sábado, 24 de septiembre de 2011

267

Entre mi corazón y el satélite muerto que atraviesa la atmósfera ardiendo y descomponiéndose en pedazos que se precipitan en caída libre hacia la tierra hay carreteras, el bar de un hospital después del nacimiento de mi hija, la sólida fuerza de mi padre levantándonos a mi hermano y a mí en el aire, cada uno en una mano; el regazo de mi madre; la llegada a una ciudad desconocida al amanecer después de un largo viaje en tren, la sorprendente llamada telefónica anunciándome que había ganado un premio literario, aquella joven cigüeña deambulando sin rumbo por el aparcamiento de un supermercado tras caer desde su nido en una torre de alta tensión, los reflejos irisados en el agua de los puertos marinos, los caballos salvajes de los puertos de montaña, las aceras de Zaragoza cuajadas de chicles secos, aquel aterrizaje de infarto en Stansted, el río donde jugaba a nadar apoyando mis brazadas en las piedras del fondo.

6 comentarios:

José Luis Ríos Gabás dijo...

Escribes, y vives, con todo "eso" latente, y se nota.

Un abrazo, Jesús

Jesús Miramón dijo...

A veces pienso que me gustaría poder registrar todas las cosas que me han pasado, que he sentido, que he visto, todos los recuerdos, las imágenes, una detrás de otra página tras página tras página...

Teresa, la de la ventana dijo...

Eso vas haciendo aquí, Jesús, en realidad no has hecho otra cosa en tus cuadernos. Y es maravilloso ser testigo de todo ello. Y un privilegio.

Jesús Miramón dijo...

El privilegio es poder compartirlo con vosotros.

Portorosa dijo...

Maravilloso, once again.

Jesús Miramón dijo...

Gracias, Porto.