viernes, 19 de agosto de 2011

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Mientras la persona a la que acabo de atender se levanta y dos hombres se acercan a mi mesa bebo un poco de agua. Son las doce y media y fuera hace mucho calor. Los dos hombres se sientan y uno de ellos, mirando el botellín, dice: «Nosotros no podemos». Por un momento me quedo sin saber qué decir, sorprendido por su comentario, hasta que caigo en la cuenta: «¿Todavía está en vigor el Ramadán?». «Oh, sí, termina el treinta de agosto, falta mucho todavía». «¿Y no podéis beber agua incluso con las temperaturas tan altas de estos días?». «No, sólo los niños, los viejos y los enfermos». Pensando en la pulga de salchichón que me he comido hace un rato les digo: «Tenéis un dios muy exigente». Los dos hombres me observan durante unos segundos, tal vez tratando de dilucidar si estoy cometiendo algún tipo de herejía, hasta que el más hablador dice afirmando con la cabeza: «Eso es verdad».

4 comentarios:

Teresa, la de la ventana dijo...

Qué bien lo cuentas, Jesús.

Luis Rivera dijo...

Y es bien cierto, aunque me paro a pensar que también nuestro no dios es igual de exigente, puntilloso y memorioso. ¡Ah, la comnciencia!

Jesús Miramón dijo...

Y qué bien que te guste.

Jesús Miramón dijo...

Qué alegría volver a verte por aquí, Luis. Un abrazo.