lunes, 11 de abril de 2011

101

Por la mañana, mientras atendía a un joven padre recién estrenado, me llamó mi madre para decirme que G. había volcado con su camión pero que no me asustara, que estaba bien, que sólo tenía contusiones. Tras terminar con mi cliente salí al jardín y telefoneé a mi hermana, que ya había llegado al hospital de Estella. Susana estaba serena, tranquila después de haber podido hablar con él; me informó de que se había roto la nariz e iban a ir a Pamplona para que le operasen; me dijo que, dentro del susto y el disgusto por lo sucedido, se sentía feliz de que no hubiera pasado nada más grave. Le envié un abrazo para su marido, uno de los hombres más buenos que conozco, y nos despedimos con un beso. Guardé el móvil en el bolsillo y antes de regresar a la agencia, hoy abarrotada de gente, me detuve un momento junto a los castaños de indias porque necesitaba tranquilizarme. Las hojas nuevas, hace poco plegadas hacia la tierra como pequeños paraguas, se habían hecho más grandes en los últimos días, abriéndose hacia el sol.

12 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Acabo de descargarme el Cuaderno de un hombre de Cromañón. Un amigo que sabe de libros me la ha encarecido bastante...

Jesús Miramón dijo...

Gracias, espero que te guste, Miguel.

Ángel Ruiz dijo...

Yo también me estoy fijando en cómo están saliendo las hojas estos días, pero de los castaños -no de indias- que tengo a mitad de camino. Hace una semana no parecían haberse dado cuenta de la primavera y hoy ya tienen hojas saliéndoles por todas partes: es un cambio tremendo de día a día.

Jesús Miramón dijo...

La primavera es, sin duda, la estación más impertinente de todas. De las cinco, quiero decir. Un abrazo, Ángel.

Teresa, la de la ventana dijo...

Las cosas importantes de la vida se manifiestan así, de golpe, aunque se vayan gestando poco a poco, pero nuestros ojos no las ven...

Me alegro de que el susto no haya sido grave.

Jesús Miramón dijo...

Muchas gracias, Teresa, al final todo ha quedado en un susto formidable. Parece ser que el camión no ha quedado excesivamente dañado, él giraba alrededor de una rotonda pero iba muy despacio y ha volcado, por decirlo así, "lentamente", tal vez por una mala colocación de la carga dentro del contenedor, no lo sabe, pero al ser un vuelco "lento", sin arrastre, seguramente todo quede en chapa y pintura, aunque cuando se trata de camiones cualquier cosa cuesta un dineral.

Lo que uno va aprendiendo con la edad es que las cosas pueden cambiar de repente, cualquier cosa puede suceder. Yo, que cada día recorro unos cuantos kilómetros de carretera para ir a trabajar, soy total y absolutamente consciente de que puedo sufrir un accidente en cualquier momento. Por supuesto hago todo lo posible para que eso no suceda, pero quién sabe. Por eso hay que procurar no tener demasiadas cuentas pendientes cuando se sale de casa, por eso hay que procurar que la gente a la que amas sepan que les amas, viajar lo más limpio posible, vivir cada día dándole su importancia a cada día.

NáN dijo...

También me alegro, Jesús.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, Nán.

José Luis Ríos dijo...

Me alegro de que solo haya sido un susto.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Gracias, José Luis. Un abrazo.

Portorosa dijo...

Y yo, Jesús.
Tu comentario en respuesta a Teresa merecía ser post (como tantos otros).

Un abrazo, y que tu cuñado se recupere pronto.

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, Porto, y gracias.