martes, 6 de septiembre de 2011

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Después de las fiestas de Barbastro llegan las de Binéfar la semana que viene, de hecho ya se han instalado banderas en las farolas y fachadas. A mí no me gustan las fiestas, no me gustan nada. No me gustan las multitudes, no me gustan las ferietas, no me gustan los desfiles de carrozas, no me gusta la música de las orquestas de verbena, no me gusta la música de Sergio Dalma, el plato fuerte de este año; no me gusta bailar, no me gustan las terrazas atestadas de clientes, no me gusta el timo de la estampita y, en fin, que no, que no me gustan nada las fiestas. Pero vivo en sociedad y, como suele decirse, mientras tenga hijos menores y no pueda largarme de aquí en esas fechas, como hacen algunos afortunados entre mis conciudadanos, no me queda otra opción que sobrevivir al atentado sonoro de los bocinazos y la música estridente de las ferietas sonando hasta el amanecer a pocos metros de mi casa, supervivencia de cierto mérito teniendo en cuenta que trabajo en Barbastro y madrugo cada día. Ay, las fiestas de Binéfar todavía no han comenzado y ya me están afectando. La culpa es de la persistente memoria.

4 comentarios:

Ángela dijo...

Je, je, eres poco previsor, Jesús, tendrías que haberte pedido vacaciones para estos días, así podrías disfrutar de las fiestas con tus hijos, en lugar de estar refunfuñando porque tienes que madrugar sin haber dormido. Si no puedes con ellos, únete a ellos. Vete a la plaza a bailar y saltar, y cuando acabe la música, a las tres, te vas a la cama. O sigues la fiesta con los de las peñas, hombre.
Ji, ji.

Jesús Miramón dijo...

Ángela, mi fama de cascarrabias respecto al tema de las fiestas patronales es casi un clásico en Las cinco estaciones y mis blogs anteriores. Una fama merecido, debo añadir.

:-)

Ángela dijo...

Lo sé, lo sé, ya leí las entradas de los años anteriores. Por eso precisamente me regodeaba yo más en el asunto.

Jesús Miramón dijo...

Así que te regodeabas, ¿eh?

Grrrrrrr...