viernes, 22 de julio de 2011

203

Bajo a tirar las bolsas de basura. En la calle corre una brisa muy agradable y decido dar un paseo. Un hombre está sentado en un banco contemplando pasar los coches, su caniche a los pies con los ojos cerrados. Una vez más me pregunto cómo es posible que haya terminado viviendo aquí, en este preciso lugar y no en otro, en este sitio al que ningún vínculo familiar me une aunque sí, después de estos años, los de la amistad. Es la hora en la que los vencejos salen de caza sobre los tejados, bajo las estelas blancas de los aviones de pasajeros.