domingo, 24 de julio de 2011

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Ya han pasado quince días desde que salí del hospital, lo cual significa que a partir de hoy puedo hacer vida normal y abandonar el reposo absoluto, algo a lo que me he acostumbrado con una temible y sospechosa facilidad. Claro que como el miércoles tengo visita médica en Zaragoza tal vez lo prolongue, al menos en algunos de sus términos, hasta entonces. Hum.

16 comentarios:

Elvira dijo...

Jajaja! No sé si te acostumbrarías tan fácilmente si te hubieran dicho que tenías que hacer reposo siempre. Entonces lo verías como una losa, seguramente.

Un beso

Jesús Miramón dijo...

Claro, Elvira, seguro que sí. Era sólo una broma. Un beso.

Ángela dijo...

Pregunta a los aviones de tu terraza, a ver qué dicen.

Jesús Miramón dijo...

¿Los aviones de mi terraza? A estas horas, ante el nuevo día que comienza, chirrían como tizas nuevas en una pizarra diciendo: "¡Vamos, pedazo de carne con ojos, mueve tu culo y haz cosas, sal al mundo, vuela!".

:-)

NáN dijo...

El miércoles, verás cómo se tranforma un "hum" en un Yupi.

Yo hago ya tres paseos: el de la mañana, a tomar un café de cafetería; el de antes de comer, a tomar un buen rioja; y el del atardecer, a tomar un escocés con hielo ("¿Tienen Macallan, por favor?"). Como verás, todo muy antitrombótico y muy procirculación.

Teresa, la de la ventana dijo...

Reposo absoluto, no. Pero cuidarte algo más, sí. Es algo que se debería hacer siempre, como un mantenimiento automático, sin que tengamos que ver las orejas al lobo para empezar a reaccionar.

Lo cual no implica que sigas al pie de la letra los consejos alcohólicos de NáN. Me pregunto por qué la sobriedad tiene tan mala fama y ser borrachuzo es tan cool. Nunca lo entenderé.

Jesús Miramón dijo...

Muy bien hecho, Nán (aunque un Macallan debe de salir por un dineral). Además, seguro que en esas cantidades es verdaderamente bueno para la circulación... Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Tienes razón, Teresa, debo cuidarme un poco, ya lo hacía antes de la operación (14 kilos me separan de quien era a estas alturas del verano pasado).

Es verdad que la sobriedad tiene mala fama. No sé por qué. Yo mismo nunca acabo de fiarme de una persona que no bebe jamás ni tiene ningún vicio, estoy seguro de que se trata de un prejuicio idiota pero es verdad, tal vez debería empezar a liberarme de él (y, de paso, de todos los demás). Ahora bien, ser un borrachuzo (algo que, por cierto, no tiene nada que ver con tomarse un par de vinos y un buen whisky como hace Nán) nunca ha sido cool, no sé de dónde has sacado eso. En mi trabajo he podido conocer alcohólicos y borrachuzos de los de verdad y da mucha pena ver cómo han destrozado su vida. Ser un borrachuzo es absolutamente incapacitante, no tiene nada de cool. Tomar una copa de vez en cuando es, para mí, disfrutar de uno de los placeres que nos ofrece la vida.

Teresa, la de la ventana dijo...

La borrachez es un plus, Jesús, lo era cuando yo era joven y lo sigue siendo ahora. No bebas como es debido y quedarás fuera del grupo que compra botellas en el chino, además de quedar como una sosa y una pan sin sal. No se puede mirar mientras los demás se chuzan, no tiene ningún sentido. Y ahora mismo lo sigue siendo: molarás mucho más si hablas de ginebras y tónicas raras. Es así de triste y superficial. Te lo dice una no bebedora sin más mérito que no gustarme el 90% del sabor de los alcoholes y por ser una acojonada de la guardia civil cuando conduzco y existe la remota posibilidad de que me multen o pierda puntos del carnet. ¿No soy de fiar por eso? ¿Soy una sinsustancia a la que no se puede llevar a ninguna parte? Pues lo mismo. De hecho, así me he sentido muchas veces a lo largo de mi vida: una excluída social por no beber.

Jesús Miramón dijo...

Teresa, en el ambiente en el que yo me he movido y me muevo, tanto de joven como ahora, ser un borracho nunca ha sido un plus, más bien todo lo contrario. Ni siquiera he comprado jamás una botella de alcohol en un chino (en mi época no existía el botellón). ¿Que ahora está de moda el gin-tonic y todo el mundo habla de eso y que existe mucho pijerío al respecto? Pues sí, pero siempre han existido las modas y, por cierto, a mí el gin-tonic me gusta mucho según en qué situaciones. No sé. Tú hablas por tu experiencia, que no se parece en nada a la mía. Ha habido épocas en las que no he bebido durante meses y nunca me he sentido excluido por eso, me tomaba mis cervezas sin alcohol (San Miguel 0,0 es la mejor) y santas pascuas; en nuestras noches después del ensayo con el coro hay compañeras que se toman un poleo, un cortado con hielo o cualquier otra bebida sin alcohol y, desde luego, el ambiente es igual de maravilloso que si tomaran cualquier otra cosa. Y, vaya, si hablamos de ser sinsustancia convendrás conmigo en que puede ser un absoluto sinsustancia bebiendo como un cosaco.

Y ahora siento una curiosidad: ¿el sabor de qué bebida o bebidas alcohólicas es ese 10 % que sí te gusta?

Jesús Miramón dijo...

También se me ocurre, querida Teresa, que si el grupo de gente con el que estamos nos excluye por no beber lo que debemos hacer es largarnos de ahí cagando leches, semejante actitud demuestra muy poca calidad personal por su parte, no merecen la pena.

Laura Baliñas dijo...

Es la segunda vez que intervengo en el blog y hoy es para decir que si te excluyen por no beber a lo mejor es hora de que cambies de amigos. Nunca bebí y nunca me vieron como un bicho raro, pero es verdad que mis amigos tampoco son de hacer botellón y beben lo normal, nunca los vi borrachuzos.
Me alegro que estés ya casi bien, Jesús.

Jesús Miramón dijo...

Hola, Laura, totalmente de acuerdo contigo, nadie que te excluye puede ser tu amigo, es imposible, excluir (porque no bebes, por tu tendencia sexual, por tu aspecto físico, por tu equipo de fútbol, por lo que sea) es precisamente todo lo contrario de querer, y la amistad es querer, es afecto.

Ah, y gracias, la verdad es que me encuentro muy bien. Y bienvenida por segunda vez.

Teresa, la de la ventana dijo...

Nunca he tenido mucha suerte con los amigos, Jesús. Precisamente por eso, porque en cuanto veía que para encajar tenía que hacer el imbécil o adoptar actitudes que no iban conmigo, no entraba por el aro.

Jesús Miramón dijo...

Uno ha de seguir su camino. Si para tener amigos ha de ser otra persona está engañando a esos inexistentes amigos y, sobre todo, se está engañando a sí mismo.

Yo nunca he tenido muchos amigos, más bien siempre he tenido pocos. Eso sí, de lo que me he dado cuenta, sobre todo cuando vine a vivir a Binéfar, es de que nunca nunca es demasiado tarde para conocer nuevas personas afines y generosas. Sucede aquí en internet y también en la calle (o en el trabajo, o en un coro). Un beso, Teresa.

Elvira dijo...

Ciertas situaciones difíciles (pérdida de trabajo, problemas de salud, separación matrimonial) hacen que muchos supuestos amigos te dejen de lado. Las dificultades son como un suero de la verdad para la amistad, pero es triste el chasco que te llevas, aunque sea mejor saber quién es quién, desde luego.

Yo, más que desconfiar de los que no tienen ningún vicio, desconfío de los que no muestran ningún defecto. Con esas fachadas supuestamente perfectas siempre pienso que esconden cosas peores que quienes se muestran tal cual, políticamente incorrectos algunas veces.

¡Viva la amistad de la buena!!!