sábado, 4 de junio de 2011

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Sucedió hace aproximadamente un año por estas mismas fechas. Yo preparaba la cena en la cocina y Paula dejó de estudiar y vino a sentarse cerca de mí un rato. En el baqueteado y rudimentario equipo de música que siempre está en marcha mientras cocino sonaba la famosa Variación número dieciocho sobre un tema de Paganini de Rachmaninov, una pieza que me gusta mucho. Lo que pasó fue que en un momento dado me di la vuelta y me encontré a mi hija llorando. Le pregunté qué le pasaba y encogiéndose de hombros me dijo que no lo sabía. La abracé y, como ella, sin saber exactamente por qué, lloré también.


Rhapsody On a Theme of Paganini: Variation XVIII. - Andante Cantabile - Libor Pesek, Mikhail Pletnev & Philharmonia Orchestra, 1988.

10 comentarios:

Elvira dijo...

Ella no sabía lo que le pasaba, pero sabía que podía contar contigo. Hermoso. Y no hay que dar por sentado que los hijos puedan contar con sus padres. No siempre es así.

Besos, padrazo!

Teresa, la de la ventana dijo...

Tiene suerte de tener un padre como tú. Quizás era eso lo que le pasaba, que se estaba dando cuenta, pero no se atrevió a decírtelo.

jose antonio dijo...

Es una suerte contar con personas así, con esa sintonía de emociones. Al escuchar la música me ha parecido que fue banda sonora de alguna película muy conocida.

Paco Principiante dijo...

"cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer."

Un abrazo, Jesús.

Al final seremos siempre jóvenes.

Portorosa dijo...

Felicidades.

José Luis Ríos dijo...

Anteayer por la mañana acompañé, para una prueba de acceso al Conservatorio, a una chica de 16 años que tocó, entre otras piezas, el Preludio de la Suite nº1 de Bach para cello, y ésta la tocó sola, a tres metros de mí, entera. Es una estudiante, pero me emocionaron igual, ella y Bach. El sonido tan cercano, la evidente dificultad de la pieza, la intención con la que tocaba, sus nervios al principio, su seguridad después...la música llega a lugares que no llegan otras artes, y llega de otra manera. Tú ya lo sabías, y tu hija creo lo experimentó entonces. Lo cuentas muy bien, Jesús.

Un abrazo

añil dijo...

es preciosa esa conexión que establecemos a veces sin necesidad de palabras.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Yo creo que fue la música, unida a que el año pasado, el último de bachillerato antes de ir a la universidad, estudió mucho y a estas alturas debía de estar ya saturada. Pero sobre todo la música, creo que fue eso: la música infiltrándose en el corazón. En mi caso fue verla llorar a ella mientras sonaba la música y la intuición de que dentro de pocos meses se iría de casa. Lo recordé ayer mientras, precisamente, escuchaba las Variaciones de Rachmaninov, un músico que me apasiona.

Gracias a todos. Besos y abrazos.

NáN dijo...

Una historia ejemplar.

Jesús Miramón dijo...

Es el milagro de la música, que, como dice José Luis, alcanza nuestros corazones como ninguna otra expresión artística.