domingo, 14 de agosto de 2011

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Cada día la luz comienza a menguar un poco más pronto, algo que a partir de ahora, a mediados de agosto, se acelerará inevitablemente hacia las largas noches del otoño y el invierno. Sí, ya lo sé, son cosas que suceden cada año, no son ninguna sorpresa, ¿por qué deberíamos asombrarnos de algo que siempre se repite? Pero yo tengo una pequeña y sencilla respuesta a esa pregunta: porque para cada uno de nosotros sólo se repetirá un número limitado de veces. A los mortales nada debería dejar de sorprendernos.

6 comentarios:

Epolenep dijo...

qué maravilla...

Teresa, la de la ventana dijo...

Es exactamente eso.

Qué sabio eres, Jesús.

Jesús Miramón dijo...

Bienvenida a las cinco estaciones, Epolenep :-)

Jesús Miramón dijo...

¡Teresa, pero si el cien por cien de las cosas que escribo las sabemos todos! Lo que sí me reconozco es la desfachatez de publicarlas.

A filla do mar dijo...

Hace unas semanas, mientras viajaba en coche me sorprendí, como tú, al ver menguar el día.

Por primera vez en mi vida (o al menos, que yo recuerde) deseé que no llegase el otoño y pensé en la posibilidad de envejecer en el Mediterraneo, viendo el sol.

Jesús Miramón dijo...

Lo ideal para mí sería el mediterráneo en invierno y el cantábrico (o el atlántico) en verano.

(Hoy aquí, al otro lado del cristal y el aire acondicionado, 35 o 36 grados. No es extraño que no se vea un alma por la calle... )