martes, 5 de julio de 2011

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Es el segundo día y ya me he acostumbrado a la rutina del hospital. Por la mañana esto es un tráfago de personas: la enfermera que cambia los goteros, la que te toma la temperatura y la tensión, las auxiliares que hacen la cama, la limpiadora que deja todo como los chorros del oro siguiendo una coreografía practicada miles de veces. Luego hay un rato de tranquilidad y luz natural hasta que el médico pasa a informar de cómo van las cosas. Por la tarde es el momento de la siesta y las visitas, aunque estar en un hospital significa, al menos en mi caso, vivir permanentemente de siesta en siesta, de cabezada en cabezada incluso por la noche. He llegado a pensar que ponen algo en los goteros para tenernos en este verdadero estado de reposo que consiste en estar medio dormido y medio despierto. Así las horas transcurren lentamente, quietas y silenciosas.

Sentado en el borde de la cama frente a la ventana tomo el desayuno: un vaso de leche con un sobre de café descafeinado y unas galletas María. La bolsa de calmante entra a toda velocidad en mi caudal sanguíneo produciendo una extraña sensación de frío interior al principio de la vena. Me digo a mí mismo, una vez más, que debo tener paciencia. La tendré.

11 comentarios:

Ángel Ruiz dijo...

Quizá te haga gracia verte citado en este artículo.
Y ánimo con la terapia de reposo inducido.

molinos dijo...

Piensa que por lo menos puedes contarlo y sacar provecho de la experiencia.

Ánimo...

José Luis Ríos dijo...

Claro que sí, Jesús, la tendrás. Además, seguro que hay un lado positivo de todo esto, si lo piensas bastante.

Un abrazo

Ángela dijo...

Jesús, cuando he leído lo del desayuno (que es verdad, lo he visto millones de veces en los hospitales), he pensado qué diría un americano ante tal frugalidad. ¿Te imaginas que te pusieran dos huevos fritos, tres tiras de bacon, patatas paja a la plancha (hashbrowns), y dos tostadas? O, en su defecto, tres panqueques bien regados de sirope de arce.
Con un desayuno así, la siesta matutina estaría garantizada. Y sin drogas.
Me alegro de que hoy también hayas podido escribir.

Teresa, la de la ventana dijo...

Me suena tanto esa rutina... Viví meses enteros inmersa en ella, de acompañante, día y noche. Hace mucho que, debido a eso, no entran en mi casa galletas Maria...

Paco Principiante dijo...

No me lo llego a creer. Jamás pensé que me fuese a preocupar tanto por alguien que ni siquiera conozco el rostro.
Ponte bueno pronto, y a ver si esas hemorrágias cesan de una vez por todas.
Me tienes (nos tienes) en un sinvivir.
Un abrazo amigo.

Victoria dijo...

Hago mías las palabra de Paco Principiante, estoy más preocupada por tu salud que por la mia. Tómatelo con calma y descansa.
Un saludo.

añil dijo...

En estos caso es lo más aconsejable, la paciencia.

Ánimo y poco a poco.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Muchas gracias a todos, gracias por los ánimos. Aquí estoy, envidiando a la gente que pasea por la calle ¡aunque lo hagan a 38 grados de temperatura!

Jesús Miramón dijo...

Ángel, muchas gracias por la referencia a ese artículo.

giovanni dijo...

Aquí me gusta en especial: 'las horas transcurren lentamente, quietas y silenciosas'. Pero por supuesto el encanto de estas palabras se debe al resto del texto.

Otro abrazo