lunes, 3 de octubre de 2011

276

Tras una noche terrible con las tripas revueltas me he levantado con un humor de perros. Y eso que hoy tenía el día libre y me he quedado en casa, pero las visitas urgentes al cuarto de baño no me han ayudado ni a descansar ni a mejorar mi carácter. Me molesta mucho estar enfadado, me duele sobre todo que lo paguen injustamente quienes están a mi alrededor, algo que a menudo no soy capaz de evitar.

A estas horas entra en la sala de la buhardilla la cálida luz de color miel de estas últimas tardes. Pronto el sol comenzará a amanecer en otro sitio. Un día termina, un día único, un día irrepetible en la historia del mundo termina y yo, como un inconsciente, lo he echado a perder con mi mal humor y mis malas caras. Creo que es hora de bajar las escaleras y pedir perdón.

sábado, 1 de octubre de 2011

274

Después del ensayo vamos al Chanti a tomar una copa, pero antes acerco a una compañera del coro a su casa en Monzón. Ella se quedó viuda hace tres meses y esta noche ha venido a cantar con nosotros por primera vez desde entonces. Mientras la llevo a su casa a través de la carretera iluminada por los faros del coche hablamos de esto y de lo otro: asuntos triviales, ingrávidos, suaves apósitos de gasa para curar la nostalgia y el dolor.

viernes, 30 de septiembre de 2011

273

Hoy he sido el primero en llegar a la agencia. Me gusta abrir el candado y subir la persiana como si fuese una pequeña frutería o una librería, encender las luces, abrir algunas ventanas para que entre el aire fresco de la calle. Cada día es una promesa.

jueves, 29 de septiembre de 2011

272

Recientemente he podido confirmar que combatir las ambiciones más mundanas nos inmuniza contra ciertas manifestaciones violentas de los demás: aquellas que precisamente buscan herirnos aludiendo a tristes fracasos imaginarios. Ha sido una agradable sorpresa y también uno de los primeros frutos de una lucha tan larga como, a menudo, incomprendida.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

271

Cielo sobre Binéfar, 28 de septiembre de 2011. Doce horas de diferencia.

martes, 27 de septiembre de 2011

270

Come. Haz el amor. Lee. Saca a pasear a tu perro. Mira una película en la televisión. Prepara la cena. Duerme la siesta en el sofá del salón. Sal a dar un paseo. Habla por teléfono con tus amigos. Dúchate. Visita a tu familia. Conduce tu coche a través de grandes avenidas o en estrechas carreteras locales rodeadas de campos. Mastúrbate. Duerme plácidamente. Despierta. Contempla cómo sale el sol.

lunes, 26 de septiembre de 2011

269

Cada mañana hablo por teléfono con mucha gente. Asistentes sociales de las comarcas, particulares, empresas, centros de salud, oficinas de empleo, etcétera. Con algunas de esas personas me relaciono con mucha frecuencia, casi a diario, y al cabo de los meses y los años he establecido con ellas una relación muy familiar. Lo interesante, claro, es que no conozco su aspecto, soy capaz de identificar su voz al otro lado del auricular pero no sé cómo son realmente, así como ellas tampoco saben cómo soy yo a pesar de reconocerme inmediatamente al descolgar el teléfono. Se da la circunstancia de que casi todas esas personas son mujeres, como suele suceder en los puestos de trabajo que se obtienen por oposición, y sus voces me interesan, me sugieren asociaciones que probablemente no tienen nada que ver con la realidad y abarcan desde la seducción a la misantropía, desde el optimismo congénito hasta el miedo y la histeria global que la crisis económica está despertando en el mundo. Alguna vez he pensado que estaría bien tomarme unos días de vacaciones y conocerlas en persona, hacer un recorrido por las distintas comarcas del Pirineo y Prepirineo y saber cómo son. Invitarlas a un café. Hablar del tiempo. Esas cosas.

domingo, 25 de septiembre de 2011

268

Ayer comí con unos pocos amigos. Para mí esto es algo relativamente extraordinario por dos razones: porque no suelo comer fuera de mi casa y porque nunca he tenido muchas amistades. Sin embargo, para mi propia sorpresa, tengo algunas, no demasiadas, y se da la circunstancia de que son personas a las que conocí con casi cuarenta años. He aprendido que no existe una edad para conocer a otros seres humanos y, si los astros coinciden, enamorarse un poco de algunos de ellos, pues siempre he pensado que la amistad es una manifestación de amor y posee, en todos los grados posibles, sus mismos atributos: curiosidad, atracción, interés, generosidad, cierta necesidad de compartir y aprender y confortar. Ayer comí con unos amigos y disfruté mucho de su compañía. Todavía me siento feliz al recordarlo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

267

Entre mi corazón y el satélite muerto que atraviesa la atmósfera ardiendo y descomponiéndose en pedazos que se precipitan en caída libre hacia la tierra hay carreteras, el bar de un hospital después del nacimiento de mi hija, la sólida fuerza de mi padre levantándonos a mi hermano y a mí en el aire, cada uno en una mano; el regazo de mi madre; la llegada a una ciudad desconocida al amanecer después de un largo viaje en tren, la sorprendente llamada telefónica anunciándome que había ganado un premio literario, aquella joven cigüeña deambulando sin rumbo por el aparcamiento de un supermercado tras caer desde su nido en una torre de alta tensión, los reflejos irisados en el agua de los puertos marinos, los caballos salvajes de los puertos de montaña, las aceras de Zaragoza cuajadas de chicles secos, aquel aterrizaje de infarto en Stansted, el río donde jugaba a nadar apoyando mis brazadas en las piedras del fondo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

266

La tarde funde a negro tan despacio que es imposible discernir el instante preciso en el que sucede. Se escuchan truenos remotos. Oh, dioses de las nubes y la lluvia, no paséis de largo esta noche, por favor.

jueves, 22 de septiembre de 2011

265

El agua corriendo en las duchas, las primeras noticias del día en la radio de la cocina, el clink del microondas, los trinos de los pájaros en la calle, las campanadas de la iglesia sonando volátiles, etéreas en la atmósfera pura de este nuevo comienzo de todo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

264

Me doy cuenta de que, más que escribir, yo enumero.

martes, 20 de septiembre de 2011

263

El cansancio ha llegado como un tsunami inesperado arrasando mi paciencia ante la pantalla en blanco. Las palabras que esta noche iban a nacer en mi cerebro ya no verán la luz, nunca lo harán porque mañana serán otras, siempre sucede. Estoy tan cansado. Necesito dormir, dormir, dormir, tal vez dormir.

lunes, 19 de septiembre de 2011

262

Mi método es muy sencillo: camino durante treinta minutos y después vuelvo sobre mis huellas. Hoy salí tarde de casa y se me hizo de noche. De regreso hacia mi Citroën Picasso aparcado junto al canal pasé junto a un Seat León negro detenido en la entrada de un camino. Había poca luz pero pude distinguir a dos personas en su interior. Supuse que se trataba de una pareja y aceleré el paso intentando molestar lo menos posible. Soplaba una brisa fresca, casi fría, y el zumbido de los insectos que ocasionalmente nos acompañaban y molestaban hace pocas semanas hoy había desaparecido por completo. Al llegar al coche ya apenas se veía. Pensé que me había descuidado y que cada tarde a partir de ahora debería salir antes de casa. Ningún animal cruzó delante de la luz de los faros del coche en la estrecha carretera. La granja de terneros estaba a oscuras. Pensé en el otoño y el alivio que su llegada me causaba. Pensé en lo extraño que me resultaba haber terminado viviendo en este preciso lugar del mundo y no en otro.

domingo, 18 de septiembre de 2011

261

En el parque de la plaza que hay detrás de mi casa se reúnen grupos de jóvenes para hacer botellón. Gritan y ríen sentados en los columpios infantiles, no muy lejos de la residencia de día, no muy lejos de los campos de petanca, no muy lejos de ninguna parte, en realidad. Su inocencia me consuela más de lo que me molestan sus gritos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

260

Días de horarios cambiados por las fiestas. Uno viene a las cinco de la madrugada, otra llega a las siete y yo me acuesto a las dos para levantarme poco antes de las ocho de la mañana con los nervios a flor de piel por culpa de la música máquina que a semejantes horas todavía suena en la carpa de las peñas. Durante el desayuno pongo en el pequeño equipo de música de la cocina las partitas de Bach interpretadas por Glenn Gould. Poco a poco, nota a nota, siento cómo mis oídos y mi cerebro se desintoxican.

viernes, 16 de septiembre de 2011

259

Esta noche Paula y Carlos cenan fuera con sus respectivos amigos, así que M. y yo nos hemos quedado felizmente solos, ajenos a las fiestas. Mientras escribo estas palabras ella prepara sus clases al otro lado de la misma mesa, ajena a mis pensamientos y sin embargo, qué misterio, ocupándolos completamente.

jueves, 15 de septiembre de 2011

258

La joven alta y muy delgada y la mujer pequeña y rellenita vienen hacia mí. La adolescente, ahora me doy cuenta de que lo es, viste una camiseta de verano y unos pantalones cortos; la señora mayor lleva un vestido oscuro de aspecto vagamente folclórico rodeado de diminutos volantes. Se sientan al otro lado de mi mesa de trabajo y la chica me explica que su abuela, que yo tomaba por su madre, ha dejado de trabajar como empleada de hogar y viene a darse de baja. Mirando a la señora, una mujer de unos cincuenta y tantos años de bellos rasgos indígenas y cabello casi azul de tan negro, le pregunto con qué fecha finalizó su contrato y ella me dice, con un acento musical y sibilante, que hablo demasiado deprisa y no puede comprenderme, que pronuncie más despacio, por favor, algo que, por supuesto, hago encantado. Poco a poco nos vamos entendiendo y las cosas se resuelven. Cuando estamos cerca del final del trámite administrativo le pregunto si su idioma es el quechua. Se le iluminan los ojos y me pregunta: ¿Usted habla quechua? Oh, no, no lo hablo, ojalá supiera pero no. Ella me mira seria y dice: Pero usted lo conoce. Claro, le contesto, su idioma es muy antiguo, se hablaba antes de que los españoles llegaran a América, todo el mundo lo conoce. La señora sonríe por primera vez elevando sus pómulos casi asiáticos de miles de años de antigüedad. Le pido que firme unos documentos y cuando se están levantando para irse le pregunto a la nieta adolescente, quien durante todo este tiempo no ha dejado de teclear en su teléfono móvil, si ella habla quechua. Me dice que no, que lo entiende pero no lo habla. Hay otras personas esperando ser atendidas y la abuela, mirando rápidamente hacia ellas y hacia mí, dice Gracias, dice Adiós, y se van.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

257

A las ocho de la mañana salgo del garaje camino de Barbastro y me cruzo con jóvenes que vuelven a casa con sus sombreros y sus pañuelos de fiesta. Un grupo habla en una esquina y una pareja camina por la acera, el brazo derecho de él sobre los hombros de ella, el brazo izquierdo de ella rodeando la cintura de él. Las ferias aparecen casi desiertas, la calzada cubierta de basura de colores, los puestos cerrados con persianas y cortinas. Esquivando las vallas metálicas que durante estos días sitian mi barrio logro escapar y salir finalmente a la carretera. En ella, a pesar del tráfico y por extraño que parezca, me siento libre.

martes, 13 de septiembre de 2011

256

El ventilador gira en su jaula circular. Bebo una pinta de cerveza fría. No leo. No escucho música. No miro la televisión. Solo bebo despacio una pinta de John Smith's extra smooth delante de la pantalla en blanco, y espero.

lunes, 12 de septiembre de 2011

domingo, 11 de septiembre de 2011

254

Soy un comerciante egipcio en la época de Ramsés II, soy campesino durante la guerra de los cien años, soy un taxista de Nueva York el once de septiembre de dos mil uno. Los imperios, como nosotros, aparecen y se desvanecen. Lo único que permanece es nuestra condición.

sábado, 10 de septiembre de 2011

253

El verano se resiste a rendirse. ¡Hace calor, calor, calor! El calor me hace tan desgraciado, me deprime tanto. Mi hija me comenta así, como de pasada, que estoy engordando y, oh, dioses, a fe mía que sé que es verdad. Y es que de acuerdo, sí, voy a caminar cuando las temperaturas marcianas lo permiten y de vez en cuando, más de vez en cuando de lo que debería, pedaleo patéticamente frente al aire acondicionado, pero me gusta tanto comer y beber, sobre todo desde que recuperé el olfato... me gusta mucho a pesar del calor que me deprime y me angustia. Hoy es diez de septiembre y hace calor, calor, calor. Sólo me salva la imaginación, y allí la banquisa que cruje bajo mi peso.

viernes, 9 de septiembre de 2011

252

Eres el jinete solitario que cabalga entre altas rocas de arenisca modeladas por el viento. Eres el grumete escondido al fondo de un tonel de manzanas. Eres el explorador que se abre paso en la jungla a golpe de machete. Eres el astronauta asomado al vértigo del espacio vacío. Eres el náufrago que pasea por la playa con un parasol de piel de cabra silvestre. Eres el paracaidista que desciende lentamente sobre territorio enemigo entre ráfagas de trazadoras y explosiones antiaéreas. Eres el niño que ante la aparición de velas blancas en el horizonte huye despavorido hacia el interior de la isla. Eres el profesor nuevo en un instituto del gueto. Eres Romeo. Eres el minotauro.

jueves, 8 de septiembre de 2011

251

Qué si la línea que separa ayer de hoy es tenue como una ráfaga de viento moviendo las cortinas del dormitorio. Qué si la huella del sueño más profundo es una boca seca. Qué si todos los proyectos, cualquier proyecto, tus proyectos, mis proyectos, son como hojas secas cayendo en el patio de atrás de un edificio de ladrillos rojos. Qué si la tormenta solar que acabará contigo y conmigo ha comenzado a estallar hace un segundo. Qué si nuestros besos. Qué.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

250

Camino junto al canal hablando por teléfono con mi amigo Carlos, una de las personas a las que más quiero en el mundo. Charlamos de Francia, del Corán, de la Biblia, de la relación entre la religión y la pobreza, de la relación entre la religión y la felicidad. Corto al paso una de las altas flores de aspecto primitivo que crecen al lado del camino, huelo su intenso aroma, le pregunto qué planta huele a anís y me contesta que probablemente sea hinojo. Vuelvo a olerlo sabiendo su nombre y de pronto todo lo sucedido a raíz de mi operación de mayo merece la pena. Le cuento que la luna creciente está preciosa y Carlos me recuerda que es la misma luna que en ese instante él sale a contemplar a trescientos kilómetros de Binéfar. Que los dos la estemos mirando al mismo tiempo la transforma en algo más que un deshabitado satélite de roca y polvo reflejando la luz del sol que se desvanece.

martes, 6 de septiembre de 2011

249

Después de las fiestas de Barbastro llegan las de Binéfar la semana que viene, de hecho ya se han instalado banderas en las farolas y fachadas. A mí no me gustan las fiestas, no me gustan nada. No me gustan las multitudes, no me gustan las ferietas, no me gustan los desfiles de carrozas, no me gusta la música de las orquestas de verbena, no me gusta la música de Sergio Dalma, el plato fuerte de este año; no me gusta bailar, no me gustan las terrazas atestadas de clientes, no me gusta el timo de la estampita y, en fin, que no, que no me gustan nada las fiestas. Pero vivo en sociedad y, como suele decirse, mientras tenga hijos menores y no pueda largarme de aquí en esas fechas, como hacen algunos afortunados entre mis conciudadanos, no me queda otra opción que sobrevivir al atentado sonoro de los bocinazos y la música estridente de las ferietas sonando hasta el amanecer a pocos metros de mi casa, supervivencia de cierto mérito teniendo en cuenta que trabajo en Barbastro y madrugo cada día. Ay, las fiestas de Binéfar todavía no han comenzado y ya me están afectando. La culpa es de la persistente memoria.

lunes, 5 de septiembre de 2011

248

Una charanga pasa por la calle mientras valoro las posibilidades que el sistema le ofrece a un albañil que ha perdido su trabajo a los cincuenta y siete años. Venciendo la tentación de volverme a mirar por la ventana termino de hacer las cuentas que abandonan a este hombre en la orilla de un subsidio de poco más de cuatrocientos euros al mes a los cincuenta y nueve años. Si no tiene ahorros, rentas o un patrimonio que le permita tirar adelante desde ese momento hasta su jubilación, va a pasarlo muy mal. Con la música festiva de fondo le informo de su situación. «Algo ya sabía», dice con la mirada perdida en el jolgorio que se desarrolla detrás de mí, «tengo una sobrina en Barcelona que sabe de estas cosas y me dijo lo mismo que tú». Asiento con la cabeza. La algarabía del sonido de los instrumentos de viento mezclado con los gritos de los críos entra en la agencia a través de las ventanas abiertas. Se levanta, me ofrece la mano, se la estrecho, me da las gracias con una esforzada sonrisa y dice, señalando el bullicio de la calle con la barbilla: «Voy a bailar un poco».

domingo, 4 de septiembre de 2011

247

Mientras escucho a mi amigo caigo en la cuenta de que conozco a pocas personas tan apasionadas como él, tan deseosas de aprender y explorar y observar el mundo como él. Nuestras voces resuenan en la calle desierta a estas horas de la madrugada. El canto de los grillos se mezcla con la fotografía, la literatura, el Camino de Santiago, la vida.

sábado, 3 de septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

245

Estaba haciendo la siesta cuando escuché los distantes cañonazos de la tormenta que esperábamos desde hace días. Permanecí tumbado en la cama con los ojos cerrados, no sé si dormido o despierto, hasta que comenzó a llover. Entonces me levanté.

jueves, 1 de septiembre de 2011

244

Igual que desde lejos los campos de maíz son suaves y apacibles hasta que al aproximarnos descubrimos las hojas de filo cortante, su crujido de pergamino, la tierra seca entre las líneas ordenadas con obsesión milimétrica, así mi corazón.

miércoles, 31 de agosto de 2011

243

La idea de una cabaña de troncos desnudos, el suelo de tierra batida, una tosca chimenea, dos estanterías, una cama, una mesa, una silla. La idea del bosque de abedules, el río y la montaña. La idea de la soledad.

martes, 30 de agosto de 2011

242

El incansable grillo de anoche debió de ligar al fin.
Me alegro mucho por él, por ella y por mí.

lunes, 29 de agosto de 2011

241

Son las cuatro y media de la madrugada y llevo despierto desde las dos. Un grillo canta incansable en el silencio del pueblo dormido, roto muy de vez en cuando por el paso de un vehículo lejano. No quiero pensar que a las siete comenzará mi jornada laboral, eso no es práctico, mejor no luchar y relajarme, disimular que duermo, imaginar que duermo en la oscuridad como esos actores que al hacer de muertos en las películas no pueden evitar respirar.

domingo, 28 de agosto de 2011

240

1.

Sueño con encierros de toros en una casa de pasillos largos, los espectadores asomados a las habitaciones. Los animales, inmensos entre las paredes estrechas, vienen y van galopando con un estrépito ensordecedor. Cuando llegan a mi altura cierro la puerta apoyando mi cuerpo contra ella, aterrorizado ante la posibilidad de que alguno de ellos entre en mi habitación, de la que no puedo escapar.

2.

De pronto estoy en una casa de campo muy grande, una hacienda rodeada de bosques y prados, en uno de los cuales se celebra una ceremonia de boda. Pero un momento... ¡Esa boda es la mía! ¡Me estoy casando con una mujer desconocida aparentemente mucho más mayor que yo! Cuando me apresuro a explicarle en voz alta que todo esto es un error, que ya estoy casado e incluso tengo dos hijos, descubro que ningún sonido sale de mis cuerdas vocales. La mujer vuelve su rostro hacia mí y me doy cuenta de que no me resulta tan extraña como pensé en un primer instante, de algún modo sus rasgos reúnen los de varias mujeres que conozco, un poco de cada una de ellas. Me sonríe. Me doy ligeramente la vuelta y veo a un montón de gente observándonos desde las filas de sillas de tijera. Me saludan con familiaridad moviendo las manos, me alientan a seguir adelante. Más allá, bajo unos toldos de lona, hay varias mesas largas donde se desarrollará el banquete. Vuelvo a mirar a la mujer, que continúa sonriéndome, y dudo.

sábado, 27 de agosto de 2011

239

Alguien dijo que la siesta perfecta no debería durar más de veintiséis minutos y, para mi sorpresa, alguien se lo tomó lo suficientemente en serio como para publicarlo.

viernes, 26 de agosto de 2011

238

Al fin han descendido un poco las temperaturas y hemos podido recuperar nuestros largos paseos junto al canal de Zaidín. En algunos zarzales las moras más tempranas ya se han secado hasta consumirse en sí mismas. Una numerosa y bulliciosa bandada de estorninos ha cruzado el cielo rumbo a sus dormideros. En un momento dado nos hemos cruzado con una pareja como nosotros, incluso vestían de modo parecido y durante un instante, mientras caminábamos a su encuentro, hemos tenido la sensación de estar contemplando una imagen especular. «Hola, buenas tardes». «Buenas tardes, hasta luego». Tal vez ellos han pensado lo mismo.

jueves, 25 de agosto de 2011

237

Paula y yo partimos hacia Barcelona poco antes de las seis de la mañana, todavía de noche. Cuando la dejo en el lugar donde va a examinarse de inglés son las ocho y diez y la ciudad todavía no ha acabado de despertarse del todo. Me acerco al Port Vell y es tan temprano que los inmensos aparcamientos están vacíos. Al salir del coche mis gafas se empañan en el acto como si hubiera entrado en una sauna. En el exterior todo está cerrado y las únicas personas con las que me cruzo son los trabajadores de limpieza y mantenimiento. Paseo sobre el muelle desierto. El cielo, ligeramente turbio por la calima, parece pesar sobre los barcos, las instalaciones y el agua. Resulta extraño estar tan solo en este lugar creado para la multitud.

miércoles, 24 de agosto de 2011

236

Me doy cuenta de que siempre estoy dando vueltas alrededor de las mismas cosas: las migas de pan, los laberintos, el minotauro; el mar de los sargazos, las cortinas convertidas en las velas de un barco; los charcos de los caminos del campo después de la lluvia, los océanos lejanos, los cercanos campos de cebada en primavera; los vencejos, los aviones comunes, los gorriones, las salamanquesas, los murciélagos; los árboles del jardín del edificio donde trabajo, el río Vero al otro lado de la calle, los viñedos que atravieso con el coche cuando voy y vengo de Barbastro; la lluvia, el viento, el fuego en la chimenea; el terror al verano en este territorio, el amor al frío de este territorio; el huerto de mis padres; el cielo, la atmósfera, el espacio, el universo; mi habitación, mi silla, mi mesa, esta pantalla en blanco en la que escribo; los estratos geológicos, las páginas sucesivas, los numerales, el paso de los años; mi coche convertido en una máquina del tiempo: el futuro en el parabrisas, el pasado en el espejo retrovisor. Soy consciente de que el mundo es muy grande y mi vida pequeña. Cada vez estoy más seguro de que el sentido de nuestra existencia reside en la exploración.

martes, 23 de agosto de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

234

Lejos, muy lejos de la capital tomada por los rebeldes, el tirano sale de su jaima y contempla las estrellas en el cielo. Hace unos minutos ha sido informado de que sus hijos fueron apresados y se sorprende de no sentir nada más que cierta perplejidad mezclada con un poso de amargura y vergüenza. ¡Pocos meses atrás las naciones más poderosas del mundo le cubrían de honores y ahora lo persiguen como a un perro! Pero sabe que ya no lo pagarán, sabe que ya no podrá vengarse con sangre y fuego, ha llegado la hora de la derrota y todo esto: la lealtad de su tribu, la noche del desierto, el peso de su verdadera edad empujando sus huesos hacia el núcleo de la tierra, es lo único que le queda. Todo esto y el infierno cuando muera. Nadie mejor que él sabe cuánto lo merece.

domingo, 21 de agosto de 2011

233

Vivo encerrado en mi casa, protegido del calor inhumano del exterior por el aparato de aire acondicionado. Sólo me consuela saber que también este tiempo lento, plano, aturdido, estéril, pasará. Qué ganas tengo de que llegue el otoño.

sábado, 20 de agosto de 2011

232

Escucho el Benedictus de la Missa Solemnis y el tiempo se detiene. El murmullo del aparato de aire acondicionado que me protege de la temperatura marciana es anulado por los auriculares. La emoción infiltra cada una de mis neuronas. Lejos queda el pasado y el futuro.





Mass in D, Op. 123 "Missa Solemnis": Sanctus: Benedictus - Ludwig van Beethoven - Berliner Philharmoniker, Christa Ludwig, Fritz Wunderlich, Gundula Janowitz, Herbert von Karajan, Josef Nebois, Michel Schwalbé, Reinhold Schmid, Walter Berry & Wiener Singverein, 1996.

viernes, 19 de agosto de 2011

231

Mientras la persona a la que acabo de atender se levanta y dos hombres se acercan a mi mesa bebo un poco de agua. Son las doce y media y fuera hace mucho calor. Los dos hombres se sientan y uno de ellos, mirando el botellín, dice: «Nosotros no podemos». Por un momento me quedo sin saber qué decir, sorprendido por su comentario, hasta que caigo en la cuenta: «¿Todavía está en vigor el Ramadán?». «Oh, sí, termina el treinta de agosto, falta mucho todavía». «¿Y no podéis beber agua incluso con las temperaturas tan altas de estos días?». «No, sólo los niños, los viejos y los enfermos». Pensando en la pulga de salchichón que me he comido hace un rato les digo: «Tenéis un dios muy exigente». Los dos hombres me observan durante unos segundos, tal vez tratando de dilucidar si estoy cometiendo algún tipo de herejía, hasta que el más hablador dice afirmando con la cabeza: «Eso es verdad».

jueves, 18 de agosto de 2011

230

Si en el laberinto sólo encuentras huesos el minotauro eres tú.

miércoles, 17 de agosto de 2011

229

Hace mucho tiempo, en un mercadillo junto a un lago, compré a un vendedor negro un elefante de madera con la trompa hacia abajo. Años más tarde alguien que lo vio en la repisa de la chimenea comentó que los elefantes con la trompa hacia abajo daban mala suerte, que los que había que comprar eran los que presentaban la trompa hacia arriba. Pensando en todas las cosas felices que nos habían sucedido desde aquella noche de ferias le pregunté por qué y la invitada se encogió de hombros. «Supongo que todas las reglas tienen sus excepciones», dijo.

martes, 16 de agosto de 2011

228

Sabes que todas estas anotaciones son migas de pan, ¿verdad?

lunes, 15 de agosto de 2011

227

Me odias porque hice aquello que debía hacer. ¿Culpas al viento por agitar las hojas de los árboles? ¿Odias al río por precipitarse hacia el mar? ¿No? ¿Entonces por qué me reprochas que anoche me alimentase de ti? ¿No sabes que las hembras de mosquito existimos para perpetuar nuestra especie?

domingo, 14 de agosto de 2011

226

Cada día la luz comienza a menguar un poco más pronto, algo que a partir de ahora, a mediados de agosto, se acelerará inevitablemente hacia las largas noches del otoño y el invierno. Sí, ya lo sé, son cosas que suceden cada año, no son ninguna sorpresa, ¿por qué deberíamos asombrarnos de algo que siempre se repite? Pero yo tengo una pequeña y sencilla respuesta a esa pregunta: porque para cada uno de nosotros sólo se repetirá un número limitado de veces. A los mortales nada debería dejar de sorprendernos.

sábado, 13 de agosto de 2011

225

Estaba preparando la comida cuando escuché el arpegio del afilador. Me asomé al balcón y lo vi allí, en medio de la calle desierta bajo un sol de justicia, soplando su flauta de Pan.

viernes, 12 de agosto de 2011

224

Por la mañana temprano llevo a mi hija al aeropuerto de Barcelona, de donde partirá rumbo a Atenas. La autopista está casi desierta y, fresco después de haber dormido durante toda la noche, conduzco con placer. Ella contempla el paisaje casi desértico por la ventanilla del coche y dice: «Cada vez que estoy a punto de hacer un viaje siento una especie de pasividad muy rara, como si las cosas sucediesen porque no hay otro remedio». «A mí me pasa lo mismo», le digo, «es algo normal, cuando todo está listo y ya se ha puesto en marcha sólo debes dejarte llevar».

jueves, 11 de agosto de 2011

223

Las doce de la noche
se aproximan a la orilla.
Todas y cada una de las olas
dibujan su huella.

miércoles, 10 de agosto de 2011

222

He estado un buen rato dejándome mecer, arriba y abajo, a cierta distancia de otro mar de sombrillas de colores. Cuando el agua cubría mis oídos el sonido del futuro era sustituido por el de un pasado mucho más antiguo y silencioso que mi especie.

martes, 9 de agosto de 2011

221

Hoy he vuelto al trabajo para cubrir la ausencia de una compañera, algo que repetiré el jueves. No trabajaba desde el veintitrés de junio, cuando me sucedió la primera hemorragia, y me ha hecho muy feliz volver a atender a la gente, hacer algo útil para los demás, regresar al mundo exterior. Finalmente adelantaré el fin de mis vacaciones al día dieciséis, el martes de la semana que viene. Me ha emocionado mucho la alegría de tantas personas al volver a verme, no la esperaba tan sincera y espontánea, uno nunca espera que le quieran.

lunes, 8 de agosto de 2011

220

Moras en la sierra de San Quílez, 8 de agosto de 2011, Binéfar.

domingo, 7 de agosto de 2011

219

A la caída de la tarde vamos a dar un paseo junto al canal de Zaidín. Durante el trayecto nos tropezamos con los cuerpos devorados de dos conejos y una paloma torcaz. El agua de color azul piscina fluye lentamente en su curso de hormigón armado. Las moras ya han madurado. Siento con precisión cómo se escapa el verano. Qué no.

sábado, 6 de agosto de 2011

218

Mi cerebro es el desierto de Gobi. El viento sopla sobre los fósiles de dinosaurios.

viernes, 5 de agosto de 2011

217

Me ducho con agua fría para poder dormir. El truco consiste en no secarse demasiado con la toalla (el calor nocturno se encargará de eso más deprisa de lo necesario). Oh, mis pequeños dioses lares, ¿porqué no nací en Galicia, en Asturias, en el País Vasco, en Bretaña, en Normandía, en Irlanda, en Islandia? ¿Por qué quienes suspiran por este calor ignominioso no nacieron aquí?

jueves, 4 de agosto de 2011

216

Los frutales están tan cargados que parecerían árboles de navidad si no fuese porque la temperatura es de treinta y cinco grados y el sudor empapa mi nuca. Al lado de los campos de peras y nectarinas y junto a los maizales regados por altos aspersores automáticos todo está seco y polvoriento, sólo un paso separa el vergel del desierto, compuesto aquí de formaciones de piedra arenisca, caminos blancos y praderas libres donde crecen el tomillo, la grama y el romero. A lo lejos veo una chopera que brilla al sol. La conozco bien y sé que está mucho más lejos de lo que parece. Allí se estará fresco, hay una acequia que corre muy cerca. Un ave rapaz vuela silenciosamente sobre el lugar donde estoy. No hay una sola nube en el cielo.