sábado, 17 de septiembre de 2011

260

Días de horarios cambiados por las fiestas. Uno viene a las cinco de la madrugada, otra llega a las siete y yo me acuesto a las dos para levantarme poco antes de las ocho de la mañana con los nervios a flor de piel por culpa de la música máquina que a semejantes horas todavía suena en la carpa de las peñas. Durante el desayuno pongo en el pequeño equipo de música de la cocina las partitas de Bach interpretadas por Glenn Gould. Poco a poco, nota a nota, siento cómo mis oídos y mi cerebro se desintoxican.

4 comentarios:

NáN dijo...

Para regresar a lo natural de uno mismo, en este mundo hemos de recurrir a métodos artificiales.

Jesús Miramón dijo...

Creo que soy una persona más paciente de lo que a veces pudiera parecer pero, entre las pocas cosas que no soporto (la falacia es una de ellas), está la música máquina, aquel chunda chunda chunda chunda chunda chunda que es a la música lo mismo que una flema de mocos a la gastronomía.

Tere dijo...

Hola amigo:¡ Cómo me alegra que en medio de esta ignoracia musical que hay en este pueblo, haya alguien que disfruta escuchando a Bach y nada menos que a cargo de Glenn Gould. De genio que era, se pasó de vueltas. Para mi es una alegría poder hablar con alguien de eventos que voy a vivir d.m. en Noviembre viendo a Hannoncourt!!! con la Berliner Filarmónica en Berlín. Ya te contaré. Para mi es un honor poder comentar estas cosas con alguien , dada la cultura musical que posees y sobre todo la sensibilidad para apreciar lo bello y lo que vale la pena. Ya te contaré con detalle cosas y entresijos de la que dicen,,una de las mejores orquestas del mundo, allí está un buen amigo de Teresa, un genio de la viola, por eso está ahí y una persona sencilla, buena gente.
Es tocar el cielo escuchar en directo la Berliner.
Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

¡Qué envidia, Tere! ¡Poder asistir en directo a un concierto de Harnoncourt, y con la Filarmónica de Berlín!

Un beso, querida directora.