miércoles, 19 de enero de 2011

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El otorrinolaringólogo me ausculta los oídos, la boca, la garganta, y finalmente toma un artefacto parecido a una pistola en forma de aguja de unos veinte centímetros de longitud. «No se preocupe», dice, «voy a hacerle una endoscopia a través de las fosas nasales, no suele doler pero si le molesta indíquemelo». Asiento con un gesto y el doctor procede a introducirme el aparato por la nariz mientras observa una cámara de televisión situada detrás de mí. Cierro los ojos. Los abro. Me doy cuenta de que con mucho cuidado ha introducido la aguja hasta el fondo, de modo que está contemplando el interior de mi cabeza. No estoy seguro de que mis senos paranasales sean un espectáculo muy agradable pero me gustaría poder mirar a mí también.

4 comentarios:

Ofelia dijo...

Parece muy poco agradable la incursión en las entrañas. Espero que no te haya dolido.
El relato, muy crudo.
Un saludo nada invasivo***

Jesús Miramón dijo...

La verdad es que no me hizo ningún daño. Diagnóstico a falta de un tac que me harán mañana, el que ya imaginaba: tabique nasal un poco desviado, sinusitis crónica de larga duración (veinte años) y (la novedad) pólipos en los senos paranasales. Espero que no me receten corticoides, antes que eso prefiero que me operen directamente. En fin, este año he decidido meterle mano a una situación que duraba demasiado tiempo. Buenos días y perdón por hablar de estas cosas a estas horas de la mañana. Un beso.

Teresa, la de la ventana dijo...

A mi me operaron de lo mismo hace algo más de un año. Me enderezaron el tabique y me quitaron los pólipos. Poco ha durado la alegría en la casa del pobre: se me han reproducido, y de nuevo, no huelo nada.

Tengo revisión el mes que viene, supongo que me dirán cuándo me operan otra vez.

Jesús Miramón dijo...

Oh, Teresa, ¿sólo un año? He leído que a veces pasa eso. Me huelo (es un decir) que a mí también me operarán.