miércoles, 6 de abril de 2011

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Me está costando mucho hacer frente a la nueva estación. Primero fue la alergia y ahora me despierto cansado por la mañana, voy a trabajar sin ilusión, salgo de la agencia agotado y así permanezco durante todo el día, sin ganas de nada, ni siquiera de escribir. De hecho estas pocas letras son solamente el combustible mínimo necesario para mantener mi proyecto al ralentí, sin que se apague.

12 comentarios:

Teresa, la de la ventana dijo...

Pues ya haces muchisimo más que yo, que tengo el blog en barbecho...

giovanni dijo...

Cansancios generalmente pasan con el tiempo. Dejé un comentario en la entrada anterior.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Es que la sustancia de mi proyecto de dos mil once es escribir (o crear) algo cada día, desde el 1 al 365. No las tengo todas conmigo pero todavía persisto en ello.

Jesús Miramón dijo...

Hoy me he levantado mejor, menos cansado. Es posible que esté empezando a adaptarme al brusco cambio de temperatura y luz.

Un abrazo.

NáN dijo...

Es una sensación generalizada. Este ño estoy notando algo más que la astenia primaveral de costumbre.

Es como si nos fatigara todo lo que ocurre, sin que podamos hacerle frente.

giovanni dijo...

Tal vez no sea sólo la primavera sino algo que o ya sabes porque no es la primera vez que te pasa o es algo nuevo. Pocas letras es mejor que nada si es que sabemos o concordamos en lo que es 'mejor'. Podría incluir en tu lista de buenos propósitos (dejé un comentario en ese post 'antiguo'): recordarme que lo malo alberga lo bueno y que incluso a veces es bueno pasar por lo malo para llegar al bueno. Eso es por lo menos mi experiencia en mis casi 63 años (pero lo sabía ya a la mitad de esos años 'cumplidos' para dar una cifra). Estás de acuerdo?

Qué raro, de repente veo que ya dejé un comentario. Lo había olvidado (de verdad). Debe ser por el cansancio (de verdad).

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Nán: ni siquiera la luminosidad de la primavera puede ocultar la depresión colectiva, una desesperanza de fondo que yo noto con intensidad en mi trabajo.

Jesús Miramón dijo...

Bueno, Giovanni, habrás comprobado que, salvo cuando contesto muchas preguntas*, yo soy un hombre de pocas letras. Lo mío es escribir poco. Me gustan los destilados.

*:-)

Anónimo dijo...

¿Al salir del trabajo aún hablas del resto del día como "todo el día"? Consíderate afortunado por eso, al menos.

Jesús Miramón dijo...

Bueno, tal vez debería haber escrito «durante el resto del día» para ser más preciso. En cualquier caso sí, lo reconozco, me siento muy afortunado, por mi trabajo y por algunas otras cosas. Padecer un ataque agudo de astenia primaveral es compatible con sentirse afortunado, lo sé porque soy un ejemplo de ello.


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(No me gustan nada los anónimos, con lo poco que cuesta firmar ¡aunque sea con un nombre falso!)

Berna Wang dijo...

Yo estoy igual, y no suelo tener astenia primaveral (sólo recuerdo otra primavera, en Panillio, hace cuatro años, creo). Así que ayer volví del súper cargada de zumo de tomate. Aquel año de pronto me dio por tomarme un bloody Mary (sin Mary) por las mañanas, además de dos cafés con leche, tostadas, huevos, queso, fruta (y yo soy de las que apenas desayunan)). Y funcionó.
Lo gracioso es que en la cola de la frutería, y comentando lo del bajonazo, una señora me ha dicho que ella se toma medio tomate con sal.
Así que he estado un buen rato preguntándome qué tendría el tomate... Hasta que he llegado a la conclusión de que es de los pocos alimentos a los que puedes echar sal a mansalva sin que se vuelva incomestible. Y la sal sube la tensión.
En fin, por si sirve... :)
Muchos abrazos.

Jesús Miramón dijo...

Muchísimas gracias, Berna, pero ya está, ya ha pasado, ya no me levanto cansado ni estoy todo el día hecho polvo. Mi organismo ha asimilado día a día los cambios. Un beso.