viernes, 22 de abril de 2011

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Fuimos de tapeo con mis hermanos. La noche estaba fresca pero se podía comer y beber en las pequeñas barras de la calle. Alrededor del Tubo, una de las zonas con más tabernas y bares de tapas de Zaragoza, desfilaban pasos de semana santa, capirotes y bombos y tambores. Cuando volvíamos a casa nos cruzamos con una procesión en el Paseo de la Independencia y nos quedamos un rato. Grabé el sonido y al escucharlo esta mañana comprendí por qué las procesiones me daban tanto miedo de pequeño.






Tapas en el Tubo y Procesión, Zaragoza, 21 de abril de 2011.

6 comentarios:

Elvira dijo...

Prefiero las tapas, nunca me han gustado las procesiones, ni de pequeña ni ahora.

Un beso

añil dijo...

Para mí, las dos primeras fotos.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Pues a mí me encantan las tapas y me interesan las procesiones. De pequeño me daban miedo y ahora me resultan fascinantes desde un punto de vista antropológico. Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Bueno, Añil, tengo entendido que en Granada también existe una gran tradición de tapeo. Y te digo lo mismo que a Elvira, para mí las dos primeras fotos pero también las otras y, sobre todo, el archivo de sonido, todo ese ruido que tiene algo de orgánico, de sísmico, de cromañón. Un beso.

NáN dijo...

Los tambores lentos anunciaron siempre la muerte.

Jesús Miramón dijo...

Aquí también la anuncian. Tortura, muerte. Sacrificio.