domingo, 15 de mayo de 2011

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Paso la tarde planchando. Y lo cierto es que no sé cuál fue la razón de que hace ya tantos años me tocase a mí esta tarea en el reparto, porque cocinar me gusta mucho pero planchar no, motivo de que recurra sin remordimientos a la más abyecta procrastinación con los resultados previsibles: cierta vaga sensación de culpabilidad más o menos llevadera y una gran, gran montaña de ropa que, como ha sucedido hoy, me tendrá más de tres horas atareado delante de la televisión. Mi mujer me dice que soy lento porque me lo tomo demasiado en serio, que no hace falta ser tan minucioso, pero eso es fácil de decir y difícil de hacer cuando uno es tan maniático como yo: o plancho (una vez al mes) o no plancho (durante semanas), pero no sé hacerlo deprisa y corriendo. Mientras cumplo con mis obligaciones domésticas de vez en cuando echo un vistazo a la televisión, donde emiten un documental de la National Geographic sobre los pilotos que trabajan en los lugares más remotos de Alaska, la última frontera. Pequeños y bellos hidroaviones, helicópteros, avionetas; hombres duros de mostachos y perillas perfectamente recortadas; glaciares, ríos que atraviesan inmensos bosques de coníferas, costas cercadas por el hielo. Paso la plancha arriba y abajo, disponiendo y recolocando cuidadosamente las prendas, y me permito imaginar durante un rato que yo soy uno de esos pilotos que al terminar el día toman unas cervezas en el bar, felices de haber sobrevivido a una nueva jornada de trabajo. Alguien comenta que un oso se dio un paseo cerca de la gasolinera y la policía tuvo que cortar el tráfico. ¿Añado una aurora boreal a mi ensoñación? Siento en mi espalda la mirada de Maite y al darme la vuelta constato que ha dejado de corregir exámenes y me está observando. «Hola», le digo. «Hola», me dice.

10 comentarios:

Elvira dijo...

Pues prefiero planchar que corregir exámenes, de todas formas me las ingenio para que en casa casi no haga falta planchar. Según qué ropa usas, y según cómo la tiendes...

Un beso (¿has planchado con el aire acondicionado?)

Jesús Miramón dijo...

Me lo he planteado, he tenido en cuenta la posibilidad de poner en marcha el aire acondicionado, sí, pero al final no ha hecho falta porque he abierto las puertas del balcón de par en par... Jó, cómo me conoces, ¿eh?

Ah, y puedo permitirme el lujo de planchar una vez al mes porque mucha ropa nos la ponemos directamente extraída de la secadora. Lástima que no pueda ser toda.

Un beso :-)

molinos dijo...

A mi planchar no me importa y lo hago bien. Me gusta porque me abstraigo completamente y pensar en mil cosas.

Ah.y a mi un tio planchando me parece terriblemente sexy...:) y sí, ya sé que es raro.

Jesús Miramón dijo...

Moli, creo que mi filóloga personal comparte esa rareza contigo :-)

Aroa dijo...

En esta casa no se plancha... Oh

Pero este hombre que tengo al lado picando cebolla tAmbien tiene su punto

Jesús Miramón dijo...

Vamos, que os gusta vernos trabajando en casa... ;-)

NáN dijo...

Ya has dado a entender algunas veces que a Maite le encanta observar tus ensoñaciones.

Genial entrada.

Jesús Miramón dijo...

Bueno, ya sabes, algunas veces le encantan y algunas veces no... Que las tenga cuando plancho sí, así siempre le encantan, ¿por qué será? :-)

Portorosa dijo...

(¡¡Estoy entusiasmado, después de meses de castración, ya puedo comentar desde el trabajo!! ¡¡Temblad!!)

Oye, ¿qué nos pasa a nosotros dos que nos identificamos con el frío, Jesús? Yo no me veo viviendo en la Polinesia ni de coña, y sí en Alaska. Y eso que no vi "Doctor en...".

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Debe de ser algo genético, al fin y al cabo los dos somos del norte. Bueno, tú un poco más que yo pero si uno mira el mapa de España yo también lo soy (aunque luego aquí haga un calor de morirse). Ah, y por cierto: soy aragonés y catalán e irlandés, pero nacer nací en Navarra.

:-)