jueves, 16 de junio de 2011

167

Nos asomamos al balcón para contemplar el eclipse lunar. En la calle un pequeño murciélago aletea de aquí para allá cazando los insectos que, como diminutos Ulises, no pueden evitar la llamada de las bombillas de bajo consumo de las farolas municipales. Tampoco nosotros podemos dejar de mirar la luna llena temporalmente cubierta casi en su totalidad por una sombra oscura: la nuestra.