domingo, 11 de septiembre de 2011

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Soy un comerciante egipcio en la época de Ramsés II, soy campesino durante la guerra de los cien años, soy un taxista de Nueva York el once de septiembre de dos mil uno. Los imperios, como nosotros, aparecen y se desvanecen. Lo único que permanece es nuestra condición.

9 comentarios:

Portorosa dijo...

Nada, que te ha dado por la reencarnación, a estas alturas...

Debe de ser el calor.

NáN dijo...

Y nuestra condición no es más que un conjunto de hábitos, que vamos acumulando como cascarrabias.

Miguel Baquero dijo...

Si por algo me gustan a mí los libros es que, cuando uno te engancha, durante unos días puedes ser cualquiera de esas cosas

Jesús Miramón dijo...

Es que hace mucho calor, Porto. No pensaba en la reencarnación cuando escribí el texto de anoche -ni tampoco el del viernes- pero, ya que lo mencionas, ¡ojalá me reencarnase en lapón!

Jesús Miramón dijo...

Nán, eso de cascarrabias no lo dirás por mí, ¿verdad? Por cierto, ya han instalado las ferias de las fiestas. Creo que comienzan a funcionar mañana. Ay, qué noches me esperan.

Jesús Miramón dijo...

Los libros y las películas. Yo ya no recuerdo cuándo me enganchó una novela pero de vez en cuando miro películas que sí lo hacen. Cuánto echo de menos la voracidad lectora de mi adolescencia y primera juventud, aquella época en la que era capaz de leer uno e incluso dos libros en un solo día.

Portorosa dijo...

A mí alguna vez aún me pasa, y creo que no tiene tanto que ver con nuestra edad como con el tipo de lectura: no sé si dice gran cosa de mí, pero cuando he vuelto a leer novelas "sin más" (me pasó con "Miguel Strogoff", pero también con las de Larson), me he vuelto a enganchar.

¿Será que tengo unas pretensiones intelectuales poco acordes con mi verdadero yo...?

Portorosa dijo...

¿Que estoy leyendo por encima de mis posibilidades, vamos?

NáN dijo...

Iba por mí, jovenzuelo. Pero no te preocupes, que ya te tocará-