viernes, 27 de mayo de 2011

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Vi un programa sobre el cerebro masculino. Fue muy interesante porque la neurobióloga Louann Brizendine articulaba claramente algo que todos sabemos íntimamente pero no siempre tenemos ganas de expresar por miedo a no ser políticamente correctos: los hombres y las mujeres pensamos y actuamos de modo muy distinto, y esta científica explicaba que ello se debe a nuestras diferencias cerebrales y hormonales. En el último tramo de la entrevista la señora Brizendine dijo que el cerebro masculino, al envejecer, se parece cada vez más al de las mujeres: nos volvemos más tranquilos, más cariñosos, más pacientes, más dispuestos a escuchar. ¿Por qué? Por la caída en picado de la presencia de testosterona en nuestro organismo, la pieza principal del puzzle que nos convierte en hombres. Mientras miraba el programa pensé que no era un mal final pues de ese modo se cerraba un círculo casi perfecto: todos los embriones humanos son femeninos al principio de su creación y es en la octava semana de gestación cuando las cosas comienzan a cambiar con la aparición de cantidades inmensas de testosterona, una hormona que inunda los circuitos cerebrales del feto para convertirlo en un cerebro masculino, además de transformar el rudimentario aparato genital en formación en el de un macho humano. Que al final de nuestra existencia el proceso se invierta regala un simétrico y elegante colofón, pensé, al poema que es la vida de cualquier hombre.

4 comentarios:

NáN dijo...

Realmente interesante. Lo de las mujeres-hombres es cosa bien sabida: el problema ha sido social, que se las haya relegado a trabajos menores y lejos de todo control de la vida. Tanto, que todavía hoy lo de igual salario para igual trabajo está muchas veces lejos de la realidad.

Lo de los viejos es lo que me ha interesado. Aunque no siempre se produce, quizá por conductas aprendidas (cultura vs naturaleza).

Un abrazo, Miramón, que aunque los días se te hagan largas, pasan uno tras otro.

Jesús Miramón dijo...

Sí, lo sé, es una de esas cosas increíbles del siglo XXI: excepto en la administración pública pocas son las empresas donde las mujeres tienen exactamente las mismas oportunidades y salarios que los hombres. Un abrazo, Lassaletta, mi querido compatriota gascón. Los días de recuperación son largos pero, sea porque mi testosterona ya ha comenzado a descender o porque sencillamente me he rendido como los animales en el matadero, mi paciencia lo es más.

A filla do mar dijo...

También vi la entrevista y hace un par de años leí el libro "El cerebro femenino". Es muy interesante, sin duda. A mí, personalmente, me ayudó a entender(me) mucho mejor.

Jesús Miramón dijo...

A mí el programa sobre el cerebro masculino también me ayudó a entenderme y aceptarme un poco más, porque me reconocía en muchas cosas que la neurobióloga decía. Al final hombres y mujeres, por el mero hecho de serlo, somos un poquito más previsibles de lo que tal vez nos gustaría.