jueves, 15 de septiembre de 2011

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La joven alta y muy delgada y la mujer pequeña y rellenita vienen hacia mí. La adolescente, ahora me doy cuenta de que lo es, viste una camiseta de verano y unos pantalones cortos; la señora mayor lleva un vestido oscuro de aspecto vagamente folclórico rodeado de diminutos volantes. Se sientan al otro lado de mi mesa de trabajo y la chica me explica que su abuela, que yo tomaba por su madre, ha dejado de trabajar como empleada de hogar y viene a darse de baja. Mirando a la señora, una mujer de unos cincuenta y tantos años de bellos rasgos indígenas y cabello casi azul de tan negro, le pregunto con qué fecha finalizó su contrato y ella me dice, con un acento musical y sibilante, que hablo demasiado deprisa y no puede comprenderme, que pronuncie más despacio, por favor, algo que, por supuesto, hago encantado. Poco a poco nos vamos entendiendo y las cosas se resuelven. Cuando estamos cerca del final del trámite administrativo le pregunto si su idioma es el quechua. Se le iluminan los ojos y me pregunta: ¿Usted habla quechua? Oh, no, no lo hablo, ojalá supiera pero no. Ella me mira seria y dice: Pero usted lo conoce. Claro, le contesto, su idioma es muy antiguo, se hablaba antes de que los españoles llegaran a América, todo el mundo lo conoce. La señora sonríe por primera vez elevando sus pómulos casi asiáticos de miles de años de antigüedad. Le pido que firme unos documentos y cuando se están levantando para irse le pregunto a la nieta adolescente, quien durante todo este tiempo no ha dejado de teclear en su teléfono móvil, si ella habla quechua. Me dice que no, que lo entiende pero no lo habla. Hay otras personas esperando ser atendidas y la abuela, mirando rápidamente hacia ellas y hacia mí, dice Gracias, dice Adiós, y se van.

5 comentarios:

Teresa, la de la ventana dijo...

Ya echaba de menos uno de estos posts "laborales", como yo los llamo. Creo que son los que más dan la medida de lo buena persona que eres, Jesús. Otros pueden demostrar que eres culto, inquieto intelectualmente, buen padre... Mil cosas. Pero éstos son especiales. Al menos, para mí.

Portorosa dijo...

Seguramente pusiste en su día un momento de alegría. Y eso está muy bien.

Elvira dijo...

Muy de acuerdo con los dos comentarios anteriores. Un beso

Jesús Miramón dijo...

Entre otros motivos mi trabajo me gusta porque me permite echar un pequeño vistazo a nuestra especie.

Teresa. Porto, Elvira, besos y abrazos.

Jesús Miramón dijo...

Y hoy añado: porque mi propia especie, nuestra propia especie, yo, vosotros, me apasiona. Siento una gran admiración y respeto hacia las personas comunes, las personas normales y corrientes que hacen de este mundo un lugar un poco más hospitalario.