sábado, 29 de enero de 2011

29

Después de las copas vuelvo a casa a las tres de la mañana. Ayer estuve toda la tarde en Lérida y al regresar no tuve tiempo de cenar antes de bajar a ensayar, así que ahora me preparo dos huevos fritos que devoro con hambre de lobo en la mesa de la cocina mientras en la radio hablan, a estas horas de la madrugada, de realidades paralelas, de chamanes, del carácter sagrado de la ayahuasca, de viajes cósmicos.

8 comentarios:

NáN dijo...

En el XIX, los dueños de la noche eran los fantasmas. Y hermosas traslaciones de las teorías esotéricas de Oriente.

En todo caso, leer cualquier divulgación de la física cuántica nos lleva a los mismos puntos. No estamos solos: al menos hasta que desaparece con la muerte, nuestro cerebro es una compilación del universo percibido con los sentidos y del inventado, aunque resulta que ahora ya no se pueden llamar el verdadero y el falso.

(Salvo la realidad suprema e intensa de unos huevos fritos cuando se tiene mucha hambre).

Jesús Miramón dijo...

Nuestro cerebro es un universo (una universidad, que diría el precioso niño de Portorosa). Allí dentro, en el mundo que aparecía en las imágenes del TAC que llevé ayer a mi otorrinolaringólogo de Lérida, giran galaxias con planetas donde se agitan océanos y emergen continentes en los que se desarrollan civilizaciones enteras que aparecen y desaparecen en una noche, allí dentro, en la tormenta.

Ofelia dijo...

Es por la noche que nos alumbran todos los soles.
Un abrazo desde las estrellas***

(Nan, que bien escribes¡!¡)

Ofelia dijo...

Y tú, Jesús, como los ángeles.

Miguel Baquero dijo...

Sí, sí, mucha ayahuasca y mucha realidad paralela, pero donde estén dos huevos fritos que te devuelven a la realidad no hay nada. Estoy contigo.

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Ofelia, un beso.

Jesús Miramón dijo...

¡Tú sí que sabes, Miguel! ¡Viva los huevos fritos! Estaban buenísimos. Un abrazo.

NáN dijo...

gracias también, Ofelia, va a días; y otro beso.