jueves, 22 de septiembre de 2011

265

El agua corriendo en las duchas, las primeras noticias del día en la radio de la cocina, el clink del microondas, los trinos de los pájaros en la calle, las campanadas de la iglesia sonando volátiles, etéreas en la atmósfera pura de este nuevo comienzo de todo.

8 comentarios:

Aroa dijo...

Esta casa suena igual.
Bajo esa luz naranja de despertarse en otoño.

Jesús Miramón dijo...

Las casas al comienzo del día siempre me recuerdan a barcos que levantan anclas, a camerinos antes de la actuación.

NáN dijo...

Poema "Ayer", de Ángel González. Empieza con unos versos sobre el terrible ayer, por eso el final glorioso impresiona.

"Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la trsiteza invadió los corazones

...

dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra."

A veces, Jesús, tengo la sensación de que nos vas dejando huella, señal y prenda de ese día incomparable que ninguno volveremos a ver jamás.

Elvira dijo...

Magnífico, Jesús. Es un placer visitar tus Cinco Estaciones a diario.

Por cierto, quedan 100 días de año.

Un beso

Miguel Baquero dijo...

Eso de oír pájaros cuando te levantas... yo sólo oigo el sonido de la gente, que a esa hora en mi bloque suele levantarse casi al unísono, tirando de la cadena

Jesús Miramón dijo...

Nán, dices "huella, señal y prenda" y me gusta mucho, suena casi a juego de niños (ya sabemos que los juegos de niños contienen toda la seriedad y la tragedia del mundo).

Qué potentes los últimos versos de Valente. De tu blog copié otros que tú mismo dejaste allí, de Zbigniew Herbert en este caso, aquellos que dicen:

No has sido salvado para vivir,
poco tiempo te queda,
da tu testimonio.

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Elvira. ¡Cien días para el final de este año dos mil once, no me había dado cuenta! Comienzo a pensar que lograré cumplir mi propósito de anotar algo cada día, este proyecto absurdo titulado "365" lleno de autoimpuestas reglas invisibles. Un beso.

Jesús Miramón dijo...

Bueno, Miguel, alguna ventaja tenía que tener vivir en un pueblo, aunque me cuesta creer que en Madrid no se escuchen pájaros en las copas de los arboles de las calles y avenidas...


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Ah, y lee "Las correciones" de Franzen, por favor. En su "otro blog" Nán escribió mucho sobre ella y sobre la tremenda aventura de la traducción de Ramón Buenaventura. Al menos lee las cinco primeras páginas en alguna biblioteca para saber si te gusta. Yo cuando lo leí hace ya algunos años (he ido a buscarlo y lo compré en 2002) me pasé un año recomendándosela a todo el mundo como un pesado, pero es que me deslumbró. Y ya no te insistiré más, lo prometo.