jueves, 21 de julio de 2011

202

Por la mañana vamos a Lérida a renovar los documentos de identidad de mis hijos. Al entregar los caducados contemplo sus retratos infantiles y algo se remueve dentro de mí. «¿Qué haré yo sin el don de su infancia?», se preguntaba un poeta, y recuerdo haber leído aquellos versos entonces, hace ya cinco o seis años, como quien lee el futuro. No pasa nada, me digo. O tal vez sí, ¿cómo es posible que me deje ganar por esta tristeza injusta, esta nostalgia inmadura, tan impropia? Salimos a la calle. El río Segre fluye civilizadamente entre praderas de césped bajo un cielo muy azul. Ellos, casi tan altos como yo, caminan delante de mí riendo y empujándose, ajenos a mis sentimientos. Oh, sí, no hay nada nuevo bajo el sol.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Te leo siempre. Haces post pequeños, pero siempre tiernos. A mí me gustan .
No hace mucho estuve en una oficina como la tuya. Necesitaba renovar la tarjeta de asistencia europea. Y no me hablaron de músicos polacos, ni de lo grande que se ha hecho mi niño ..., ni siquiera del tiempo.

Teresa, la de la ventana dijo...

Se te escapan, Jesús. Sus infancias. Tiene que ser duro, aunque paradójicamente quieras verlos crecer, y volar.

Ángela dijo...

No hay nada nuevo bajo el sol, pero es nuevo para cada uno. Es una experiencia que no habías vivido antes.
No pasa nada, el río sigue fluyendo y algún día ellos también estarán en tu lugar.

Jesús Miramón dijo...

Lo siento, Anónimo (¿Anónima?), en todas las profesiones hay de todo. Gracias por tus palabras.

Jesús Miramón dijo...

Se escapan y, sabiendo como sé que ha de ser así, se me rompe el corazón. Soy así de idiota.

Jesús Miramón dijo...

Es nuevo para cada uno, es verdad, Ángela. Nadie se baña dos veces en el mismo río.

Portorosa dijo...

Oh, pero qué tiene que ver que lo sepamos con que lo sintamos, Jesús. Incluso que deseemos que vivan su vida, y que crezcan, y que avancen, es perfectamente compatible con lamentar que dejen de ser niños.

Eso creo.

Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Ya, Porto, tienes razón, es compatible, claro que sí, lo sabemos, lo sentimos y el mundo sigue girando, mi vida sigue girando sin el don de su infancia. También: una cosa son las palabras y otra el dolor del corazón. ¿Qué tiene que ver? Nada. Todo. Cuando la pena es tan irracional el discurso también lo es. Un abrazo.

Paco Principiante dijo...

Jesús, yo tuve un pseudo-ensayo de padre con mi hermano menor, con el que me llevo 12 años, y me sorprendí viendo como abandonaba su inociencia, y como a su suave mejilla le salía una barba recia.

Por eso ahora, con los míos, me los bebo sabiendo que algún día echaré tanto de menos esta etapa.

¿Qué tal esa recuperación?

Jesús Miramón dijo...

Bébelo y disfrútalos, Paco, como bien sabes. La recuperación va muy bien. Un abrazo.

NáN dijo...

Es tremendo, verlos crecidos y viviendo su vida. Nadie te prepara para eso.

Y conste que mi compañera y yo no hemos tenido ni la menor ráfaga de eso que llaman el "nido vacío". Hemos disfrutado como enanos.

Lo peor es lo que te ha pasado, esos vislumbres fugaces que son como mojones que señalan que estás en el kilómetro 150 de la ciudad de partida, pero no hay una carretera de regreso.

El tiempo pasa y eso es lo que cuesta aceptar.

Jesús Miramón dijo...

Nadie nos prepara. Es curioso porque lo cierto es que no nos sucede nada que no le haya sucedido antes a millones de personas, pero nadie nos prepara. Es como el bien guardado secreto de los postoperatorios: allá cada cual, sólo los iniciados (es decir, todos los operados) sabrán.

Un abrazo, Nán.

Aroa dijo...

Yo, que todavía sigo siendo solamente hija, me pregunto qué sentiría al leer estos fragmentos si los escribiera mi padre.

Jesús Miramón dijo...

Yo también me lo pregunto.