jueves, 19 de mayo de 2011

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Al fin aparece un celador muy amable que me llama por mi nombre de pila y me pide que me tumbe en una camilla. Me despido de mi mujer susurrándole una cosa y, una vez tendido, el celador se me lleva de aquí para allá como si fuese la mesa de servicio de un restaurante, tomando las curvas de lado y a bastante velocidad. Yo sólo puedo ver los techos de los pasillos, el de un ascensor, más pasillos y de pronto, inesperadamente, algo parecido a un montacargas que me deja en medio de lo que parece una vorágine de personal sanitario vestido con ropa de quirófano. Una chica se acerca, me dice «Hola» tras su mascarilla de colores a juego con el pañuelo de la cabeza y me aparca junto a una pared, añadiendo: «Ara mateix estem amb tu, vale?». «Molt bé, merci», le contesto. Al cabo de unos segundos se acerca una veterana enfermera que, tras leer la carpeta que llevo desde el principio sobre mis rodillas, me dice: «Hola, cariño, eres Jesús Miramón, ¿verdad?». «Sí, soy yo», contesto. «Bueno, muy bien, te voy a poner los electrodos y abrir una vía para que te puedan operar, es sólo un pinchazo, ya verás». Pega en mi pecho cinco adhesivos, me abre la vía en la muñeca izquierda, me hace una caricia rápida en el brazo sonriéndome y se aleja hacia otra parte. Al poco alguien tira de la camilla y se asoma sobre mí, es un hombre con chaqueta negra y pañuelo negro en la cabeza, parece un cocinero del Canal Cocina de la televisión. «Et porto al quiròfan amb el doctor P., soc del seu equip, d'acord?» Asiento con un gesto mientras atraviesa una puerta de acero y me encuentro ya con mi médico, que me saluda afectuosamente, y varias personas más alrededor de una mesa potentemente iluminada sobre la que me ayudan a colocarme pasando desde la camilla con mi ridícula bata azul descompuesta alrededor de los calzoncillos. Mientras alguien a mi izquierda procede a colocarme los electrodos en las pegatinas del pecho otra persona coloca un tubo en la vía de la muñeca y a mi derecha el anestesista me instala sobre la cara una mascarilla diciéndome que sólo debo respirar con normalidad, nada más que eso, respirar normalmente, «Muy bien, Jesús, lo estás haciendo muy bien», dice, y sin transición despierto en una sala junto a un biombo que me separa de una mujer que se queja como si hablara en sueños. El chico de chaqueta negra y pañuelo negro en la cabeza me ve despierto, se acerca, pone su mano en mi antebrazo y me dice: «Hale, Jesús, ja està fet, tot ha anat molt bé, et pujarem a planta i després et passarà a visitar el doctor, et sembla bé?». Yo, con el agradecimiento supurando de mi corazón como la sangre de mis narices hacia los abultados vendajes que la rellenan y envuelven, pongo también mi mano sobre su brazo y le digo emocionado con mi voz gangosa: «Sou tots molt amables, de veritat, moltíssimes moltíssimes gràcies». Él sonríe dando paso al celador y antes de que éste se me lleve me hace el gesto de OK con el pulgar levantado.

Al cabo de un nuevo viaje a través de techos de pasillos y ascensores llegaré a la habitación donde ella me espera. Después de darme un beso me dirá que he estado fuera tres horas. Cuando venga el médico me informará de que todo ha ido de maravilla y sin novedades. Volveré a tener con él otro de mis infantiles ataques de agradecimiento extremo y después ya sólo quedará una larga noche de cambio de vendajes de la nariz. Ahora mismo, al día siguiente y ya en mi casa, mientras escribo esto todavía continúa drenando, aunque me gustaría que lo hiciese un poco menos porque mañana por la tarde tengo cita en Lérida para que me lo retiren. La intervención ha pasado y el recuerdo que me llevo es el cariño con el que trabaja todo el personal sanitario, algo que siempre he podido comprobar incluso en otras y más dolorosas situaciones familiares. Levanto mi vaso de agua y, con torpeza y como puedo, bebo un trago a su salud.

28 comentarios:

QuiaSint dijo...

¡Qué misterio!

jose antonio dijo...

Jesús me has hecho recordar el paseo por los pasillos, la entrada en el montacargas, el miedo en el cuerpo- cómo no pensar en la muerte- los electrodos, el anestesista. Me ha gustado que escribas sin transición, es cierto. La operación ha durado tres horas, han hurgado en tus narices, y es como si no hubiera sucedido, ha ocurrido, estabas allí sin estar.

Javier dijo...

A ver si te recuperas pronto. Parece que todo ha ido bien.
Un abrazo

A filla do mar dijo...

Me alegro de que todo haya ido bien.
En unos días... a olisquearlo todo!!!

Anónimo dijo...

Qué suerte ha tenido usted, Miramón, le han hablado en un idioma que entiende (no a todo el mundo en Cataluña le pasa; le han tratado maravillosamente, como siempre ha visto).
¡Qué envidia! Una amiga mia en Barcelona no podía entenderlos y se enfadaban un poquito con ella.
En todo caso, lo mejor es que le hayan dejado bien su nariz y hayan dejado muy bien a mi amiga, aunque fue un poquito meno bien tratada que usted.
Es lo que yo digo cuando voy a USA, hay que saber idiomas ¿verdad?.
Muy emocionante la narración.

Seguiré leyéndolo.
Adriana

Jesús Miramón dijo...

Y que lo digas, Quiasint.

Jesús Miramón dijo...

Hola, José Antonio, es que fue visto y no visto, respirar de una mascarilla y al cabo de nada, menos de un instante, despertar casi tres horas después. La anestesia general es maravillosa pero, de algún modo, es inquietante. Todo ese tiempo ni siquiera soñado, ni siquiera vivo de verdad.

Jesús Miramón dijo...

Muchas gracias, Javier, todo ha ido bien. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Ah, Filla, no sabes las ganas que tengo de volver a oler y respirar como no he respirado jamás (la desviación de tabique era de nacimiento). Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Sí que he tenido suerte, Adriana, pero no porque algunas personas, no todas, me hablaran en un idioma que conozco tras haber vivido en Cataluña casi diez años de mi vida, he tenido suerte porque me han atendido muy bien y con mucha amabilidad, algo que no dudo hubiera sucedido del mismo modo con una persona que no hablara catalán. Y perdone usted pero detecto en su comentario ciertos... no sé, ¿prejuicios? ¿rencor?, en fin, cosas que no voy a discutirle porque esas cosas, los prejuicios, se basan precisamente en que no se pueden discutir, no pertenecen al reino de la razón.

Eso sí, no me creo que en Barcelona el personal sanitario se enfadara con su amiga porque no entendía el catalán ni que le trataran menos correctamente por ello; no me lo creo. He vivido allí, vivo ahora en la frontera y con mucha relación con Cataluña, y sé que eso no es así. Y menos en un hospital y en las situaciones que allí se plantean.

Y para terminar: sí, hay que saber idiomas, los que a uno le interesan, los del lugar donde uno vive, etcétera. Ah, y otra cosa que también conviene es despojarse de prejuicios. Castran nuestra inteligencia.

starfoxu dijo...

Jesus me alegro de que todo este en su sitio, que todo haya ido bien, pero estoy seguro que si haces un esfuerzo, seguro recordaras ese intervalo de tiempo en que la anestesia te dejo grogui, a buen seguro que si te sientas delante de la pantalla y empiezas a mover tus dedos ellos serán los que buscaran en ese mundo por ti olvidado y nos deleitaran del tan inquietante momento de la vida sin vivir.

Recupérate pronto y recibe un abrazo de un vecino.

Jesús Miramón dijo...

Pues lo he intentado y nada, Starfoxu, no recuerdo absolutamente nada. Estar y volver a estar, nada más. Tendría que inventármelo todo y, en este contexto, no es plan. Un abrazo de otro vecino :-)

Elvira dijo...

¡Cómo me alegro de que haya ido todo bien! Y también me alegra que alguien de fiar como tú, hable de forma realista y con cariño de mi tierra. Hay casos aislados que no me gustan, pero esto que cuentas es lo que yo he visto toda mi vida. Mi madre era andaluza, y jamás le hicieron un desplante por no aprender el catalán en más de 60 años que vivió aquí. Yo de ella lo habría aprendido, pero bueno.

Besos y gracias por ser como eres

NáN dijo...

¡Yuuupi!

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Elvira, como tú dices siempre hay casos aislados de personas desagradables y antipáticas, en Cataluña, en Aragón, en Madrid y en cualquier sitio. Que cuente mi operación y todo el comentario se dirija únicamente al detalle del idioma manifiesta claramente su intención.

Un beso desvelado.

Jesús Miramón dijo...

¡Gracias, Nán!

:-)

añil dijo...

Felicidades por el éxito de tu operación.
Es cierto que , en la mayoría de los casos, el personal sanitario es encantador, es un placer tratar con personas que te miran como eso, como una persona con todos los miedos del mundo.

Un beso

Portorosa dijo...

Me alegro mucho, Jesús.

¡Oler, vas a oler!

Un abrazo.

estrella dijo...

¡¡Me alegra mucho saberte en casa y bien!!

Me alegra, me satisface esa manera de decir gracias a los que han hecho, y hacen día tras día, tan bien su trabajo. Hace falta decirlo porque nomás leemos lo malo, las quejas, y hay tanto bueno en tantos lugares...

Y me gusta mucho esa defensa que has hecho de la realidad de nuestra tierra. Defensa consistente y sentida. De todas maneras, ¿por qué los que asoman para lo que asoman lo hacen con la palabra 'anónimo'?

Que pases de la mejor manera posible este viernes y déjate cuidar, por lo menos, este fin de semana...
Un beso, Jesús

PD: el relato me ha encantado...

Diva Gando dijo...

Me has puesto un mal cuerpo.....

Me alegro de que todo fuera bien.

No sabia que parlesis catalá!! Guaita!

Jesús Miramón dijo...

Yo en mi trato con personal sanitario, en hospitales de varios lugares y en circunstancias a veces muy duras (estoy pensando en mis suegros) siempre han sido amables, cariñosos y atentos con los enfermos, que es lo verdaderamente importa.

Por cierto, Añil, que tienes que explicarnos cómo congelas tú las alcachofas, ¿eh? Es una información muy valiosa para los alcachaferos, aunque llegue un poco tarde.

Jesús Miramón dijo...

A ver si me quitan esta tarde toda la parafernalia que llevo en la cara y dentro de la nariz. Estoy muy ilusionado con volver a oler (sin tomar corticoides) y respirar mejor de lo que he respirado nunca. Un abrazo, querido Porto.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Estrella, es que el agradecimiento es muy importante, es fundamental para que podamos relacionarnos con armonía y sensatez, ¿no te parece? La palabra «gracias», cuando sale verdaderamente del corazón, es la palabra más bonita de cualquier idioma.

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Diva, catalá gironí per ser més exactes... I ara amb l'accent de la franxa. Un lío.

:-)

Mayte dijo...

Me alegro, Jesús, de que todo saliera bien y de que pronto puedas tener un olfato al 100%. Como catalana te agradezco la defensa de nuestra lengua y de una realidad que muchos intentan tergiversar.

Aroa dijo...

Así, leída, tu operación parece cosa de extraterrestres... bien que salió todo bien!

Jesús Miramón dijo...

Gracias por tus buenos deseos, Mayte. Sobre lo demás, en fin, qué te voy a contar, hay tantas ideas preconcebidas.

Jesús Miramón dijo...

A medio camino entre operación de extraterrestres y cocineros de chaquetas negras y pañuelos negros en la cabeza. Todo salió bien. Ahora sólo tengo que tener paciencia.