lunes, 3 de octubre de 2011

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Tras una noche terrible con las tripas revueltas me he levantado con un humor de perros. Y eso que hoy tenía el día libre y me he quedado en casa, pero las visitas urgentes al cuarto de baño no me han ayudado ni a descansar ni a mejorar mi carácter. Me molesta mucho estar enfadado, me duele sobre todo que lo paguen injustamente quienes están a mi alrededor, algo que a menudo no soy capaz de evitar.

A estas horas entra en la sala de la buhardilla la cálida luz de color miel de estas últimas tardes. Pronto el sol comenzará a amanecer en otro sitio. Un día termina, un día único, un día irrepetible en la historia del mundo termina y yo, como un inconsciente, lo he echado a perder con mi mal humor y mis malas caras. Creo que es hora de bajar las escaleras y pedir perdón.

9 comentarios:

Elvira dijo...

Y eso te honra. ¿Quién no tiene un día malo?

Jesús Miramón dijo...

Informo de que fui perdonado (y besado).

Es verdad: un día malo lo tiene cualquiera (aunque tendríais que conocer los míos... Bueno, no, casi mejor que no).

Un beso, Elvira.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Somos humanos, o sea, con muchos defectos y virtudes.

Un abrazo, octubre ya.

Diva Gando dijo...

Y lo bien que se queda uno???

Jesús Miramón dijo...

Octubre ya, José Luis, aunque nadie lo diría. Un abrazo.

Jesús Miramón dijo...

Uf, Diva, yo me quedo mal...

Portorosa dijo...

Te voy a prohibir incluir la palabra tripa, o tripas, en cualquier post...

:)

Jesús Miramón dijo...

¿Pero qué te ha hecho esa humilde y popular expresión para que le tengas manía?

:-)

Portorosa dijo...

Pues que inevitablemente irrumpe en medio de todo el lirismo y lo rompe :)

Iba a decir lo ensucia, pero entonces caería en eso mismo :DDDD