sábado, 23 de julio de 2011

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Ningún país ni época está a salvo de la demencia. En realidad todos, cada día, sobrevivimos a ella.

6 comentarios:

Elvira dijo...

¡Qué espanto!!!

Jesús Miramón dijo...

Terrorífico.

Ángela dijo...

No todos, Jesús, no todos.
Pero entiendo lo que quieres decir. Y, sí, aunque no nos demos cuenta, nuestra vida siempre pende de un hilo.

Jesús Miramón dijo...

En referencia a lo ocurrido en Noruega algunas personas se preguntan cómo es posible que un solo individuo haya sido capaz de causar semejante tragedia. A mí me sorprende esa pregunta porque un solo ser humano puede hacer muchísimo muchísimo daño, sólo es necesaria la determinación. Bueno, para algo como lo que ha sucedido en Noruega también hace falta un grado de demencia, de psicopatía, imprescindible para asesinar a sangre fría a tantos jóvenes indefensos, tan indefensos como lo estamos todos pues no existe modo de evitar algo así.

Conduciendo por las autopistas de tres carriles que llevan a Barcelona, todos ocupados por coches circulando a ciento veinte kilómetros por hora, a menudo me he preguntado cómo es posible que no choquemos unos con otros, que no haya nadie que decida hacerlo, que, increíblemente, miles de personas con un acelerador bajo su pie derecho sepan y quieran respetar las normas y posean la destreza necesaria para conducir a toda velocidad entre los demás sin que haya ningún accidente. A ese tipo de cosas me refiero cuando hablo de supervivencia.

La demencia asesina, por fortuna, es algo muy escaso entre nosotros, pero lo que es innegable es que únicamente el azar nos salva de cruzarnos en su camino.

NáN dijo...

La única protección es un Estado fuerte sustentado sobre las necesidades de los ciudadanos y la solidaridad. Puesto todo eso en una Ley.

No se puede impedir un ataque de locura. Pero sí que este se reproduzca con facilidad.

Y ya que estamos todos vigilados, el brazo ejecutor de la Ley debería prestar más atención a toda expresión de "odio".

No es fácil: precisamente por ello debemos trabajar, tanto en nuestro interior como en conjunto con los demás.

Jesús Miramón dijo...

Parece ser que no estamos tan vigilados como a veces podemos creer. El asesino noruego había dejado en Twitter y en Facebook mensajes violentos.

No, no es fácil. Precisamente en países democráticos y con la tradición de libertades que existe en Noruega es donde más fácilmente pueden hacer estragos semejantes individuos.