lunes, 14 de marzo de 2011

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Luna. Bosque. Troya. Estos son los apellidos reales de tres mujeres a las que he atendido hoy en mi trabajo: Luna, Bosque y Troya.

6 comentarios:

Elvira dijo...

¡Qué bonitos apellidos! Y qué bueno que te hayas fijado.

Un beso

Gemma dijo...

Menos mal que la literatura tiene por costumbre emerger de los lugares más impensables... :-)
Un abrazo

giovanni dijo...

Me haces curioso al trabajo que haces... y otra vez son tres mujeres. Pura coincidencia, seguramente. Mi pregunta no necesita respuesta, a veces es igual de lindo o incluso más lindo seguir siendo curioso (lo que en general no me cuesta). Busqué la traducción de 'gracillas' y no la encontré, por razones obvias como puedes leer en mi último comentario en "Andandos".

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Por la mañana, entre otras veinte o veinticinco personas, he atendido a Luna y a Troya, por la tarde ha venido la mujer que se apellidaba Bosque. Luna no es infrecuente por aquí, y Bosque, bueno, el entrenador de fútbol de la selección españolas e llama del Bosque, pero Troya nunca lo había visto, y a lo largo de mi vida profesional he visto miles y miles de apellidos. La mujer que se apellidaba Troya era ecuatoriana.

Giovanni, pura coincidencia que de nuevo sean tres mujeres. El otro día, por ejemplo, atendí a un apicultor de setenta y dos años que no quiere jubilarse y sigue de alta y trabajando, pero se merece una entrada de mi diario para él solo.

Abrazos a los tres.

NáN dijo...

Uno de nuestros mejores académicos, el responsable de la Nueva Gramática, obra de ocho años durante los cuales, siendo un melómano, siguió comprando discos pero no le quitó el plástico de protección a ninguno hasta el día que terminó la última página de las últimas pruebas, se llama Ignacio Bosque.

Luna y Troya y Bosque, qué hermoso.

Jesús Miramón dijo...

Pues fíjate, Nán, que hoy mismo he dado de alta en la cartilla de sus padres a una niña que nació el siete de marzo y va a llamarse Aldonza. Como su madre. Durante un instante he dudado si hacerle algún comentario al padre, que es quien había venido, pero mis avezadas antenas no han detectado receptividad y lo he dejado pasar.

Una vez, hará tres o cuatro años, vino una pareja con su bebé en el cochecito, también a tramitar las cosas que se hacen cuando nace un bebé, y al abrir el Libro de Familia vi que se llamaba Olmo. ¡Olmo, Nán! Los miré y sonreí. La madre intuyó algo y me dijo: «¿Sabes de donde viene ese nombre?». «No sé», contesté, «pero yo lo conozco de la película Novecento». «¡Sí!», dijeron, «¡por fin hay alguien que lo conoce!», y a continuación estuvimos hablando de la película, una auténtica obra maestra, y del nombre: Olmo.

Los nombres y los apellidos, como bien sabes tú, compatriota gascón, a veces quieren decir más de lo que parece.