jueves, 6 de octubre de 2011

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Tarde de visitas médicas en Lérida para mi hijo y para mí. Dentista y ecografía para él, otorrinolaringólogo para mí. Tres salas de espera, todas iguales salvo la de mi otorrino, donde junto a las revistas del corazón también hay ejemplares de Qué leer. Tres recepcionistas, todas ellas con el día antipático. Mucho calor en la ciudad, que recorremos caminando tras haber encontrado un buen aparcamiento cerca del dentista. Para llegar puntuales a la última cita paramos un taxi. El conductor nos pregunta de dónde somos y nos informa de que él es de Graus. Al saber que tengo un poco de prisa pisa el acelerador sin pensárselo dos veces. Durante los ocho minutos que dura la carrera contemplo las calles de Lérida desde el asiento de atrás, un punto de vista que había olvidado y convierte a la ciudad en un escenario cinematográfico. Finalmente recuperamos la querida Picasso y regresamos a Binéfar cuando ya es de noche, rendidos. Antes de cenar vengo aquí a dibujar un bosquejo de todo ello. Cuatro notas. Un plano.

4 comentarios:

José Luis Ríos Gabás dijo...

No sé si será porque conozco Lérida, o porque lo que cuentas es bastante común, a mí me gusta esta especie de inventario de lo que sucedió, y tiene un principio y un final, y suceden cosas.
La mayor parte de los días me parece que no nos suceden cosas extraordinarias, pero si lo cuentas bien, si le aplicas la mirada adecuada, sí. Simplemente el hecho de contarlo hace que todo se ordene de manera lógica.
Que me ha gustado, vaya.

Un abrazo

Jesús Miramón dijo...

Un abrazo, José Luis. ¿El fin de semana que viene te iría bien una copa? Hablamos. Otro abrazo.

NáN dijo...

Los sucesos importan mucho. Fijarse en ellos, dice mucho de una persona.

El laringólogo, ¿qué te dijo?

Esta mañana he dado nivel de seguridad en la prueba del sintrom, y me han quitado el pinchazo de eparina. He pedido el alta y paso al paro (tengo que arreglar los papelotes), uno más, hasta el día que me jubile.

Estoy contento de poder estar tranquilo y no pincharme.

Jesús Miramón dijo...

El otorrino me dijo que todo está bien, lo cual me puso muy contento.

Cuídate mucho, Nán. Si algún día tienes alguna duda sobre tu jubilación puedes llamarme, ¿eh? Ese es mi trabajo, ya lo sabes, y estaría encantado de poder ayudarte.

Un abrazo.