miércoles, 15 de junio de 2011

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Poco a poco el olfato regresa a mi vida. Me operé para eso. Esta mañana, mientras me duchaba, sentí débilmente el aroma cítrico del gel de baño y me emocioné. Nadie que no haya perdido ese sentido sabe lo ciego y sordo que uno se siente sin él. Cuando en febrero lo recuperé temporalmente de un día para otro, gracias a los potentes corticoides orales que me recetó mi médico, fue como si el mundo se iluminase, algo prodigioso que me animó definitivamente a entrar en el quirófano. Aunque se trate de un proceso mucho más lento ahora aspiro a algo permanente y natural, porque sé, y de qué modo, que los días pasan, fluyen, corren, se precipitan.

4 comentarios:

Ángela dijo...

¿Aspiras? Muy bien traído el verbo.

Sin el olfato, el gusto y la memoria se resienten.

Jesús Miramón dijo...

Y muy bien visto, Ángela, porque creo que has ido más lejos que yo, que elegí esa palabra inconscientemente. Ay, las palabras, qué haríamos sin ellas.

Sobre el gusto y la memoria: yo he llegado a oler algo sólo con la memoria e incluso con la imaginación. Un sucedáneo en época de necesidad.

Anónimo dijo...

¡Qué bien, recuperar pequeños (o no)placeres cotidianos!

Jesús Miramón dijo...

Los pequeños placeres cotidianos son uno de los grandes tesoros de la vida.