domingo, 28 de agosto de 2011

240

1.

Sueño con encierros de toros en una casa de pasillos largos, los espectadores asomados a las habitaciones. Los animales, inmensos entre las paredes estrechas, vienen y van galopando con un estrépito ensordecedor. Cuando llegan a mi altura cierro la puerta apoyando mi cuerpo contra ella, aterrorizado ante la posibilidad de que alguno de ellos entre en mi habitación, de la que no puedo escapar.

2.

De pronto estoy en una casa de campo muy grande, una hacienda rodeada de bosques y prados, en uno de los cuales se celebra una ceremonia de boda. Pero un momento... ¡Esa boda es la mía! ¡Me estoy casando con una mujer desconocida aparentemente mucho más mayor que yo! Cuando me apresuro a explicarle en voz alta que todo esto es un error, que ya estoy casado e incluso tengo dos hijos, descubro que ningún sonido sale de mis cuerdas vocales. La mujer vuelve su rostro hacia mí y me doy cuenta de que no me resulta tan extraña como pensé en un primer instante, de algún modo sus rasgos reúnen los de varias mujeres que conozco, un poco de cada una de ellas. Me sonríe. Me doy ligeramente la vuelta y veo a un montón de gente observándonos desde las filas de sillas de tijera. Me saludan con familiaridad moviendo las manos, me alientan a seguir adelante. Más allá, bajo unos toldos de lona, hay varias mesas largas donde se desarrollará el banquete. Vuelvo a mirar a la mujer, que continúa sonriéndome, y dudo.

2 comentarios:

NáN dijo...

Intentas borrar de tu mente algo que te resulta inescapable. Y si la mente lo quiere así, es porque puedes y debes escapar.

(digo yo)

Jesús Miramón dijo...

Sólo son sueños y para escapar basta con despertar.