sábado, 11 de junio de 2011

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Después del ensayo vamos al Chanti a tomar una copa. Estoy contento, me siento tan feliz de volver a las andadas y estar con mis amigos. Las conversaciones vienen y van entre gintonics, cervezas y vaqueros de whisky y pacharán. En un momento dado, con el bar ya vacío, nos ponemos a cantar. Alrededor de la mesa hay una soprano, un bajo, un tenor, tres contraltos y una directora. Es más que suficiente.

7 comentarios:

añil dijo...

No me importaría vivir al lado de ese bar.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Un beso, Añil.

NáN dijo...

La vida milagrosa; basta con mirar atentamente.

Aroa dijo...

Pequeñas cosas que nos hacen feliz.
¿Recuperado entonces?

Jesús Miramón dijo...

Mirar atentamente es importante, aunque reconozco que si uno se apellida como yo lo tiene más fácil :-)

Jesús Miramón dijo...

Ay, las pequeñas cosas... Son el tesoro de la vida.

Jesús Miramón dijo...

Ah, y gracias, Aroa, sí que estoy muchísimo mejor. A veces tengo breves y maravillosos atisbos del olfato perdido pero todavía no lo he recuperado. Eso tardará un poco más. Gracias.