martes, 29 de marzo de 2011

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La cercanía física de la desgracia ajena es tan conmovedora como obscena. Hay algo vertiginoso, terrible, en la visión de los peores momentos en la vida de otras personas.

Recuerdo que en cierta ocasión auxilié a una persona mayor que se había caído en la calle abriéndose una aparatosa brecha en la cabeza, entre varios peatones le ayudamos a ponerse en pie tapándole la herida con un pañuelo y le acompañamos al ambulatorio cercano para que le atendieran. Minutos después descubrí que me había manchado las manos con su sangre y, para mi vergüenza, sentí asco, una repugnancia culpable que tardó horas en abandonarme.

Cuando atiendo a seres humanos en el fondo del agujero, pidiendo una ayuda que no existe cuando nunca han tenido que pedir nada, desesperados cuando hace relativamente poco tiempo vivían una vida normal, siento dolor verdadero, no figurado, es un dolor sordo parecido a la jaqueca, parecido a las náuseas. También siento, sobre todo lo demás, una gran compasión que rápidamente he de sustituir por competencia profesional, pues compasión es lo último que ellos necesitan de mí. Cuando trabajo procuro mirar siempre a los ojos de las personas, pero confieso que si rezuman sufrimiento me cuesta muchísimo mantener la mirada.

12 comentarios:

Teresa, la de la ventana dijo...

Es que la desgracia expuesta a los ojos de los demás es doble desgracia, porque nos desarma. Muestra nuestra vulnerabilidad, nuestro desvalimiento, y eso da mucho miedo al que lo sufre e incomoda al que lo ve. Porque es un espejo. Un "podría pasarme a mí". Si además tienes (o no) en tu mano la llave para solucionar parte de esa desgracia, eres poderoso, y eso es bueno y malo. Como bien dices, gente que nunca ha tenido que pedir nada se ve humillándose ante un desconocido que, por muy amable y colaborador que sea, le está viendo en su peor momento. Tu malestar físico es otro efecto espejo. Y la consecuencia de lo buena persona que eres.

Elvira dijo...

Te entiendo muy bien, y lo explicas de maravilla, como siempre. Estoy de acuerdo con lo que dice Teresa, aunque he comprobado que algunas personas, para no tener que sentir el "esto podría pasarme a mí", se apresuran a buscar causas que hacen al otro culpable de su desgracia. Con eso se parapetan tras el "como yo lo hago bien, a mí no me pasará".

Besos

Miguel Baquero dijo...

Es muy difícil "gestionar", como se dice ahora, la compasión. Es muy humano sentirla, cómo no, pero hay que darse cuenta que a veces puede llegar a herir

Diva Gando dijo...

Qué duro!! Gente que busca una respuesta, acude a ti y tu no la tienes y encima eres un privilegiado. Difícil sentirse de otra manera...

NáN dijo...

Me parece tremendo. No hay paliativos cuando se está en medio.

Patito dijo...

Nan me quitó las palabras de la boca Es triste estar al medio. Diva Gando cambio su imagen. No llego a distinguir que animalito es el que está frente a la computadora.

Jesús Miramón dijo...

Por eso a veces, cuando salgo del trabajo, necesito parar un momento y despejar la cabeza. Gracias por los comentarios. Besos y abrazos.




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Patito, el animal que aparece en el avatar de Diva es una vaca. Ella, entre otras cosas, también es ganadera (creo).

giovanni dijo...

Mirar bien, confiar (y desconfiar cuando sea necesario u obvio), ayudar de la mejor manera posible y sentr, siempre sentir, es la cuestión. Cierto, a veces duele seguir mirando.

añil dijo...

Tarde o temprano todos nos vemos alguna vez en la situación de necesitar ayuda y siempre habrá cerca alguien que sienta nuestra pena como propia. Estoy convencida que hay más buena gente en el mundo que la que nos quieren hacer creer.

Un beso

José Luis Ríos dijo...

Es una suerte poder volver, si uno lo desea, por una carretera comarcal sin apenas tráfico, poniendo en orden la cabeza y el corazón, mientras se mira el paso de las estaciones.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Añil, es verdad, la gente, mayoritariamente, es buena. De hecho estoy seguro de que las sociedades humanas continúan funcionando más o menos bien porque la gente es buena a pesar de la existencia de algunos pocos malos. La compasión y solidaridad ante la desgracia de nuestros semejantes es la norma entre los de nuestra especie, por eso lo contrario se considera una enfermedad. Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Una suerte y un privilegio, Jose Luis, como bien sabes. Un abrazo.