miércoles, 30 de marzo de 2011

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En algún lugar del universo existe un planeta girando alrededor de un sol situado a ciento cincuenta millones de kilómetros de su superficie, un planeta como el nuestro pero sin nosotros. En él hay desiertos y playas, océanos profundos, bosques, lagos, ríos, arroyos que cantan entre las piedras, montañas de cumbres blancas, nubes en el cielo donde planean grandes animales alados, praderas en las que pastan rebaños de hocicos humeantes en el frío del amanecer. El rocío cubre la hierba. Por la noche cantan los insectos, rugen los depredadores, brillan, fugaces, las estrellas fugaces.

4 comentarios:

Javier dijo...

«praderas en las que pastan rebaños de hocicos humeantes en el frío del amanecer.»
Jesús, qué estupenda frase. Una panorámica de la pradera. Te vas acercando a la hierba. De repente por detrás, casi sin notarlo, el aliento (¡fuuu!) de un búfalo gigante. Perfecto.

Jesús Miramón dijo...

Muchas gracias, Javier. Un abrazo.

Gemma dijo...

¿No lo sabías? Ese planeta se llama Espejo.
Abrazos
PS: a mí también me gusta ese momento.

Jesús Miramón dijo...

Un espejo sin carreteras ni ciudades ni pirámides ni pinturas rupestres. Un abrazo, Gemma.