miércoles, 1 de junio de 2011

152

El noventa por ciento de las personas que están esperando su visita médica en el ambulatorio son mayores de setenta años. Algunos se saludan entre sí con cariño, se preguntan por familiares y conocidos, se despiden con afecto. Yo no conozco a casi nadie de esta franja de edad en Binéfar, no nací aquí y trece años de residencia no bastan. Sé que a pesar de tener cita previa deberé esperar como mínimo media hora, algo que siempre sucede aunque, como dice sabiamente una señora sentada frente a mí, «A estos sitios no se puede venir con prisa». Me digo a mí mismo que siempre seré un forastero, algo que no me desagrada. M. y yo hablamos de irnos de Binéfar cuando nuestros hijos se hayan emancipado. Antes hablábamos de hacerlo cuando nos jubilásemos pero ahora no queremos esperar hasta entonces. Hemos vivido en tantos domicilios diferentes que el cuerpo nos pide nuevas mudanzas. Mi médico se asoma a la puerta y pronuncia mi nombre y apellidos. Es más joven que yo y su trato, que me gusta mucho, es serio y amable al mismo tiempo. Vuelve a decirme, como la semana pasada, que me arme de paciencia y trate de llevarlo lo mejor posible. Nos despedimos hasta la semana que viene y salgo de nuevo a las calles de este lugar donde vivo.

12 comentarios:

fifilaplume dijo...

Ya sabes lo que decía Pascal, que la mayoría de los males le vienen al hombre por no saber estarse quieto en su habitación.

Jesús Miramón dijo...

¡Llevo quieto en mi habitación demasiado tiempo, ! Nuestro cuerpo está diseñado para explorar.

jose antonio dijo...

Qué casualidad, 13 años es el tiempo que llevo casado y que resido en el pueblo de mi mujer. Anteriormente fuí nómada, he vivido en una docena de ciudades. Ultimamente fantaseo con la idea de una furgoneta y dar una vuelta por ahí. Uno se casa, tiene hijos y parece que ya está atado a un lugar para toda la vida. Inquietante.

Jesús Miramón dijo...

Yo no he vivido en tantas ciudades aunque sí en ese número o más de domicilios y casas distintas. Salvo la época en la que viví con mis padres nunca había estado tanto tiempo seguido en una dirección como el que llevo en la actual, unos diez años.

Miguel Baquero dijo...

La última frase creo que lo dice todo: "el lugar donde vivo", que no es lo mismo que "mi lugar"

jose antonio dijo...

Una furgoneta y viajar, sin un destino determinado. El cerebro en los pies.

QuiaSint dijo...

Acabaréis en Zaragoza. Al tiempo.

:-)

Jesús Miramón dijo...

El cerebro en los pies, sí. Cuántas veces no hemos sentido la tentación de no tomar la salida de la autopista que debíamos tomar y seguir acelerando hacia adelante, hasta llegar al mar o cruzar los Pirineos y otros países después...

Jesús Miramón dijo...

Pues es posible, Qia Sint, la única vivienda que tenemos, heredada, está allí, aquí vivimos de alquiler, así que bueno, no me extrañaría que Zaragoza se convirtiera en un cuartel de invierno. Pero Asturias sigue en pie en nuestro pensamiento.

Jesús Miramón dijo...

Lo he escrito inconscientemente, Miguel, y se me ocurre que en realidad no tengo ningún lugar. No sé, tal vez ahora, durante estos años, sí sea éste mi lugar como antes lo fueron otros.

NáN dijo...

La gente que trabaja en la SS es amable y eficiente.

Para mi desgracia, me toca un centro hospitalario cuya gestión ha sido privatizada a una empresa americana por Esperancita. Ayer llegué por fin, tras una rotura vertebral hecha el 1 de enero, al neurorradiólogo. Cuando vio la última RM, hecha el 25 de enero, y el estado en que mis huesos se encontraban entonces, ese médico, de unos 60 años, a diferencia de los que he ido teniendo (menos la magnífica reumatóloga), me dijo, lo que voy a decir ahora no tiene nada que ver contra usted. Se levantó, abrió la puerta para que todos le oyesen y empezó a gritar: ¡¡¿Cómo es posible que no le hayan hecho una RM de control y lo hayan enviado a mí en marzo?!! Por no gasta dinero le han tenido sometido a fuertísimos dolores. Esta medicina es inconcebible!!!! Cuando es algo que con una pequeña operación, de 24 horas de ingreso, se lo puedo curar para siempre.

El traumatólogo, un joven de treinta y tantos, me habó del control, pero luego se olvidó, porque debe recibir directivas contra el gasto.

Al final, dolor suplementario para el paciente que paga sus impuestos y solución tardía.

Los que vivís en sitios donde no se privatiza la gestión de la Sanidad, no sabéis la suerte que tenéis. No os creáis lo de que todos son iguales.

Jesús Miramón dijo...

¿En todas las Comunidades Autónomas donde gobierna el PP se ha privatizado la sanidad pública? Porque aquí en Aragón es muy probable que gobiernen...

Y es que aunque sea verdad que la sanidad pública tiene muchos problemas, sobre todo las largas listas de espera, si además introduces el criterio del beneficio económico o el ahorro indiscriminado del gasto entonces sí que ya podemos encomendarnos a nuestros buenos genes y a los curanderos.

Nán, lamentable que te hayan dejado sufrir cuando te hubieran podido solucionar el problema gastándose un poco más del dinero que pagamos entre todos... Una vergüenza.