viernes, 20 de mayo de 2011

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Qué fortuna no sabernos por dentro, besar labios y no mandíbulas, correr con nuestras piernas y no con cartílagos y huesos, pensar con la cabeza apoyada en las manos, amar con un corazón imaginario, no el verdadero.

2 comentarios:

Paco Principiante dijo...

A veces, más de las que en principio pueda suponerse, la felicidad se alimenta del desconocimiento.
¿Has visto alguna vez la Luna al telescopio? Se le llena la cara de marcas de viruela y granos. Se le cae todo el romanticismo...

Bueno, me alegra saber que te vas integrando en lo cotidiano.
Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

El órgano más sagrado de nuestro cuerpo es la piel, que oculta y se puede acariciar.