martes, 14 de junio de 2011

165

Tras casi un mes de baja laboral hoy vuelvo al trabajo. Anoche estaba nervioso y, qué tontería, me costó un poco dormirme. Tengo ganas de recuperar mi vida normal, volver a escuchar a la gente, estar junto a mis compañeras.

Junto al balcón del dormitorio zurean las tórtolas turcas, su sonido amplificado por el aire todavía fresco de la mañana. Pronto regresará el calor dispuesto a reconquistar el campo de batalla que la noche le arrebató ayer durante unas horas.

8 comentarios:

añil dijo...

Feliz regreso a la normalidad.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Añil, todo ha ido de maravilla. He recibido, además del tuyo, besos de mis compañeras y su interés sincero. La verdad es que me siento muy afortunado de trabajar en algo que me gusta y con compañeras que me quieren.

Un beso.

Carmen dijo...

Entre el zureo mañanero de las tórtolas turcas y el loro (cacatúa o papagayo) de la tarde, entiendo que estés deseando volver a escuchar a la gente durante la jornada.

Y si son unas buenas compañeras mejor, porque así además, podrás conversar animadamente.

Jesús Miramón dijo...

La verdad es que estoy rodeado de pájaros por todas partes, porque además están los chillidos de los vencejos y aviones comunes por la mañana y por la tarde (el único consuelo es que se alimentan de mosquitos, moscas y demás insectos voladores).

Antes de sentarme delante de esta pantalla he salido a la terraza y he sorprendido a mi salamanquesa favorita, inmóvil en el muro. A ella también me he alegrado mucho de volver a verla. La última vez fue a finales del verano pasado.

Como decía el otro día: vida a raudales.

Elvira dijo...

Tu vuelta a la normalidad suena un éxito. Me alegro, porque a veces se queda uno un poco debilucho después de una intervención.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Ya estoy muy bien, Elvira, gracias. Y el olfato, muy poco a poco, regresa. Un beso.

Ángela dijo...

Parece que todos los pájaros que te rodean son de buen agüero. Estupendo.

Jesús Miramón dijo...

Estupendo de verdad. Me sabe mal que antes, en mi respuesta a Carmen, dije que el único consuelo es que los vencejos se comen a los insectos voladores. No es cierto, no es necesario ningún consuelo porque de los vencejos me gusta todo: su vuelo acrobático y velocísimo, sus chillidos aéreos y hasta la maestría de sus nidos colgantes. Para mí, como bien dices, Ángela, siempre han sido aves de buen agüero.

Eso sí, los loros, como todos los pájaros, me gustan más volando libremente en los documentales que en sus grandes jaulas chillando con una demencia totalmente comprensible. Una pena.