sábado, 16 de abril de 2011

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Después del concierto de música sacra vamos al Chanti a tomar unas cervezas. Hablamos con la alegría y el entusiasmo que genera el descenso de adrenalina tras la actuación, repasando los pequeños errores, los pequeños aciertos, las anécdotas que siempre nos suceden cuando cantamos frente al público. El ambiente es maravilloso, lleno de complicidad y cariño, pero a eso de las nueve y media recordamos algo muy importante: ¡el encuentro de fútbol entre el Real Madrid y el Barcelona comenzará en pocos minutos! Todos nos levantamos de la mesa y nos despedimos, yo mismo estoy impaciente por ver el partido. El tiempo de la música ha pasado y Bach (y Mozart, y Vivaldi, y Fauré, y Giovanni Croce, y Antonio Lotti) será sustituido por gladiadores.

4 comentarios:

giovanni dijo...

gladiadores jóvenes bien pagados... y para mí menos 'gladiador' que ustedes, cantando y cantando, y después charlando y charlando. El Gladiador somos nosotros y la viejita que anda con su ‘baton’ (palabra francés para ese palito que uno usa para sostenerse).

añil dijo...

Ayer mismo estuve con un amigo que no veía hace tiempo y me dijo que ahora canta en un coro y que eso le ha aportado sensaciones que nunca imaginó. Es una suerte poder acceder a ese tipo de actividades aunque, en su defecto, busco otras que me hagan la vida agradable, dentro de lo que un pequeño pueblo como el mío puede ofrecer.

No se si el resultado del partido fue o no de tu agrado. En cualquier caso, quedan otros tres.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Giovanni, bien pagados no, ¡obscena, inmoralmente pagados! Gladiadores eran quienes luchaban en combate mortal contra su voluntad y es obvio y evidente que los futbolistas no juegan contra su voluntad, pero el engaño del deporte consiste en apelar a nuestros instintos más primitivos. Yo mismo he madrugado hoy para ver el gran premio de F1 que ha ganado, después de una carrera acojonante, el multimillonario Lewis Hamilton, y ayer me tragué el partido Madrid-Barça. No sé cómo era la carne de Bach, pero la mía es escandalosamente débil.

Jesús Miramón dijo...

Ay, Añil, no fue de mi agrado porque no ganó el equipo que yo quería que ganara. Pero quedan otros tres.

Un beso.