jueves, 4 de agosto de 2011

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Los frutales están tan cargados que parecerían árboles de navidad si no fuese porque la temperatura es de treinta y cinco grados y el sudor empapa mi nuca. Al lado de los campos de peras y nectarinas y junto a los maizales regados por altos aspersores automáticos todo está seco y polvoriento, sólo un paso separa el vergel del desierto, compuesto aquí de formaciones de piedra arenisca, caminos blancos y praderas libres donde crecen el tomillo, la grama y el romero. A lo lejos veo una chopera que brilla al sol. La conozco bien y sé que está mucho más lejos de lo que parece. Allí se estará fresco, hay una acequia que corre muy cerca. Un ave rapaz vuela silenciosamente sobre el lugar donde estoy. No hay una sola nube en el cielo.

5 comentarios:

Victoria dijo...

Magníficas vistas. Desde mi ventana veo los cipreses del cementerio. Nada comparable.

Jesús Miramón dijo...

A mí siempre me han gustado mucho los cipreses de los cementerios.

Paco Principiante dijo...

A mi también me parecen árboles muy señoriales.
De todas formas Jesús, no se de que se queja Victoria, con esas vistas al futuro que tiene.

Jesús Miramón dijo...

¡Anda, eso es verdad!

Victoria dijo...

jajaja, no me quejo. Al salir de mi casa te das de bruces con una señal con una enorme flecha que dice: Cementerio San... hace falta estar "muerto" para no verlo!!!Al principio daba algo de yuyu pero a todo se acostumbra uno y ahora me molesta más la sañalización que el propio cementerio.