sábado, 13 de agosto de 2011

225

Estaba preparando la comida cuando escuché el arpegio del afilador. Me asomé al balcón y lo vi allí, en medio de la calle desierta bajo un sol de justicia, soplando su flauta de Pan.

9 comentarios:

Elvira dijo...

Lo estoy viendo y oyendo. :-)

romi dijo...

Suerte que tienes. por aquí, -Mallorca- el afilador viene en una furgo y la "música" sale de los altavoces, metálica y gritona :(

Jesús Miramón dijo...

Hacía mucho tiempo que no escuchaba esa música. Durante el rato que estuvo en mi calle no vi que nadie solicitara sus servicios, pero el hombre seguía soplando como si nada, aparentemente inmune a todo: al calor extremo y al fracaso empresarial.

:-)

Jesús Miramón dijo...

Hola, romi, bienvenida a mi blog. El afilador de ayer llevaba una bicicleta con un pequeño motor en la rueda de atrás. Fue como viajar en el tiempo hacia los años de mi infancia.

Ángela dijo...

Precisamente esta mañana hemos estado hablando del afilador. Mi marido me contaba que un señor de aquí compraba cuchillos nuevos cada dos años porque no sabía adónde llevarlos a afilar. Pura pereza, porque hay afiladores, aunque no de los de la bicicleta y la flauta.
Le contaba yo a mi marido que cuando yo era pequeña, en Madrid, todos los afiladores eran asturianos, no sé si seguirá siendo así. Allí en Madrid sigue habiendo afiladores con bicicleta y flauta, por lo menos en Moratalaz los hay.

Jesús Miramón dijo...

¿Asturianos? Qué curioso. El que vi ayer tenía aspecto extranjero, tal vez rumano, y vestía ropas oscuras.

romi dijo...

Gracias Jesús, en realidad hace tiempo que me paso pero soy de las "mironas"; ya sé que está mal...
Saludo,

NáN dijo...

En Madrid hay una asociación de afiladores profesionales. La dirige un vecino polaco de mi barrio que tiene un puesto en un mercado y, admás, ha montado una editorial para dar a conocer Madrid a los polacos y biografías de polcacos de los campos de concentración de Hitlert a los españoles.

Un tipo rarao, raro, raro.

Jesús Miramón dijo...

Sí que es raro, sí. La próxima vez que le veas pregúntale si sabe, dado su cargo, por qué los clásicos afiladores españoles soplan flautas de Pan y no armónicas o flautas dulces o pitos de árbitro.