lunes, 23 de mayo de 2011

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Siempre me han fascinado los procesos corporales ajenos a nuestra voluntad: que la sangre coagule y deje de brotar, que nuestras heridas cicatricen al margen de nuestra inteligencia y nuestros pecados.

6 comentarios:

añil dijo...

Y gracias a que lo hacen por su cuenta porque nosotros damos muchas órdenes contradictorias a lo largo del día,jajajaja.

Un beso, Jesus

NáN dijo...

¡Qué grande, el Creador! Me imagino tener que leer el cuento de Cortázar cada vez que suba una escalera: terror.

¡Soy el visitante 100001!

koldo dijo...

menos mal, jesús!!

Jesús Miramón dijo...

Ay, Añil, en mis circunstancias actuales mis órdenes son: ¡vamos, vamos, cúrate ya, ya, venga, ahora! Y mi organismo dice limpiándose las manos con uno de esos trapos sucios de taller: tranquilo, tranquilo, que esto lleva su tiempo...

Un beso.

Jesús Miramón dijo...

¡Un abrazo muy fuerte a mi visitante número 100001!








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(Qué bien, Blogger vuelve a funcionar)

Jesús Miramón dijo...

Menos mal a veces, Koldo. Si mi voluntad pudiese tener ahora algún efecto acelerador en mis procesos corporales te aseguro que la ejercitaría a conciencia .