viernes, 8 de julio de 2011

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A mi compañero le han dado de alta hoy, algo que me ha hecho muy feliz por él y por mí. Lo primero que he hecho cuando se han marchado ha sido ir al diminuto cuarto de baño a hacer tranquilamente mis necesidades. Ojalá no vuelvan a traer a nadie más hasta que me vaya, mi estancia en el hospital es mucho más cómoda y terapéutica si estoy solo. Ayer apenas pude descansar debido al número de visitas que tuvo mi vecino de cama, ¡por la tarde llegaron a reunirse siete personas en el pequeño cuarto, y afuera esperaban más para turnarse! Finalmente tuve que irme a leer a una sala de visitas mientras sus visitas ocupaban la habitación. Estuve a punto de protestar y exigir que se cumpliesen las normas de un visitante por enfermo, pero como sabía que la causa de aquel despropósito se iba a marchar al día siguiente me aguanté y me callé. Quién me ha visto y quién me ve.

8 comentarios:

javimar dijo...

Quién te ha visto y quién te ve... ¿protestar o callarte?

Perdona por la broma fácil.

Yo también he estado haciendo visitas, no sé si a ese mismo o a otro hospital de la ciudad, para visitar a familiares.

Espero que te recuperes pronto.

Jesús Miramón dijo...

Gracias, javimar. En tiempos hubiera protestado, los años me han hecho más manso.

Ángela dijo...

El territorio, amigo, el territorio. Los percibiste como invasores, como enemigos. Podrías haberte sumado a la fiesta.
Es una observación.

José Luis Ríos dijo...

Ya debe de quedar poco para salir, seguramente.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

No, Ángela, no se trata de territorio sino de intimidad. Y no se trata de una fiesta sino de una convalecencia, una situación donde precisamente lo que más se requiere es eso: intimidad y tranquilidad.

Es la única pega que le pongo al sistema público de salud, la obligación de compartir pequeñas habitaciones con desconocidos, aunque yo he tenido mucha suerte, ahora vuelto a estar solo y si mañana me dan de alta de las siete noches sólo dos habré tenido compañía obligatoria.

Jesús Miramón dijo...

Hola, José Luis, a media mañana me han quitado el taponamiento posterior. Ahora estoy a dieta absoluta por si volviese a sangrar, en cuyo caso iría directamente a quirófano. Si, como hasta ahora, esto no sucede, mañana al mediodía me darían de alta. Habré estado ingresado una semana (aunque confieso que hasta que no pase mucho tiempo sin nuevas epistaxis no estaré tranquilo). Un abrazo.

Miguel Baquero dijo...

Qué razón tienes, y cuántas veces no habremos incumplido nosotros, cuando estábamos sanos, esa norma. A veces, sólo estando realmente en la piel del otro es capaz de ponerse uno en su pellejo... me ha salido una frase rara, pero espero que se entienda

Jesús Miramón dijo...

Hola, Miguel, durante las hospitalizaciones de los abuelos maternos de mis hijos me convertí, cuando estaba presente, en una especie de ogro para las visitas, imponiendo el sentido común que por norma general era violado permanentemente. A un hospital se va a ayudar o a acompañar discretamente, no a hacer multitudinarias tertulias o ver partidos de fútbol o ponerse al día de los cotilleos de la familia...

Un abrazo.