miércoles, 12 de enero de 2011

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En mi mesa hay una lámpara de arquitecto metalizada de color gris. En mi mesa hay unas gafas de pasta de color negro. En mi mesa hay un ordenador portátil MacBook de color blanco adquirido el ocho de mayo de dos mil ocho. En mi mesa hay un teléfono de la marca Carrefour de color rojo. En mi mesa hay una botella azul de cristal de la marca de agua mineral Solán de Cabras llena de agua del grifo. En mi mesa hay una taza vacía de la que cuelga un hilo blanco con un pequeño cartón rojo en su extremo donde se lee: «Té rojo Hacendado». En mi mesa hay un vaso de vidrio transparente, y nada más.

6 comentarios:

Portorosa dijo...

Y nada menos.

Lo del teléfono Carrefour se me hace rarísimo.

NáN dijo...

Pues ese dñia que te compraste el portátil, cumplía yo 61 años.

Te copio de la autobiografía de Amos Oz:

«En la sala de consulta abandonada elegí una mesa en un rincón. Allí abría cada tarde el cuaderno marrón del colegio donde ponía “Para todo” y “Cuarenta hojas”. Junto al cuaderno ponía un bolígrafo Globus, un lapicero con una goma en el extremo y una taza de plástico de color beige llena de agua tibia del grifo.

Era el centro del mundo.»

molinos dijo...

Necesito una mesa. Está clarísimo. Una mesa que sea el centro de mi mundo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Me gusta más cómo lo cuenta Jesús...

Luna dijo...

¿No hay lapicera, bolí, papel ni nada de ese tipo?
No me llames cotilla, es que me resulta raro nada más

Jesús Miramón dijo...

Anda, Porto, pues el teléfono es uno de la marca Carrefour, baratísimo pero bonito y sencillo, inalámbrico, de esos que se ponen de pie en la base.

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Nán, pues cumples años veinte días antes que yo (y muy pocos antes que Portorosa, ya lo sabrás). Tengo muchas ganas de leer a Amos Oz, lo que pasa es que ahora tengo un montón de libros esperando. Me gusta ese texto. El centro del mundo. Es verdad.

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Y como es verdad claro que necesitas una mesa, Molinos. La vida sin una mesa propia no está completa. Una mesa es imprescindible aunque sólo sea para sentarse a ella y estar pensando durante un rato sin que se te ocurra nada que escribir o hacer.

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Un beso, Teresa (y gracias).

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Es que para esas cosas soy muy raro, Luna, raro, maniático, minimalista y, según mis compañeras de trabajo, obsesivo del orden. Yo no lo veo tan exagerado pero vaya, si lo dicen por algo será. Me gusta tener la mesa despejada y como actualmente escribo siempre en mi ordenador no utilizo lápices ni bolígrafos ni papel ni nada. O también, se me ocurre ahora, lo que sucede es que amo los espacios abiertos y dentro de una casa son difíciles de obtener.